
Tan viejo que José Martí lo analizó muy en serio hace más de un siglo y hace día, en la clausura del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba, Raúl Castro lo puso en claro de manera simple, gráfica y genial.
Hablamos del cacareado sonsonete de Washington sobre la imperiosa necesidad de que Cuba sea democrática y deseche el modelo de un partido único. El presidente Obama, en su discurso en el Teatro Alicia Alonso que toda Cuba vio por la televisión, abogó, entre otras argucias, sobre que había que olvidar el pasado. Pero olvidar es borrón y cuenta nueva. Y él no quiere cuenta nueva. Quiere la vieja. La misma que tenía Cuba antes de la Revolución, cuando existían varios partidos políticos y había elecciones cada cuatro años, como en los Estados Unidos.
Un proceso electoral del que Martí, asqueado, definió de manera clara: “Es recia y nauseabunda una campaña presidencial en los Estados Unidos,” y puntualizó: “Una vez nombrados en la Convenciones los candidatos, el cieno sube hasta los arzones de las sillas. Las barbas blancas de los diarios olvidan el pudor de la vejez. Se vuelcan cubas de lodo sobre las cabezas. Se miente y exagera a sabiendas. Se dan tajo por el vientre y por la espalda. Se creen legítimas todas las infamias. Todo golpe es bueno, con tal que aturda al enemigo. El que inventa una villanía eficaz se pavonea orgulloso. Se juzgan dispensados, aun los hombres más eminentes, de los deberes del honor. (…) Un observador de buena fe no sabe cómo analizar una batalla en que todos creen lícito campear de mala fe. De plano niega un diario lo que de plano afirma el otro.”
¿Algo nuevo qué agregar? Parecería que Martí reseña la actual contienda electoral del 2016 por la presidencia de los Estados Unidos, aunque lo dijo hace más de ciento treinta años, en la década de los ochenta del siglo antepasado. Poco o nada han evolucionado positivamente los justos y democráticos Estados Unidos cada cuatro años, y Washington desea que Cuba vuelva a copiar lo que ya una vez copió.
Pero ya lo dice el título de esta crónica: Raúl le puso la tapa al pomo. En su discurso ante casi mil delegados comunistas y que todo el pueblo presenció por radio y televisión, hizo la anécdota de una entrevista que recientemente sostuvo con un influyente estadounidense cuando éste le señaló como algo no apropiado, por no democrático, la existencia de un solo Partido en la Isla.
La respuesta de Raúl fue certera, muy cubana, hasta jodedora. Le dijo que, efectivamente, Cuba tenían un solo Partido, igual que los Estados Unidos. El otro dijo que no, que allá eran dos. Y como si Raúl desconociera sus nombres le aclaró que eran el Partido Demócrata y el Partido Republicano.
Claro, lo mismo que si aquí Fidel tuviera un Partido y yo el otro, le aclaró Raúl de manera rotunda.
Les habló, para Radio Miami, ahora solo por Internet, Nicolás Pérez Delgado.