Cubanos que viven en el exilio se manifiestan en contra de la visita del presidente estadounidense Barack Obama a Cuba en el barrio de la Pequeña Habana en Miami, Florida, Estados Unidos hoy 21 de marzo de 2016. EFE
Desde hace casi 62 años la derecha anticubana de Miami ha estado vaticinando el fin de la Revolución Cubana a muy corto plazo. Para ella la Revolución ha tenido siempre los días contados. Pero entra el año y sale el año y no se cansa de contar el mismo cuento, mientras siguen siendo incontables los supuestos días contados de la Revolución. Ya la cuenta va por más de 22,000 desde el primero de enero de 1959, unos cuantos miles más desde el 26 de julio de 1953 y, si tenemos en cuenta el bajísimo nivel político, moral e intelectual de los dirigentes y voceros tanto de los odiadores vocingleros de Miami como de los grupúsculos mercenarios de la Isla, podemos asegurar que los “días contados” de la Revolución sobrepasarán los seis dígitos.
Pero ¿y cuántos días les quedan a los trumpicubanos de Miami? Creo que éstos sí tienen los días contados, pues pusieron todos sus huevos en la misma canasta, la canasta de Trump, y todo parece indicar que el próximo 3 de noviembre se van a quedar sin posturas de gallina.
Cuatro son los posibles escenarios que se vislumbran (siempre que no suceda algún acontecimiento armagedónico como una guerra civil, un golpe de estado, o grandes cataclismos naturales) que dependen de las variantes que resultan de quien es electo presidente y de quien gana o pierde la Florida.
Obviamente, tres de los cuatro escenarios posibles serían catastróficos para los trumpicubanos, pues lo único que tienen para negociar con Trump es una victoria en la Florida, y esta victoria tendría que combinarse con la de Trump en la presidencia. Hasta el momento las encuestas muestran a Biden muy por delante de Trump en la Florida, y es muy, pero muy difícil, que pueda ser reelecto un presidente con 300,000 muertos sobre sus espaldas.
Sin embargo, supongamos que ocurra el milagro y Trump gane al mismo tiempo la Florida y la presidencia, que sería el único escenario de salvación para los trumpicubanos. ¡Gran fiesta en Miami! ¡Gran alboroto en La Pequeña Habana, Hialeah y la Sagüesera!. ¡Mueran los demócratas, los progresistas, los comunistas, los socialistas, los castristas, los chavistas, los sandinistas y que viva Trump!. Pero, aún así, el triunfo estaría condicionado a la obtención de un control mayoritario en el Congreso, sin lo cual el presidente estaría parcial o totalmente atado, en dependencia de si pierde una o las dos cámaras.
Supongamos que el milagro sea aún mayor y Trump gane no solo la Florida y la presidencia sino también ambas cámaras del Congreso. ¡Delirium tremens en Miami! ¡A la hoguera los liberales que quieren destruir a este gran país! ¡A pasarle la cuenta a los que no votaron por Trump!.
Pero, con el transcurrir de los días, los trumpicubanos irán constatando que la situación ha cambiado y ya Trump no necesita ni de los votos ni de las trampas de Miami; los trumpicubanos no tendrían nada que ofrecer (nunca tuvieron nada que ofrecer en realidad) y es muy probable por tanto que queden fuera de las nóminas federales. ¿Por qué pagar a quien dió ya todo lo que podía dar y ya no le sirve a Trump para nada? ¿Por qué cumplir promesas electorales a perdedores? ¿Acaso no son inmigrantes hispanos tan indeseables como los demás? ¿Por qué subordinar los grandes intereses estratégicos de Estados Unidos a un puñado de cretinos?.
“El traidor no es menester siendo la traición pasada” reza el Romancero español.
¿Quién tiene los días contados?.
