Traducido desde el más allá por Max Lesnik
Las rayas negras en la piel de los tigres salvajes dan un aspecto más fiero aún a estos depredadores de las junglas cuando caen con su fuerza más sobre animales más débiles que habitan allí pacíficamente, sin daño para nadie, en tierras y selvas del continente africano.
El tigre feroz y salvaje, con sus rayas negras de maldad, debiera ser el símbolo imperial de Estados Unidos porque cada una de esas rayas del tigre representa una agresión militar injusta contra otros pueblos del mundo.
La lista de guerras invasoras por parte de Estados Unidos es larga a través de la historia. Desde la invasión a las tierras feraces de las tribus aborígenes- los llamados “Pieles Rojas” víctimas de exterminio genocida – pasando después a los territorios robados a México con guerras tramposas, como las intervenciones militares en Cuba-la más bochornosa Playa Girón-, invadiendo también a Haití, Nicaragua, República Dominicana, Panamá y otras naciones hermanas de nuestro continente, hasta llegar a Vietnam y la más reciente invasión a Irak, con el pretexto falso de las armas de ”destrucción masiva” que nunca existieron y que costaron la vida a miles y miles de civiles iraquíes que vieron indefensos, antes de morir , las rayas asesinas del tigre Yanqui invasor.
Solo cuatro guerras, la de la independencia norteamericana, la del Norte contra el Sur que diera la libertad a los esclavos, la Primera y la Segunda Guerra Mundial, honran la historia militar de Estados Unidos. Todas las demás que suman docenas, ha sido guerras de rapiña y agresión imperial que nada tienen de honorables para la nación norteamericana. Una total deshonra
Ahora parece ser Venezuela la próxima víctima del tigre rayado imperial, contando para ello con la cobarde complicidad de otros gobiernos títeres del mal llamado “mundo libre” que siguen al pie de la letra los dictados de Washington..
Si de las palabras y amenazas se pasa a los hechos, Estados Unidos caerá sobre Venezuela “con toda esa fuerza más”, para expresarlo con palabras de Martí en su carta-testamento del 17 de mayo de 1895 dos días antes de su sacrificio en Dos Ríos. La suerte está echada.
Hoy habría que decir: “Que importa al tigre una raya más.”
Y hasta la próxima entrega de El Duende que con mi gallo me voy cantando a mi tumba fría. Bambarambay.











