A través de la historia del continente americano, se han utilizado diversos mitos y teorías pseudocientíficas para justificar la opresión, las masacres y el robo de las tierras ancestrales de los pueblos indígenas. Estas elucubraciones míticas intentaban aplacar las conciencias y presentar al mundo una imagen más amable del genocidio. Los mitos han cambiado con el tiempo, pero la “limpieza” étnica que tuvo lugar entre los siglos XVI y XX continúa en el siglo XXI. Desde los esquimales en el Ártico hasta los mapuches en la Patagonia, ningún pueblo originario ha podido librarse de la opresión y el exterminio.
En Estados Unidos, los nativos son la etnia con la tasa de pobreza más alta y los que sufren con mayor intensidad la marginación estructural. Más de cien mil familias carecen de hogar y el resto vive en su mayoría en viviendas en mal estado, superpobladas y donde menos del 50 % de ellas está conectado a un sistema público de alcantarillado. La tasa de mortalidad infantil es un 60 % más alta que el de la población blanca, y la tasa de suicidio es un 82 % mayor. Creo que estos datos, tomados del censo, bastan para que el lector tenga una idea clara del estado de miseria y abandono de los 5.2 millones de nativos estadounidenses que han logrado sobrevivir a cinco ciclos de exterminio.
Se podría pensar que el robo de las tierras ancestrales a las tribus indias norteamericanas es algo del pasado, que lamentablemente ocurrió principalmente durante la etapa expansionista de los Estados Unidos, y que confinó a los restos de población indígena en minúsculas reservaciones incapaces de ofrecer el necesario espacio vital. No es así, el despojo de sus tierras no ha cesado nunca, continúa actualmente. Si la intensidad del robo es ahora menor se debe solamente a que ya no quedan prácticamente tierras por robar.
El ejemplo de mayor actualidad es el de la tribu Mashpee Wampanoag (Pueblo de la Luz Primera), la misma tribu que recibió a los peregrinos del Mayflower y compartió con ellos su alimento en 1621. Se calcula que han habitado la región donde viven en Massachusetts durante más de 12,000 años. En estos días, bajo la administración de Donald Trump, la tribu Mashpee Wampanoag corre el riesgo de perder lo poquísimo que resta (130 hectáreas) 
De “golpe a traición (“sucker punch”) en medio de la pandemia”, calificaron la decisión los líderes tribales. Pero no es solo en Massachusetts donde en estos momentos se despoja a los indios de la soberanía de sus tierras. Algo semejante ocurre en Santa Ynez de California con la tribu Chumash y en otros lugares de Estados Unidos. La brutal represión contra los afroamericanos y contra los inmigrantes hispanos hace menos visible la represión contra los nativos estadounidenses, pero son éstos los más vulnerables.











