
Por medio de un amigo, Max Lesnik, conocí a Eusebio Leal con el cual Max mantenía una profunda amistad. Aunque lo veía con frecuencia, ya que Max y yo por aquella época casi siempre viajábamos juntos, nunca llegué a tener una amistad con aquel hombre del cual admiraba su elocuencia y su perseverancia. Nunca que he visitado La Habana he dejado de ir a pasear por La Habana Vieja, así es que desde aquella fecha de 1994 fui viendo con mis propios ojos cómo progresaba la obra de reconstrucción que llevaba a cabo Eusebio en aquella zona de la ciudad, cómo arreglaba sus calles, edificios, fachadas, sus plazas, sus monumentos, etc. Era verdaderamente admirable cómo este hombre con su pasión y su tenacidad le daba vida y hermosura a aquel barrio abandonado y olvidado de la capital cubana.
Eusebio no descansaba ni un minuto convirtiendo sus proyectos en una realidad irrefutable. Cambió la imagen de aquella vetusta región, sin perder de vista que lo estaba realizando por amor a la historia que encerraba toda esa parte de la ciudad desde su origen hacía ya cinco siglos. Su obra está ahí latente, como siempre estará su recuerdo.
Los que queremos a Cuba y en especial a su capital, tenemos que sentirnos eternamente agradecidos a este hombre que dejó de existir hoy en La Habana, su ciudad de nacimiento, la ciudad de sus sueños, de sus amores y de sus alegrías. Descansa en Paz, Eusebio, te lo mereces por tu infinito a amor a Cuba, a su pueblo y a su historia…
* Lázaro Fariñas, es Periodista de radio-miamiTV











