Patricia Barba Ávila
La manipulación mediática hace más daño que la bomba atómica porque destruye los cerebros.
Noam Chomsky
Sin duda alguna, a medida que se acerca la elección más importante de los últimos tiempos este próximo 6 de junio, las reacciones de todo un entramado de organismos “autónomos”, grupos empresariales, una oposición disminuida y carente de proyecto apoyados por el cártel del micrófono, la imagen y la pluma, son cada vez más intensas y continuas no sólo en contra de la presente administración sino, esencialmente, de los millones de ciudadanos que aquél histórico 1 de julio de 2018 decidimos cambiar de rumbo y así evitar la total destrucción del país.

En 1994 otro fraude disfrazado de “democracia” por el entonces IFE, permitió la llegada al poder de Ernesto Zedillo, impulsor en agosto de 1996 de otro organismo “autónomo”: la Comisión Federal de Telecomunicaciones (COFETEL) que promovió el desmantelamiento de Ferrocarriles Nacionales de México para concesionar su manejo por 20 y 50 años a varias empresas privadas nacionales y extranjeras: ICA, Grupo México, Peñoles, Tribasa, Kansas City Southern y Union Pacific de la cual fue miembro y Presidente de su Consejo de Administración.
Posteriormente, en el año 2000 se registró en México una de las simulaciones más sofisticadas y groseras por parte del IFE entonces presidido por José Woldenberg, a quien todavía hay quienes consideran un verdadero paladín de la democracia electoral pues “permitió” la alternancia con la llegada del panista Vicente Fox Quesada a la presidencia. Lo que parece olvidarse es que ya desde 1988 se había llevado a cabo un pacto entre Salinas de Gortari y el entonces Presidente del CEN del PAN, Luis H. Álvarez, con el objetivo (consensuado con el Consenso, en mi opinión) de instaurar la “alternancia gatopardiana” para vender al pueblo mexicano la mentira del “cambio” para que todo siguiera exactamente igual y se continuara con el despojo a la Nación, tal como ocurrió. Fue precisamente durante el gobierno foxista que se creó el Instituto de Acceso a la Información (INAI) supuestamente para transparentar el quehacer de una clase política en creciente descomposición y que con la bandera de la simulación asignó a este otro elefante blanco, pingües sumas del presupuesto federal (algo que seguirá ocurriendo con el mismo IFE, la CRE, la COFETEL, el INAI, la COFECE y demás onerosas sopas de letras hasta que este gobierno logre su desaparición y haga posible un considerable ahorro de nuestros dineros).

Es imprescindible aclarar aquí, especialmente a los jueces venales que concedieron amparos a las codiciosas corporaciones privadas en contra de la LIE, que la CFE no es una empresa de lucro sino que es patrimonio del pueblo mexicano cuya función es la de prestar un servicio absolutamente vital, por lo que no se la puede meter en la misma canasta del resto de las compañías cuya única misión es la de obtener ganancias a costa de lo que sea.
De todos los abusos, trapacerías y violaciones aquí descritos es directamente responsable el IFE/INE que en 2006 fue copartícipe de uno de los fraudes más pestilentes de que tengamos memoria y con el que asaltó la silla presidencial Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa quien en contubernio con el “demócrata” Barack Obama echó a andar el mortífero Plan Mérida bajo el cual se registraron alrededor de 60,000 muertes violentas y 100,000 desapariciones. Sin duda alguna, el desgobierno calderonista está considerado como uno de los más sangrientos y brutales en la historia de México.
Tras la elección del 1 de julio de 2018 y con el inmenso descaro que ha caracterizado a Lorenzo Córdova, su acólito Ciro Murayama y demás consejeros, el INE se atribuyó el “mérito” de haber garantizado el triunfo de AMLO y su Proyecto Alternativo conocido por todos como la Cuarta Transformación (4T) gracias al cual la presente administración está llevando a cabo una permanente lucha para erradicar la inmensa y ubicua corrupción que ha penetrado prácticamente todas las instancias y regiones en nuestro país. 
Lo que indudablemente pretenden Córdova, Murayama y demás integrantes de un INE que se ha transformado descaradamente en un instrumento de los poderes fácticos que buscan regresar por sus fueros al paraíso de abuso e impunidad, es descarrilar la próxima elección para impedir que MORENA alcance la posibilidad de una votación de mayoría calificada en la Cámara de Diputados que, además, es la que define el presupuesto federal del que dispondrá el gobierno para consolidar la 4T. La importancia de la mayoría calificada es que posibilita la modificación de la ley constitucional para, de ser necesario, regresarla al texto existente en 1917 que protegería el patrimonio nacional de las garras de los capitales privados transnacionales.
Indiscutiblemente ha habido un elemento que ha coadyuvado con eficiencia espeluznante a engañar y manipular a millones de mexicanos que por décadas permitimos el surgimiento de todos estos organismos cuya finalidad ha sido la enajenación de nuestro patrimonio: el poder mediático de empresas como Televisa, TV Azteca, Radio Fórmula, periódicos, revistas y, por supuesto, las “benditas” (y también “malditas”) redes sociales que se han encargado de censurar, distorsionar y mentir para proteger el inmenso despojo del que hemos sido víctimas por más de 70 años. Y si a todo esto sumamos la acción tendenciosa y simuladora de ONG’s como “Artículo 19” financiada por el Departamento de Estado de los E.U. a través de la USAID, la NED, además de embajadas de países como Reino Unido y Holanda, pues el golpe multifrontal se recrudece. No es nuevo que en América Latina los poderosos intereses de las grandes corporaciones hayan creado organizaciones de la “sociedad civil” para golpear a gobiernos comprometidos con sus pueblos y, por ello, contrarios a los infames intereses del imperio más depredador de que tengamos memoria: el de las élites que cada enero se reúnen en Davos, Suiza.
Es este próximo 6 de junio cuando demostraremos si estamos a la altura del reto que representa la consolidación de nuestra soberanía y progreso. Tendremos que demostrar que somos capaces de cristalizar en los hechos lo estipulado por el Art. 39 constitucional: “La soberanía reside esencialmente en el pueblo. Todo poder dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tendrá en todo momento el inalienable derecho de modificar la forma de su gobierno”.
Se va a hacer más con menos porque se acaba la corrupción. Presidente López Obrador, 17de diciembre, 2018.













