Jorge Gómez Barata

Desde Bruselas, Bélgica, la agencia de noticias EFE reportó declaraciones del general estadounidense Christopher G. Cavoli, comandante supremo de la OTAN para Europa quien afirmó que: “Los rusos no tienen los números necesarios para hacer un avance estratégico…Carecen de la habilidad y la capacidad para operar a la escala necesaria para explotar cualquier avance con ventaja estratégica”

Ante el titular de la agencia EFE: “La OTAN dice que Rusia no tiene capacidad para avance en Ucrania”, Radhamés Bonilla un abogado dominicano, amigo y habitual lector de mis columnas, giró una pregunta: ¿Será verdad?

No sé, fue mi respuesta. Tu pregunta, comenté, solo puede responderla con absoluta certeza el Alto Mando ruso y el presidente Vladimir Putin porque sólo ellos conocen exactamente lo que se propusieron al desencadenar la lucha, las respuestas que esperaban y los plazos calculados para cada una de las tareas y, sobre todo, cuál era la solución de salida que más de dos años después no se vislumbra.

Estrategia

En el ámbito militar a donde pertenece la expresión, la estrategia alude a las grandes operaciones militares y con frecuencia a la guerra en su conjunto. Escenarios que implican no solo aspectos militares sino económicos, políticos e incluso científicos. En estos momentos las relaciones públicas y acciones comunicativas son vitales.

La Operación Militar Especial emprendida por Rusia contra Ucrania debe haber sido concebida como una operación estratégica.

Es así porque se trataba de penetrar un país vecino, quebrar delicados equilibrios de seguridad internacionales, operar en áreas de la OTAN y ocupar territorios. El hecho de que el teatro de operaciones fuera el segundo país más grande de Europa y hubiera que enfrentar al segundo mayor ejército del continente, obligó a Rusia a comprometer grandes formaciones militares y a todas las armas. Aunque no se planificara utilizarlas, las armas nucleares fueron consideradas.

La agrupación de tropas rusas se preparó y concentró alrededor de las fronteras de Ucrania durante alrededor de un año y debe haber planteado enormes tareas a los servicios de retaguardia e intendencia. Las dimensiones de las fuerzas deben haber sido, como mínimo las de un ejército.

Según expuso el presidente Putin, entre los objetivos originales de esta operación que ha implicado a más de medio millón de efectivos rusos y otros tantos ucranianos, ocasionando la muerte de cientos de miles de combatientes de ambas partes y el desplazamiento de alrededor de siete millones de ucranianos, estaban la liberación de Donbass de las tropas ucranianas y la pacificación de las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk.

Un hecho significativo es que Rusia tiene como meta la desnazificación y desmilitarización de Ucrania, así como la imposición de la neutralidad a ese país, tareas de naturaleza política e ideológicas que exigen la intervención de factores institucionales no militares y que, rebasan las operaciones militares y requieren el desplazamiento del gobierno en funciones, así como el control y/o la ocupación del país.

De la Operación Especial han formado parte los aseguramientos políticos tanto al interior y respecto a la población y las instituciones rusas, como las de carácter internacional, especialmente Naciones Unidas. Un elemento de capital importancia ha sido la formación de alianzas y de apoyos políticos diplomáticos y materiales. Un accionar relevante se ha relacionado con las maniobras para contrarrestar los efectos de las sanciones económicas y financieras, las acciones de rusofobia y el aislamiento diplomático en los entornos europeos.

No me atrevo a descalificar al general estadounidense Christopher G. Cavoli ni a responder a mi amigo Radhamés Bonilla que pone sus afirmaciones entre signos de interrogación, puedo decir que, en un lugar que no fuera Bruselas, sede de la OTAN y ante auditorios calificados, se necesitarían algo más que unas pocas y atrevidas afirmaciones para descalificar del modo como él lo hace, las capacidades rusas.

Tal vez a lo que se aludió fue a la iniciativa estratégica, cosa que no tiene los rusos y les falta a los ucranianos. Recuerdo una historia que cuenta una discusión entre un general y un coronel, en medio de la cual uno de ellos preguntó al chofer: “Soldado usted ha escuchado: ¿Quién tiene la razón? La tiene el general ―respondió― y no le falta al coronel”.

Personalmente me inclino a unas tablas, aunque para ello se necesitan difíciles negociaciones, mucha voluntad política y honestidad para admitir que, no valió la pena y asumir las consecuencias y el juicio de la posteridad. Allá nos vemos.