Acaba de ocurrir una nueva tragedia con arma de fuego en Estados Unidos protagonizada por una desquiciada mujer que deparando una pistola Browning con cargador de 14 balas abrió fuego contra un grupos de empleados en la sede del portal U-Tube de la Internet en la ciudad de San Bruno, Estado de California.
El sangriento suceso dejó como saldo cuatro heridos graves de bala y la muerte por suicidio de la arrebatada autora de tan lamentable crimen, que ocurre a unos pocos días de haberse perpetrado la trágica balacera masiva que dejó un saldo de 15 adolescentes y dos de sus profesores muertos en una escuela secundaria del sur de La Florida.
Es como llover sobre mojado. Una matanza detrás de la otra. La de nunca parar mientras la NRA, la tristemente célebre Asociación Nacional del Rifle de Estados Unidos se ríe a carcajadas de sus detractores humanistas muy seguros ellos de tener bien agarrados por los testículos a la mayoría de Senadores y Congresistas de Washington comprometidos con los millones de dólares que riega la NRA en el Capitolio para comprar votos y conciencias a costa del dolor y la sangre del resto de los norteamericanos que sufren esta ola de violencia indiscriminada bajo el socorrido pretexto de que la tenencia irrestricta de armas de fuego es algo que garantiza la segunda Enmienda de la Constitución como mejor salvaguarda de la libertad de la nación.
Estados Unidos es nación de creyentes, que en su inmensa mayoría dicen ser seguidores del Cristo de Judea, ya sean Católicos o Protestantes. Fue ese Jesús de Galilea quien dijo a sus discípulos en una caminata de ocasión por Tierra Santa que a los diez Mandamientos de Moisés del antiguo Testamento, además del quinto que dice “no matarás”, habría que agregarle otro que dijera “Amaos los unos a los otros”.
El humanista consejo de Cristo parece haber sido borrado de la escena norteamericana como si fuera la satánica Asociación del Rifle la que dictara la sentencia de “ Mataos los unos a los otros” . Y todo ello en nombre de la Segunda Enmienda de la Constitución, como si matándose los norteamericanos los unos a los otros, se preservara mejor la libertad y la democracia de la nación. Cosa de locos, de hipócritas o de sinvergüenzas, diría yo.
Les habló para Replica de Radio-Miami su director Max Lesnik.











