Dándole un poco al reloj hacia detrás, en tiempo largo, revisamos que en esta nación la Constitución de “Nosotros el pueblo…” (We the people…) fue redactada hace unos 240 años atrás y modificada a necesidad – y caprichos también – de grupos de intereses especiales y en ocasiones muy poderosos, incluyendo a su presidente Abraham Lincoln. Pero existe y se trata de hacerla prevalecer ante todo. Entre sus “cualidades” está en haber dividido los Poderes en tres: Un poder que crea las leyes, el Congreso. Otro que las evalúa, la Corte de Justicia. Y finalmente otro Ejecutivo que las hace cumplir, el presidente y su gobierno. Valga esta aclaración para algunos que no lo recuerdan o desconocen.
Pues bien a raíz de los nuevos acontecimientos han llevado asombrosamente a la presidencia (Poder ejecutivo) a un elemento nuevo con una línea extremista de acción y mostrando un futuro incierto y casi tenebroso para su mandato, Donald Trump, y con ello le acompañará por algún largo tiempo, las ventajas que le da los otros dos poderes: el Legislativo, – el Congreso – que tiene en estos momentos una Cámara de Representantes de mayoría a su favor en proporción de 239 a 193 (55 % contra 41 %, ya que hay tres pendientes de su inclinación) para completar los 435 de esa Cámara y por otra parte el Senado que está también a su favor de republicanos con 51 y 47 demócratas, quedando solo dos pendientes de asignación, de los cien que lo componen. Ambas situaciones le brindan al presidente electo mucho apoyo en las prerrogativas y en las decisiones legales.
Dato interesante, elsistema electorero de este país es complicado al extremo que una vez más un candidato – Clinton – gana el voto popular con una ventaja de 47.7 % contra su contrario – Trump – con 47.5 % (una diferencia de 207,428 votos) y la primera pierde las elecciones.
Por otra parte la Corte suprema, que la compone nueve miembros, que deben balancear las aprobaciones de ese nivel, hoy cuenta con cuatro de tendencia demócrata y otros cuatro republicanos. Le dejaron ese puesto vacío por nombrar a Obama, que se lo estiraron en esa decisión impidiéndole hacerlo, para que lo hiciera el próximo presidente, hoy Trump. Pero además hay tres que están a punto del retiro, lo que hace que el futuro sea tenebrosos pues en manos del actual mandatario esos nombramientos, para esa corte será de amplia mayoría republicana.
Así las cosas en este gobierno “del pueblo y para el pueblo”, hoy se perfila solo para hacer cumplir las tradiciones que casi seguro será para y por “una parte de ese pueblo” (los votantes del actual presidente), y cuidado no sea ni siquiera así.
Estas elecciones y sus resultados nos han dejado un mal sabor en la boca a la mitad de los estadounidenses y gran parte del planeta también. Esto ha de durar algún tiempo, pero ya empezamos acostumbrarnos de la realidad, pues son los sentimientos que se pudiera experimentar en cualquier ser humano que pierda a un familiar muy allegado y llegan a no tener remedio alguno que no sea la resignación. Tristeza, frustración, enojo por la impotencia y muchos otros son los actuales padecimientos que tenemos. Pero sobre todo esa rabia de pertenecer a una sociedad que ha mostrado, en mayoría, una vez más, no ser la ideal para vivir en ella.
Vamos a desempolvar algunos datos viejos. Recordando los casos que nos muestra la prensa para analizar los recorridos de las elecciones presidenciales, al menos desde 1,980 (año en que llegué a esta nación con carácter más permanente que en mis estancias anteriores viajes) desde Reagan contra Carter en que le gana por una abrumadora cantidad de votos electorales (489 contra solo 49) (las maniobras en su contra de Mariel y los rehenes de Irán le costaron la presidencia al viejo demócrata), llegamos a comprobar que después de los dos mandatos de Bill Clinton quien llevó ventajas parecidas contra Bush (padre) y Dole de un 85% y 87 % respectivamente; en el 2,000 cuando las marañas electoreras con la incidencia preponderante de este Condado Miami Dade y su final de ser “nombrado” y no elegido un presidente por la Corte Suprema, rompiendo la tradición constitucional (George W. Bush contra Al Gore) después de una tenaz y complicada lucha de revisiones de boletas y otras cositas sucias surante 70 días sin presidente aprobado, la diferencia fue mínima y la cosa se decide por esa acción leguleya y la obediente cobardía forzada para Gore en aceptarlo sin seguir la lucha. Este hecho cambió para mal los destinos de esta nación y de mundo entonces. Llegó Bush junior y desató el Armagedón.
Ahora la cosa aparentemente fue real más que marañera. La supremacía blanca triunfó. Esta figura (Trump) que además de tratar de lucir presidenciable, aunque el esfuerzo es infructuoso, es sin duda delictiva también, por sus evasiones de impuestos a ex profeso por muchos años, sus manipuladas más de media docena de bancarrotas y sabiendo manejar el sistema a su favor, convirtiéndolo en un delincuente como lo fue Al Capone (además de gánster) en los años treinta, este magnate actual se jacta en declararlo como una virtud, es para asombro de muchos, el presidente de la nación más poderosa de la tierra y con el absoluto control de las tres ramas para manejar el país. Y sin dudas fue elegido en elecciones aparentemente libres.
Por otro lado, según fuentes que no desean ser expuestas al público, muchos en el Pentágono, están con los pelos erizados, temiendo lo peor de este tipo.
Como ruegan y piden aquellos que son religiosos, “Dios nos proteja”.
Nota final: Se informa que ya algunos presidentes han felicitado por su nombramiento al Donald Trump, como se hace regularmente después de las elecciones por parte de los países que mantienen relaciones diplomáticas, y entre ellos para mantener esa ética, está el de Cuba, General Raúl Castro Ruz.
Les habló, “Desde Miami”, Roberto Solís.
*La megalomanía es una condición psicopatológica caracterizada por fantasías delirantes de poder, relevancia, omnipotencia y por una henchida autoestima. Históricamente fue usada como un nombre para un trastorno de la personalidad narcisista. Se aplica a la persona que sufre un trastorno mental que le lleva a creerse más importante de lo que es. Se aplica a la persona que tiene un excesivo deseo de grandeza.