Recientemente visita La Habana el presidente de Colombia Juan Manual Santos, amigo de Cuba. A este acercamiento se le han colgado por la mayoría de los medios, motivos de aumentar y mejorar las relaciones entre ambas naciones. Esto es cierto. Un país como Cuba que tiene que brindar bienestar a 11.3 millones de personas y subsidiar la mayor parte de esos beneficios, en atención a la salud y la educación en un 100 % y otros muy importantes para esa sociedad de igualdad social, tiene una PIB de $ 78,694 millones con una modesta exportación de $ 12,340 millones. Sin embargo ha debido comprar fuera $ 10,340 millones.
Todo esto justificaría dar toda prioridad a cualquier visitante que represente países cuyos gobiernos son amigos de los cubanos y que podrían ayudar con mejorar las relaciones comerciales y de todo tipo. En el caso de Santos se inclina a una visita para estrechar esos lazos. Su nación sufrió de más de medio siglo de terribles guerras de guerrilleros, gobierno y narcotráfico. Centenares de miles de muertes y millones de desplazados fue el saldo final. Fue Cuba precisamente la anfitriona para lograr la paz tan esperada por todos los colombianos y esto lo agradece su pueblo y gobierno y ahora el presidente une aún más esas relaciones con la isla.
Pero leyendo entre líneas sobre esta presencia de Santos junto al Presidente Cubano, General Raúl Castro, se podía escudriñar algo más allá que un intercambio para mejorar las relaciones. Al menos así se ve.
El caso de Venezuela se encuentra en un momento de gravedad importante entre el polarizado pueblo de Bolívar. Por lo que se desprende que una intervención de consejería y diplomacia, impone un esfuerzo conjunto de otras partes y quiénes mejores que Cuba y Colombia para ello.
La hermandad de ambos pueblos en su compromiso con los venezolanos es innegable y se espera que esta visita de Santos a Cuba, recibido con todos los honores de un presidente amigo, represente un punto clave para ayudar muy profundamente al dar al traste con el conflicto que enfrenta el presidente Nicolás Maduro, al frente de una Venezuela cerca de una desestabilización. La derecha es poderosa y posee mucha plata para comprar conciencias y eso influye mucho en ser un adversario muy difícil de combatir por medios pacíficos.
La presencia de la fuerzas del poder dando leña en las calles, podría aplacar esa desbandada de provocaciones, incluyendo las consecuencias de un sabotaje a una distribución de alimentos dirigida por los monopolios locales que los producen y manejan, pero sería una solución muy peligrosa a los efectos de mantener los principios de una democracia, cuyo gobierno llega al poder a través del proceso limpio de las urnas. Y es ahí precisamente donde esa poderosa derecha quiere llevar a un final apocalíptico.
Por ello y otras cosas más es que ese encuentro de Raúl Castro con Santos, es muy importante para el futuro de ambas naciones, Cuba y Colombia, pero incluyendo a Venezuela en este proceso.
Les habló, “Desde Miami”, Roberto Solís.










