Lo que se dijo y lo que no se dijo

   Después de varias jornadas de trabajo intenso dentro de la política cubana y estadounidense, se termina la vista del presidente de Estados Unidos, Barack Obama y su familia, a la isla de Cuba por unas decenas de horas, vemos que todos los esfuerzos de muchos porque todo saliera bien, dieron los frutos esperados y aun más allá.

No vamos a rehacer el recuento que del periplo y los momentos de tensión – y de alegría –  que se vivieron en La Habana y en todo el país, con la presencia, discursos e intervenciones del mandatario yanqui. Sería algo cansón ya que los medios se han encargado de mantener al día por hora y minutos, cada paso y la mayoría de la gente,  sino toda,  lo saben bien.

No cabe dudas que el presidente invitado sorprendió con su retorica, que por cierto brindó  galas de oratoria de nuevo estilo, al que no se puede negar haber logrado sus objetivos, tratar  de sentar pautas de lo que se debe o no hacer. De lo que  dijo,  algunas cosas  estuvieron  muy bien inclusive  que escasean entre los importantes visitantes que viajan a la isla. Muchos por sus  éticas no las hablan otros porque los compromisos de amistad  con Cuba se lo impiden. Obama es el buen vecino, por ahora,  no el amigo.

De muchas de las buenas calificaciones dadas por este dirigente a los cubanos, hubo una interesante que trató sobre un pueblo que es capaz por su calificación y talento de mantener andando tantos “almendrones”  (autos viejos de más de 50 y 60 años), solo muestra que si se le brindan más oportunidades, podría ser un pueblo muy exitoso.

En el caso de Obama, nada impidió que dijera lo que le diera la gana donde le dio la gana.  Pero algo siempre faltó.  Este aparentemente buen vecino ahora después de más  medio siglo y en su último corto periodo de mando en La Casa Blanca, atrajo la atención de muchos, hasta en resto del mundo. Se trató del presidente de la potencia superior visitando La Habana. Esto de por sí ya bastaría para estar satisfechos.

Pero entre los beneficios de ese viaje está que se planteara por él los deshielos de asuntos que llevan a Cuba a recorrer difíciles caminos para solucionar las carencias. Su aceptación y señalamiento de los logros de la Revolución en cuanto a salud y educación incluyendo la solidaridad internacionalista de su pueblo y gobierno, valen. Pero aún así hubo temas que se notaron por su ausencia. Obama puede seguir buscando  brechas y rajaduras del Bloqueo, para imponer su valor ejecutivo, teniendo en cuenta que la victoria demócrata en noviembre  consolidaría  sus decisiones para continuarlas y no para empezarlas y seguir en guerra más firme hasta su eliminación, usando el poder económico que ha dado el poder político de ese país para ello.

“No dejar para mañana lo que se puede hacer hoy” reza el refrán. El mandatario deja en el aire cuestiones que puede solucionar de un plumazo, ya que no quedaría tiempo para que la ultra derecha congresional y de la cámara alta, pudieran vetar o impedir su ejecución.

Muchos esperamos y opinamos que junto a una continuación demócrata en la presidencia vendría una mayoría en ambas cámaras también en noviembre y estas cosas se deben  tomar por los tarros y no dejarlas pasar  sin tratar al menos de intentarlas resolver. Obama debe ser más enérgico en su posición que es muy comprometida ya, con Cuba. Mejorarla le brindaría a Estados Unidos una posición de ventaja hasta toda la América hispana que hoy como ayer espera que Cuba siga siendo la guía para los asuntos de política exterior y relaciones de los yanquis, debilitada por ya demasiado tiempo.

Hasta en su propio suelo Obama podría disponer de espacios mucho más atractivos por los grandes consorcios que manejan la economía del país y que en su  inmensa mayoría no desechan a un lado un mercado, no tan grande pero bien cercano y de fácil acceso, como lo es el cubano.

De todas formas, hasta  en los últimos momentos de su vista, gana más lugar en la historia, al asegurar que le gustaría entrevistarse con el líder de Cuba, Comandante Fidel Castro Ruz,  si su salud así lo permitiera, da un paso más para la legitimación de esa Revolución, sin prejuicio alguno por esas declaraciones.

Creo que por todo lo demás y por esto último, también, se logra que su despedida en el Aeropuerto José Martí,  se llevó a cabo con mucho más calor que su fría bienvenida, incluyendo ahora la presencia de una delegación de alto nivel precedida por el General Raúl Castro Ruz, presidente de Cuba.

Yo particularmente sueño despierto, que un personaje como este presidente negro, progresista de centro izquierda americano, arriesgado y sin temores,  que se ha atrevido a tanto hasta ahora en Cuba y en su propio país, al condenar enérgicamente los abusos contra el pueblo cubano, pudiera sorprendernos con una parada de cortesía su regreso de Argentina, de vuelta en Cuba para saludar aunque sea por breve  tiempo,  al Comandante de  la Revolución Cubana que no pudo hacer durante su apretado viaje.

Les habló, “Desde Miami”, Roberto Solís.

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