El 25 de julio comenzó la Convención del Partido Demócrata. Uno de los oradores fue el Senador por Vermont Bernie Sanders. Otra de las grandes figuras emblemáticas de la noche, en términos de las corrientes ideológicas que han definido al Partido en esta contienda electoral, fue Elizabeth Warren, Senadora Senior del estado de Massachusetts.
Sabemos que era muy difícil que el pensamiento de Sanders ganara la candidatura, dada la radicalidad de sus planteamientos. No obstante, la ganancia de la corriente representada por Hillary no fue total, viéndose forzada a introducir en el programa de gobierno una reforma radical del sistema de salud y un mayor control sobre los bancos y Wall Street, así como otros aspectos de significación social. Dicen los analistas que se trata del programa más progresista, jamás aprobado por un Partido Político en Estados Unidos de América. Esto significa un gran éxito para el movimiento que Sanders ha desatado, pues el verdadero significado de estas elecciones no ha sido establecer cuál persona debe ser electa, sino cuáles ideas deben ser apoyadas.
Quienes observamos el evento no tuvimos la menor duda de que sus ideas tienen una extraordinaria fuerza en un gran sector estadounidense, especialmente entre la juventud. Minutos antes de que compareciera para su discurso, ya podíamos predecir, partiendo de la ovación y el recibimiento que recibió Elizabeth Warren, que el gran líder de la noche eran las ideas del Senador de Vermont, primera figura que en la política estadounidense limpió de prejuicios, al menos entre la juventud y otros muchos, la palabra socialismo, tildándose él mismo de socialista.
Elizabeth Warren sirvió de anuncio, porque la Senadora es una de las mejores representantes de la izquierda estadounidense, especialmente dentro del Partido Demócrata.
Y dicho lo anterior, aprovecho para hacer otra aclaración.
Apoyar a Hillary Clinton no es decidirse por lo menos malo sino por la mejor solución. La conciencia estadounidense ha mostrado haber llegado a puntos de maduración que requieren de acciones difíciles para el establishment. Sólo aquellos del sector político que entiendan esta situación podrán sobrevivir como eslabón político entre la sociedad y el Estado de la nación.
Sanders representa una de las figuras de mayor arraigo, dentro del llamado “nuevo movimiento” (the new movement). Y precisamente ha llegado a alcanzar dicha estatura, capaz de hacer temblar las paredes de la Convención el 25 de julio de este año 2016 con los gritos y ovaciones de los más de 1800 delegados que allí se congregaron, porque escogió precisamente como tribuna de sus ideas, al Partido Demócrata, al cual nunca perteneció.
Preguntado al respecto, cuando su figura fue imposible de obviar por los medios, contestó que, para aspirar seriamente a la presidencia de Estados Unidos, había que hacerlo a través del Partido Republicano o del Demócrata. Estos son los dos Partidos que se han impuesto en la mente de los votantes quienes, en su mayoría, desconocen que hay una decena de partidos políticos en el país.
Es posible que Sanders haya pensado resultar electo, cuando la ola de aprobaciones y la respuesta de los votantes a su solicitud de financiamientos, indicaba que su discurso tenía respaldo popular entre los pensantes. No se trataba de un apoyo apasionado ante sus denuncias al estilo de los seguidores de Donald Trump. Las problemáticas señaladas por Sanders, desde un principio vinieron acompañadas de las reformas necesarias para resolverlas. El Senador ha tenido desde siempre, desde su juventud, ideas innovadoras y ha sido un convencido de la necesidad de realizar una revolución política en el país. Más que un legislador ha sido un impulsor de nuevas y necesarias ideas.
Aunque es cierto pensar que muchos lo han apoyado como reacción a sus frustraciones, enfadados por las barreras que impiden hacer avanzar el país por derroteros que hagan realidad la igualdad oportunidades y retribuya con equidad los esfuerzos, otros lo han hecho con absoluta frialdad, sabiendo que el camino de la democracia y la justicia social van aparejados y que la primera no avanza si ésta última no es alcanzada plenamente.
Estados Unidos ha tenido la ventaja de haber nacido sin ejército. Este se instituyó muchos años después, tanto que cuando los ingleses invadieron el país en 1812, fueron las milicias quienes finalmente los derrotaron. El ejército nunca ha estado a cargo de velar por el cumplimiento de la Constitución sino el Congreso de la nación. El ejército tiene a su cargo la defensa de las fronteras nacionales y no tiene como misión la defensa de la Constitución, la cual está a cargo de las fuerzas civiles y las fuerzas represivas que éstas administran.
Desde un comienzo, las reformas continuadas al sistema, las cuales se han logrado sobreponiéndose a los dolores, trabas, trampas y conspiraciones palaciegas, se han abierto camino a lo largo de dos centurias cuando se establecieron los nódulos centrales del sistema. A partir de ese momento la Constitución ha sido enmendada más de una veintena de veces y las normas legislativas se han encargado de instituir reformas sociales que poco a poco van cercando los esfuerzos de quienes prefieren la anarquía que les permita reinar por ellos y para ellos.
Bernie Sanders ya expresó que regresa al Congreso nuevamente y que lo hará como Independiente. Como siempre lo ha sido. Aun cuando utilizó la maquinaria del Partido Demócrata para desatar el nudo gordiano que sujetaba las fuerzas de ese nuevo movimiento que viene incubándose desde hace varios años.
La continuidad política, inyectada con los ánimos de quienes ya saben que pueden ser escuchados es imperativo que prevalezca, a contrapelo de quienes no comprenden que para avanzar es necesario el compromiso político y cuantas veces sea necesario, hacer debido uso de la maquinaria creadas por las fuerzas del Poder en un proceso de altas y bajas que nunca termina, pero que siempre avanza.
La suerte está echada. No es Sanders, ni Elizabeth Warren, Cornell Ronald West prominente personalidad de los Socialistas Democráticos de América (Democratic Socialists of America) o de la doctora Jill Stein, candidata presidencial del Green Party (Partido Verde) y otros grupos partidistas menos prominentes, quienes por separado darán la solución.
Si las fuerzas represivas de inteligencia bajo las instrucciones de las fuerzas civiles que controlan la columna vertebral del establisment, no logran acentuar la división entre esas facciones políticas que tienen en común la corriente de ideas incrementada en número y conciencias a partir de la estrategia implementada por Bernie Sanders, en pocos años veremos cambios sustanciales en las estructuras políticas de Estados Unidos y en sus regulaciones económicas.
Es cuestión de tiempo. Sanders puede retirarse. No es asunto personal y el Senador lo ha demostrado manejando con sutileza y calma, las trampas de que fue objeto, las conspiraciones en su contra del Comité Democrático Nacional y el silencio de los medios en los primeros meses de la contienda, aun cuando ya era evidente el fuerte respaldo que aumentaba por días. El movimiento está andando.
Así lo veo y así lo digo.











