Cubanos más o menos
Los nacidos en Cuba y hasta sus descendientes en cualquier lugar del mundo, son más o menos cubanos. Digo así pues aquí en Estados Unidos, hay muchos hijos de alguno de sus padres, o de los dos, cubanos, pero que por accidente o por intensión, nacieron y automáticamente son considerados legalmente estadounidenses, con los mismos deberes y derechos de cualquier otro ciudadano nacional de esta nación. Esto no es nuevo para nadie. Pero lo traigo a colación ya que en estos momentos de elecciones nacionales y presidenciales, además de conflictos en Centro América con miles de criollos estancados en camino al revuelto y brutal ansiado norte, hacen para la cubanidad una nueva nueva aparición.
Los que están envueltos en estas categorías de americano cubano para sacarle el jugo, unos están claros en que quizás ni puedan llegar a calificar para ser el candidato de su Partido Republicano, pero están detrás del último buchito a sus preferencias y a los que también los prefieren. Les pasa como los propuestos para ganar un Oscar, si no lo logra, quedarán para la propaganda y la historia como “candidato al Oscar”. Los otros, los que soñando con mejorar sus vidas en Estados Unidos y temiendo que el gancho de una ley (de Ajuste Cubano) que les ha brindado a sus cientos de miles de sus compatriotas mucho ventajismo, cosa que les atrae sobremanera, pueda desaparecer por innumerables razones. Hoy se han lanzado al aventurerismo que los caracteriza como osados y a la vez ilusos e inocentes víctimas de una publicidad atractiva pero sutil y tenebrosa. Y el azar les ha jugado una mala pasada.
Tanto que inclusive sus anteriores parientes y amigos y otros que ya se han acomodado aquí en el norte, hoy les repelen como una posible peste que se acerca al Sur de Florida – en particular Miami – la posible selva de asfalto que muchos escogen para hacer nuevos rumbos de sus vidas.
Los primeros, que son los pioneros de estos espejismos para los que hoy les siguen varados en zonas selváticas a miles de kilómetros de acá, muestran su sonriente cara y se convierten, por qué no decirlo claro, en los payazos del circo cubano que ya se extiende desde Alaska hasta Cabo Hornos. Las preguntas fluyen: ¿Si llego, podría triunfar como estos políticos de orígenes cubanos que hoy son estrellas allá en la Yuma…y sino yo, al menos mis hijos…?. Sueñan con una buena casa propia, un auto chévere. Un trabajo bien retribuido, una familia agrupada y exitosa, viajes de vacaciones a otros lugares incluyendo fuera del país. Buenas ropas de moda. Ricos restaurantes para los fines de semana, en fin llevar una nueva vida que se supone que esté al alcance de todos como nos lo muestran las películas comerciales de atractivo especial.
Esa es la nueva ola, que ahora más que siempre, ha tomado las riendas de miles de aspirantes esas nuevas formas de vivir y mejor. Las vidrieras de los que buscan la nominación a la presidencia y los ocupantes de cargos importantes en las empresas y políticas local, estatal y nacional, son las dianas para dispararles tan pronto se llegue a estas tierras. Claro que no se detienen a pensar de cómo han de empezar. Desde cero, como es natural. Aquí los cigarros cuestan más de seis dólares, las cerveza preferida importada, unos dos cada botella, las comidas no las regalan ni en los mercados ni en los restaurantes. La renta de viviendas, el aire acondicionado, la electricidad, el agua, los seguros todos, la ropa y calzado, la vida toda de esta carísima sociedad de consumo, dejara de ser un espejismo cuando se requieran los primeros pagos por vivir y solo respirar este tan cacareado “aire de libertad” que tanto les han vendido, hasta embotellado.
No es que yo me arrepienta de haber venido a Estados Unidos. Solo me mude a esta nación como pude haberlo hecho a cualquier pueblo de mi Cuba hace ya tres décadas y media. No señor aquí tengo gran parte de mi familia y la de mi esposa, aquí se ha criado hijos y nietos. En la isla me queda la otra parte importante de mi gente, me quedan hijos y amigos. Allí viajo como si fuera a otro municipio de por acá. Me queda una tierra que no olvido ni un solo minuto de mi vida y es por ello que veo desde la acera del enfrente, lo que les sucede a muchos que como yo buscan nuevos horizontes para su vida y la de los suyos.
La Cuba de todos, hasta de los arrepentidos que desean volver, atrae a muchos millones a quedarse y buscar soluciones de ayudar a mejorar los errores, los aciertos, la vida de todos en esa isla tan especial que se niegan a dejar. Para otros desde los menos agraciados hasta los fanáticos, el camino se les complica cada vez más. Para los que han podido subir los peldaños del triunfo y los éxitos – muchos de estos por una suerte de traquimañas y acciones internas y externas que les han favorecido sobremanera – están inconformes y siguen buscando más. Es la ley del ser humano, “mientras más tengo, más quiero”.
Por estas y otras causas y consecuencias es que vemos que hay tipos de cubanos y cubanos, cubanas y cubanas, en las mejores excepciones de las reglas. Ambas partes debieran comunicarse más para conocer de unas y otras más y no caer en las frustraciones, que traen por ejemplo el cierre definitivo de los caminos por Centro América para llegar al “sueño americano”, apretando las clavijas de una ley que si no se derrumba por su propio peso, le harán tantas correcciones y nuevas exigencias que será prácticamente obsoleta.
Por el lado de los » triunfadores»…¿Hasta cuando les durará la fiesta de los de la buena suerte… hasta que se descubran las marañas que pudieron llevarlos a esos lugares…? Nada cae del cielo solo por su peso.
Les habló “Desde Miami”, Roberto Solís