
La formación de médicos estadounidenses en Cuba representa un contundente ejemplo de cooperación internacional, en medio de las sanciones impuestas por el propio gobierno de Estados Unidos a uno de sus vecinos mas cercanos, Cuba.
Doscientos cuarenta y cuatro jóvenes estadounidenses han completado sus estudios de medicina en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) de la Habana Cuba, una institución fundada en 1999 que ofrece becas completas a estudiantes de bajos recursos de todo el mundo, incluyendo Estados Unidos. Los estudios no solo cubren la matrícula, sino también alojamiento, alimentación y materiales educativos, con el compromiso de que los graduados regresen a sus comunidades para atender a poblaciones vulnerables. En julio de 2025, por ejemplo, 11 estudiantes estadounidenses se graduaron en el 25 aniversario de la ELAM* sumándose decenas de graduados que ya ejercen en áreas desatendidas de EE.UU., como comunidades de bajos ingresos o minorías étnicas.
Este gesto humanitario de Cuba contrasta drásticamente con la política de bloqueo económico, comercial y financiero impuesta por Estados Unidos desde 1962, que ha sido calificada como inhumana por organismos internacionales entre ellos la ONU.
En el contexto actual de 2026, la administración de Donald Trump en el ultimo mes, ha intensificado absurdas y criminales medidas contra Cuba, mediante un decreto ejecutivo firmado el 29 de enero, declarando una «emergencia nacional» respecto a Cuba y autorizando tarifas adicionales sobre importaciones de países que suministren petróleo a la isla. Como se ha estado publicando, esta escalada busca asfixiar la economía cubana al bloquear el acceso a combustibles, un recurso esencial que Cuba debe importar en su totalidad, ya que su petróleo crudo no es refinable localmente.
Como resultado, Cuba enfrenta hoy una crisis energética grave: apagones de hasta 20 horas diarias, afectando la refrigeración de alimentos y medicamentos, paralizan servicios médicos en hospitales y policlinicos, el transporte terrestre, maritimo, aereo y agravan la producción alimenticia.
La comunidad internacional y sobre todo la sociedad norteamericaba debe saber que el impacto es particularmente cruel para la población cubana, en un país que, pese al bloqueo, ha priorizado la salud global.
Para que se tenga una idea, el pasado año 2025, Cuba importó solo el 65% del petróleo necesario para estabilizar su economía, y las nuevas sanciones han cortado suministros clave de Venezuela (tras acciones estadounidenses del tres de enero) Expertos de la ONU han condenado estas medidas como una violación del derecho internacional, advirtiendo de una crisis humanitaria que amenaza servicios esenciales y el nivel de vida de 11 millones de cubanos.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, en la Voz de su vicecanciller Carlos Fernández de Cossío, han descrito el bloqueo como un «castigo masivo» y lo es porque daña la salud, la educación y la economía diaria.
Esta dualidad invita a reflexionar sobre la increíble e inhumana ironía: mientras Cuba forma médicos estadounidenses que benefician a la sociedad de EE.UU. Washington impone un embargo- o mejor escrito y dicho BLOQUEO- que genera sufrimientos innecesarios a la isla. Porque el bloqueo no solo ha causado pérdidas económicas acumuladas de miles de millones de dólares para Cuba, sino que perpetúa una política de coerción global que penaliza a terceros países por comercializar con La Habana. Pienso qué la opinión pública internacional podría enfatizar la necesidad de levantar estas sanciones obsoletas, promoviendo en cambio la colaboración en salud, educación y comercio como puentes para la paz. Países como Rusia y Venezuela han expresado solidaridad, instando a un enfoque sensato. La resiliencia cubana, manifestada en programas como la ELAM, demuestran que la solidaridad prevalece sobre el aislamiento impuesto.
*Desde su fundación en 1999, la ELAM ha graduado a más de 31.200 médicos de 122 países, incluyendo 244 ciudadanos de Estados Unidos. Este esfuerzo solidario ha sido posible gracias a la voluntad de Cuba de compartir su experiencia médica con los pueblos más necesitados, sin fines de lucro y con profundo sentido ético y humano.











