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   La respuesta de Miami.

  

Miami es una sección minúscula de Estados Unidos si nos referimos al mapa nacional. Esta área abarca unos 6,296 km. cuadrados El país completo tiene 9.830 millones. Esta zona del sur americano tiene unos 2.695 millones de habitantes mientras que en la nación viven 321.43 millones. Pero nada de esto importa para que esta sección sureña salga en las noticias diariamente con algún hecho que en la mayoría de las veces sería  intrascendente en cualquier otro sitio.

¡ Ah !, pero es que en Miami vive la población cubana más grande después de La Habana. Y esto ya basta para que casi todos sus rincones sean objeto de la “cubananda”. El chauvinismo de algunos criollos sobre todo entre los desafectos al sistema de gobierno de Cuba, impide que haya una diversidad de opiniones y de posturas políticas. En Miami todo se ve negro o blanco, y no precisamente por las razas, sino por la intransigencia social que ha prendido en parte de esta sociedad.

Las tendencias pro guerreristas y sus desfiles y semi manifestaciones – cada vez son más reducidas – en mucho superan aquella vieja teoría de un periodista imbécil, con alguna inteligencia – que pronosticó pidiendo  “Tres días para matar” una vez caído el sistema socialista de Cuba. Y lo asombrosos es que tuvo sus seguidores como hoy puede tenerlo el apocalíptico Donald Trump.

En Miami suceden cosas que en cualquier otro lugar pasarían inadvertidas, pero aquí se hacen olas con ellas.

Recuerdo siempre que la alta sociedad de mujeres y vejetes politiqueros, siempre que ocurre una desgracia natural en cualquier lugar de nuestra parte sur americana, salen a la paletera, de cuello y corbata y las damas con lustrosos vestidos de última moda, en banquetes “caritativos”, haciendo colectas materiales para ayudar la desgracia ajena. Esto es válido si se hiciera con toda la sinceridad del momento, pero desgraciadamente solo se busca con ello, caras en las pantallas de la tele para sacarle jugos futuros, política y públicamente.

Recientemente pasó un poderoso huracán, Mathew, por la zona más sur este del oriente cubano, afectando gravemente varias ciudades pero con ensañamiento en la histórica y hermosa ciudad de Baracoa. La dejó prácticamente en ruinas. Hay que ver los reportajes y fotos de esa zona, tal parece que ha sido víctima de un implacable bombardeo. Gracias al efectivo sistema de evacuación instrumentado en Cuba, no hubo desgracias personales. Sin embargo en la hermana Haití sobrepasó los mil muertos y miles de heridos.

Toda Cuba acudió a ayudar a los damnificados, con envíos y presencias  encabezados por miles de miembros de la Defensa Civil y las Fuerzas Armadas, así como las organizaciones de masas. Los escombros aún se levantan por manos voluntarias y la atención la salud está a la vanguardia. Nada de esto se señala por la prensa local de gueto cubanomiamense.

Pero caramba, hace unos días y a toda página principal y otras del interior sale un reportaje de un  grupo de jóvenes católicos que individualmente acudieron al lugar en ayuda a algunas de las familias que lo perdieron casi todo con ese ciclón. Les llevaron algunos avituallamientos inclusive comidas; bajo la lluvia y con especial cuidado para que los enceres no se dañaran. Esto si fue noticia, aunque no deja de ser loable la acción.

Todo muy bueno, muy bonito, muy humano. Pero ¿ se ha hablado y reportado la gestión de las autoridades y el resto de pueblo cubano siempre prestos a darle el frente a tragedias cómo esta…?

Miami, como siempre ha ayudado en estas cosas, pero producto de la organización religiosa y humanitaria CARITAS. Nunca vimos aquellos alardes de fuerza ciudadana que se observan en otros casos de otras naciones y que Miami responde. Siempre se escudan que el gobierno cubano no acepta ayudas de ese tipo. Claro que no explican que esas ayudas hacia Cuba siempre llevarían el cuño propagandístico de organizaciones contrarrevolucionarias, como han ocurrido antes,  entre las cajas de los productos, como condición principal para su envió y recibo. En Miami, todo se politiza sobre los cubanos.

Esa y no otra sería la respuesta de Miami a la tragedia de Baracoa y por lo tanto es inaceptable si no va acompañada de sinceridad y humanismo solidario y no como instrumento de penetración desestabilizadora.

Les habló, “Desde Miami”, Roberto Solís.

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