Por Camilo Velasco Petiton Periodista. Director de la Voz del Niquel. HOLGUÍN
¡Que hable la necesidad, que escuche el imperio!. Hoy recorren el mundo noticias sobre el incremento de las protestas en las calles de Cuba. Y sí, hay descontento, pero no nos engañemos: no son protestas, sino el rugido legítimo del pueblo ante el agobio de las carencias.
¿Y por qué estalla el pueblo? Las razones son las mismas que ardieron el 5 de agosto del 94 y que volvieron a encenderse el 11 de julio de 2021: apagones que no cesan, agua que falta, alimentos, medicinas, transporte… el cuadro cruel de una nación en asedio.
En 1994, al derrumbarse el campo socialista, Cuba perdió de golpe los recursos esenciales para vivir. Sin combustible para generar luz, mover el transporte, producir alimentos, la crisis golpeó hasta los huesos: la canasta básica se desplomó y la crisis empujó a la gente a la calle.
En julio de 2021, la historia se repitió con otros rostros. Una pandemia global arrasaba economías enteras, y Cuba, además del virus, sufría un bloqueo recrudecido: más de 245 medidas genocidas, diseñadas abiertamente para asfixiarnos. De nuevo apagones, de nuevo escasez, de nuevo el pueblo en las calles reclamando.
Pero ojo: entre 1994 y 2021, cuando Cuba logró rehacerse, buscar nuevos mercados y mejorar las condiciones, esas protestas masivas desaparecieron. ¿Qué significa eso? Muy simple: los cubanos salen a la calle cuando la necesidad los asfixia, cuando no hay luz, ni pan, ni esperanza a la vista. No salen por odio a la Revolución, salen porque la vida aprieta.
Y eso, precisamente eso, lo sabe bien el Imperio. No es nuevo. El 6 de abril de 1960, Lester D. Mallory, subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos de Eisenhower, escribió un memorando infame: «Todos los medios posibles e imaginables deben utilizarse rápidamente para debilitar la vida económica en Cuba… sembrar el hambre, la desesperación y lograr el derrocamiento del Gobierno».
¿Alguien duda de que hoy Trump y su secretario de Estado aplican la misma doctrina? ¿Alguien cree que Marco Rubio ama al pueblo cubano? ¡Patrañas!
Cuba no es ajena a las corrientes políticas diversas. Pero duela a quien le duela, la inmensa mayoría de los que hoy salen a las calles no lo hacen por consignas de oposición, sino por falta de lo más elemental.
Pongámonos serios: ¿qué pasaría si se levantara el bloqueo energético? ¿Si cesaran las sanciones a bancos, navieras y empresarios? ¿Si no se persiguiera a cada funcionario extranjero que negocia con Cuba?
¿Qué pasaría si encendiéramos todas las termoeléctricas, si los motores de generación distribuida rugieran sin tregua, si los apagones desaparecieran, si el transporte público estatal volviera a rodar, si los hoteles se llenaran de turismo, si los medicamentos fluyeran, si la producción de níquel creciera, si los empresarios extranjeros pudieran negociar con Cuba sin ser amenazados?
¿Qué pasaría si este país pudiera importar lo necesario para devolver a la canasta básica las 5 libras de arroz, las 4 de azúcar, las 8 onzas de frijoles, la media libra de pollo y picadillo, el jabón de lavar y baño, el cuarto de libra de aceite… y todo lo que antes llegaba, antes de 2020, para todos los cubanos?
Pasaría que la mayoría de nuestro pueblo volvería a la normalidad. Nadie saldría a reclamar, salvo unos pocos, los de siempre, los que desde las redes sociales escupen contra la Revolución pero no se atreven a pisar la calle. El país estaría en calma, como siempre lo estuvo cuando pudimos vivir con dignidad.
¿Y eso es lo que quiere el Imperio? No. Porque ellos siguen a rajatabla la doctrina Mallory: «La mayoría de los cubanos apoya a Castro… el único modo previsible de restarle apoyo interno es mediante el desencanto y la insatisfacción que surjan del malestar económico».
Pero ahí es donde se equivocan. Si no lo lograron en 66 años, no lo lograrán ahora. Porque la inmensa mayoría de los cubanos saben que ellos solo quieren apoderarse de nuestra tierra y nuestros recursos. Su único propósito enfermizo es acabar con una Revolución que lleva 67 años molestándoles, porque nuestro pueblo no se doblega, no quiere ser colonia, no acepta ser su patio trasero ni mucho menos su marioneta.
Y ese odio hacia nosotros crece cada vez que nos ven resistir. Cada vez que, a pesar del bloqueo criminal, de los apagones eternos, este pueblo se levanta más fuerte, más convencido de que la independencia no se negocia, de que solo resistiendo, buscando alternativas y con la unidad como bandera, ¡Venceremos!










