A continuación les traslado un comentario muy interesante del amigo de todos, el periodista uruguayo – cubano, desde La Habana, Fernando Ravsberg.
La historia contada desde la gente
Más de una vez traté de convencer a Alfredo Guevara para que me diera una entrevista sobre la historia cubana vivida por él, su experiencia en el viejo partido comunista, las batallas de la universidad, su amistad con Fidel y el medio siglo de socialismo.
En la historia se encuentran muchas de las claves imprescindibles para entender el presente y proyectarse hacia el futuro. Me refiero por supuesto a la historia de verdad, no a la de héroes “valientes y decididos”, seres perfectos y ansiosos por dar la vida.
Recientemente he topado con 4 obras que son joyas para entender la historia cubana: “Cuba libre, la utopía secuestrada” de Ernesto Limia, “Tony Guiteras un hombre guapo” de Paco Taibo II, “Sin mirar atrás” de Carlos Acosta y “Decirlo todo” de Guillermo Rodríguez.
“Cuba Libre” no presenta a los “padres luchadores” como superhombres o supermujeres sino como seres humanos llenos de contradicciones, dentro de sí mismos y con los demás, pero capaces de pasar por sobre ellas para aumentar la independencia de Cuba.
Algunos incluso lucharon por la anexión a los EEUU, mucho antes de que tomara cuerpo el ideal independentista. Hoy podemos criticarlos pero no pocos de ellos murieron combatiendo para que Cuba dejara de ser esclava y se convirtiese en hermanastra de otra familia.
Limia nos muestra, sin retoques ni maquillaje pero en contexto, las contradicciones entre las figuras más destacadas. Las broncas en el liderazgo independentista fueron tremendas pero cualquier interés personal u orgullo herido fue pospuesto ante la suerte de la patria naciente.
José Martí es la figura que más admiro de la historia cubana del siglo XIX. Sin embargo, cuando Limia explica las diferencias sobre la conducción de la guerra del Apóstol con Maceo y Gómez, yo hubiera apoyado a estos dos últimos, de haber estado en la manigua en aquel momento.
En este libro conocí al abogado Horatio Rubens, cuya intervención obligó a Washington a incluir, antes de iniciar la guerra contra España, una cláusula en la que “los EEUU renuncian a toda intención o disposición de ejercer soberanía, jurisdicción o control sobre la isla”. Fue un blindaje contra la anexión.
En la biografía de Guiteras descubrí a un cubano independentista, un hombre honrado, un político inteligente y un líder al que valdría la pena seguir aunque el camino termine en el Morrillo. Vivió y murió bajo el fuego cruzado de los extremistas de izquierda y derecha.
Tony combatió en tiempos difíciles y confusos, luchó contra una general independentista devenido en dictador y una enmienda constitucional que convertía a EEUU en tutor legal de Cuba. Paco nos lo cuenta con la rigurosidad de un historiador y la pluma de un novelista.
“Sin mirar atrás” es la biografía de un niño mulato y pobre de la barriada de Los Pinos que se transforma en uno de los más grandes bailarines del mundo. En la vida de Carlos Acosta se puede visualizar la forma en que viven en Cuba los más pobres y el peso del racismo, incluso dentro de la familia.
A la vez se percibe las puertas que en la isla se le abren al talento y los espacios creados para desarrollarlo, incluso en medio de la peor crisis económica. Refleja la pasión y valentía de los maestros, quienes los forman, les eliminan obstáculos del camino y los lanzan a los escenarios.
Finalmente me quiero referir a “Decirlo todo” una historia de las políticas culturales durante la Revolución Cubana, escrito por Guillermo Rodríguez Rivera. Un libro que ayuda a entender mejor lo que ocurrió desde 1959 en ese terreno, los tiras y afloje, la censura, el Quinquenio Gris.
El profesor habla sin pelos en la lengua, menciona a los censores por su nombre, describe la barbarie de marginar a brillantes intelectuales de la nación y desmitifica a algunas de las víctimas. Abre miles de ventanas y muestra caminos para continuar la investigación histórica con rigurosidad y sin prejuicios.
Espero que estas líneas sirvan a otros para encontrarse con la historia de la isla, con los hombres y mujeres que la hicieron, incluso con los que la escriben hoy. Una historia tan imperfectamente bella que sería un delito de lesa patria silenciar cualquiera de sus pasajes.
Les habló, “Desde Miami” Roberto Solís Ávila.










