Durante una reunión del Ministerio de Defensa ruso, el presidente Vladimir Putin expresó que Occidente sigue librando una guerra híbrida contra su país al suministrar al régimen de Kiev información de inteligencia en tiempo real, enviar asesores militares, transferir modernos sistemas de armamento y desarrollar una enorme campaña desinformativa en todos los medios de propaganda.
La guerra híbrida consiste en una estrategia militar en la que se utiliza toda clase de medios y procedimientos ya sea la fuerza convencional o cualquier otro medio irregular como la insurgencia, el terrorismo, la migración, los recursos naturales y otros más sofisticados como la guerra cibernética, las noticias falsas, guerra jurídica e intervención electoral en las que la influencia sobre la población resulta vital.
Se considera que una ventaja de esta estrategia es que el agresor puede evitar que le atribuyan el ataque, o sea puede aparecer como una negación plausible.
Según la definición de los expertos, los conflictos híbridos implican esfuerzos a diferentes niveles con el objetivo de desestabilizar un estado funcional y provocar una polarización de su sociedad.
Estados Unidos, la Unión Europea y la OTAN han llevado elementos de esa guerra (con énfasis en una política antirusa) a todos los continentes y en especial a Latinoamérica.
Para eso se basan en la utilización de los medios de comunicación mediante una amplia red de organizaciones no gubernamentales, agencias de relaciones públicas y centros de información en los que exponen noticias, entrevistas y reportajes contra el gigante euroasiático.
Entre esas entidades de mayor peso aparecen: la organizaciones Rand Corporation (un laboratorio de ideas donde ejerce un grupo de académicos expertos en análisis y formulación de políticas), la Atlantic Council NPO (Tanque pensante en el campo de asuntos internacionales y miembro de la Asamblea de la OTAN), y Jamestown Foundation (objetivo de informar y educar con la visión de Occidente a los formuladores de políticas y a la comunidad política en general sobre eventos y tendencias).
Por ejemplo, una de las líneas que enarbola la Rand Corporation es que: “si Israel tiene éxito en sus objetivos bélicos y expulsa a Hamas, le corresponde a Israel, así como a la comunidad internacional, proporcionar el espacio para que un movimiento nacionalista palestino liberal ocupe el lugar de Hamas”.
O sea, el objetivo es arrasar con todos los palestinos que se oponen a la ocupación y al genocidio que comete Israel contra ese pueblo árabe y poner en su lugar a una dirección dócil a los dictados de Tel Aviv y de Estados Unidos.
Los programas de esas organizaciones van dirigidos contra cualquier Estado que no acate la pretendida hegemonía Occidental y en el caso específico de Rusia, difundir información deliberadamente falsa sobre la causa y el curso de la operación militar especial de Rusia en Ucrania, (que el objetivo primordial es desmilitarizar y desnazificar a Kiev) e inculcan a la audiencia la idea del atraso económico de la Federación Rusa y la inevitabilidad de su derrota militar.
También y con bastante efectividad, los estadounidenses usan redes sociales y buscadores en internet para ejercer presión sobre la opinión pública Latinoamericana. Las corporaciones Meta, Google, Tik-Tok, Twitter, LinkedIn realizan un estudio cuidadoso del público de la región para influir mediante la promoción de noticias con tesis pro-occidentales.
En la mayoría de las informaciones, distorsionan los datos sobre la situación en la zona de combate, no informan sobre la derrota de las unidades ucranianas y ocultan los indicadores del crecimiento de la economía rusa.
Analicemos que si alguien entra en buscadores como Google o Yahoo y pide información sobre el conflicto en Ucrania, éstos los remiten a páginas Web occidentales como CNN, BBC, DW, pero nunca a una pagina de información alternativa o que no estén bajo la égida de Estados Unidos, la Unión Europea o la OTAN.
Sitios como Telesur, Sputnik, Rusia Today, Prensa Latina y otros, están vetados en esos buscadores. Esos son los retos de la guerra mediática que los pueblos y países en desarrollo tendrán que continuar enfrentando para conocer lo que en realidad ocurre en el mundo.