Desde los primeros meses del 2017 el Observatorio de la Política Internacional en su boletín no 57 comenzó a escribir sobre el fenómeno “Coyuntura Trump” y se refería en aquel momento a los conflictos posibles en el ámbito internacional, el análisis de un mundo con diferentes comportamientos y situaciones adversas como consecuencia del cambios de las reglas imperiales en la política internacional, derivada de una nueva era, incierta e impredecible.
Al cumplirse más de dos años de la publicación de aquel artículo no hay dudas que es la coyuntura de Trump, en el cuarto lustro del siglo 21, la peor crisis en las relaciones entre los Estados del planeta en los últimos 100 años. Son evidentes estas aseveraciones al conocer los absurdos laberintos que atraviesa y somete a diario el nuevo inquilino de La Casa Blanca.

“Estamos en la cresta de cambios exponenciales en el orden político, económico, tecnológico, social y migratorio. Se requiere de una verdadera voluntad política para enfrentar racionalmente dichos cambios y encauzarlos hacia una solución real, no ficticia y mucho menos narcisista y destructiva como lo pretende Donald Trump…”
“ Es indispensable atacar los problemas reales que persisten en la sociedad internacional que son la desigualdad, la impunidad, la corrupción, la falta de respeto a los derechos humanos, la falta de rendición de cuentas, la inseguridad, la inestabilidad, la falta del imperio de la ley, la degradación de las normas sociales de convivencia, la falta de reformas económicas, políticas y sociales profundas. La fortaleza de los países residirá en realizar esas tareas pendientes y darse a respetar y así se le respetará en el exterior”.
La historia nos ha mostrado que “quien tiene el poder no desea compartirlo, mucho menos perderlo. Pero existe una diferencia clara entre lo que se desea y lo que realmente se puede hacer». Sin embargo, hoy en día la disyuntiva a la que se enfrenta D. Trump y Estados Unidos en pleno siglo XXI es ser la potencia dominante o ser la potencia líder. No es lo mismo. El que domina suele establecer las reglas del juego. El que lidera debe concertar dichas reglas con los demás actores internacionales y aceptar también las que éstos plantean. Es evidente que a Trump no le han importado y no ha asimilado las consecuencias de sus decisiones y el impacto que han tenido al interior y exterior de EE.UU.
Lo cierto es que, poco a poco, diferentes sectores políticos internos y externos le cobrarán un precio por semejantes posturas y la ofensiva política vendrá al interior de EE.UU., dentro de los organismos internacionales y por parte del resto de los países del mundo. Está empezando una nueva historia, cuya trama es desconocida, pero está claro que no habrá un solo papel estelar sino muchos. Con Trump a la cabeza EE.UU. ha ido perdiendo liderazgo en el mundo y en vez de «America first», ésta se está convirtiendo, poco a poco, en una «América sola», en una «América aislada».
Como el colega Roldan, opino también que el retorno al unilateralismo que la coyuntura Trump quiere imponer fracasará.










