
Jorge Gómez Barata
Joe Biden ha declarado que de ser electo, retomará las políticas
de Barack Obama hacia Cuba, lo cual seguramente será acogido por la
administración del presidente Miguel Díaz-Canel. A favor de ambos
figura el hecho de que las negociaciones bilaterales más difíciles ya
se realizaron y lo acordado puede ser retomado automáticamente. Así
Trump se convertirá en un paréntesis.
Como suele ocurrir en las negociaciones políticas de alta complejidad,
intereses diversos y resultados decisivos, difícilmente pueda
complacerse a todos. En Estados Unidos, Obama fue criticado por haber
hecho concesiones a Cuba y en la isla, aunque convenientemente
administrado, el presidente Raúl Castro, recibió “fuego amigo”.
El imperialismo, como otras doctrinas, presenta grados de
radicalismo que pueden ir de la desmesura a la templanza. Al respecto
pudiera proponerse la categoría de “imperialistas moderados” para
aplicarla, por ejemplo, a Franklin D. Roosevelt, Barack Obama y Joe
Biden, si llega a merecerlo.
En 1933 Franklin D. Roosevelt aplicó a América Latina la política de
“Buen Vecino”, lo cual significó una revisión de los cursos seguidos
por sus 31 predecesores que se rigieron por políticas como “Gran
Garrote” y “Doctrina Monroe”. Ochenta años después, Barack Obama hizo
algo análogo al descontinuar las políticas hacía la Isla seguida por
diez antecesores.
El cambio de política hacia Cuba protagonizado por Obama fue parte de
un irrepetible momento en Latinoamérica y el Caribe, en el cual
convergieron no menos de 25 gobiernos de izquierda, progresistas o
moderados que con diversos grados de compromiso apoyaban los reclamos
de Cuba y criticaban el bloqueo de Estados Unidos y un presidente
norteamericano que, consideró fallida esa política y tuvo el valor y
la decencia de exponerlo y tratar de cambiarla.
La correlación de fuerzas políticamente favorable a la izquierda hizo
posible que, en 2009 la OEA aprobara una resolución que derogó la que
en 1961 expulsó a Cuba de la organización. Aquel año, en la V Cumbre
de las Américas, en Puerto España, los Estados Unidos y su presidente
fueron presionado al límite para que cesara el bloqueo a la Isla. En
la VI Cumbre Ecuador y Nicaragua se ausentaron en protesta por la
exclusión de la Isla y se dijo que: “Sin Cuba no habría otra cumbre”.
Entonces la influencia progresista en Latinoamérica y el Caribe fue
tan decisiva que en 2011 se constituyó la Comunidad de Estados
Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) es un mecanismo
intergubernamental regional que excluyó a Estados Unidos y Canadá. Una
entusiasta analista llegó a proclamar a tambor batiente, que: “Al fin
se había cumplido el sueño de Bolívar”.
En la ejecutoria de Barack Obama y su equipo, incluido Jon Biden,
respecto a Cuba, debe haber influido el hecho de que desde 2006, al
asumir la dirección del país el general de Ejército Raúl Castro,
declaró que para enfrentar la crisis de la economía cubana eran
necesarias reformas «estructurales y de concepto», a partir de lo cual
hilvanó un rosario de ideas y medidas que indicaban aperturas y
cambios positivos en el modelo económico cubano.
Aunque las reformas en Cuba anunciadas dos años antes de que Obama
accediera a la presidencia, no se han realizado para agradar a Estados
Unidos o influir sobre sus políticas, si ellas favorecen las mejores
opciones como ocurrió con Obama, es mejor. El presidente Raúl Castro
que avanzó a la vez en las reformas y en la normalización de las
relaciones con los Estados Unidos y combinó firmeza de principios con
pragmatismo, con un peón pasado, selló la partida. Allá nos vemos.