La élite gobernante y toda la sociedad iraní, dolida e impactada por la muerte del presidente de la república, Ebrahim Raisí de 63 años, segunda figura al mando de la nación, ocurrida el pasado domingo cuando, tras participar en la inauguración de dos represas en la provincia de Azerbaiyán Oriental, en circunstancias desconocidas, el helicóptero en que viajaba se precipitó a tierra en una zona de difícil acceso, resultando muertos todos sus ocupantes.
En medio del trauma que representa la pérdida de tan importantes líderes nacionales, la sociedad toda, debe estar perpleja al conocer que su presidente, uno de los hombres más ferozmente amenazados del mundo, a pesar de disponer de todos los recursos necesarios y de expertos en protección personal, en condiciones meteorológicas extremadamente complicadas, y sin escolta aérea, se haya expuesto al viajar en un helicóptero deficitario en materia de prestaciones aéreas y recursos de seguridad.
El Bell 212 (del cual existen varias versiones) en que viajaba Raisí y su comitiva de 7 personas, fue diseñado y fabricado desde 1968 por la empresa estadounidense Bell Helicopter, la cual vendió aparatos a las fuerzas armadas de Estados Unidos y a varios países y traspasó licencias para la fabricación a algunas firmas.
En todas sus versiones, el Bell 212, es considerado un aparato versátil, idóneo para varios usos, entre ellos militar, defensa civil, transporte de personas y otras faenas aéreas y, a pesar de haber sido certificado como una nave excelente, es difícil concebir su uso oficial por figuras del nivel del presidente de Irán y para vuelos en condiciones tan difíciles y solitarias como las reinantes en su ruta del domingo 19.
Al tratar de comprender el hecho de que el presidente iraní, viajara en un aparato obviamente anticuado y carente de sofisticación tecnológica en materia de navegación, comunicaciones y seguridad, incapaz de alcanzar altas velocidades y grandes alturas que son vitales para la seguridad en el aire, sería posible considerar como virtudes sus carencias.
El Bell 212 pilotado por un solo tripulante, sin copiloto y ningún otro asistente, gobernado a partir de la visión directa del piloto, lo cual lo hace prácticamente inoperable de noche y en condiciones de escasa visibilidad, carece de aviónica (tecnología electrónica, digital y de comunicaciones aplicadas a la aviación moderna) razón por la cual es difícil de rastrear y de ubicar como blanco tanto de jáqueres como para atacantes desde cualquier ubicación.
Seguramente habrá alguna explicación para tan notable circunstancia.
La incertidumbre procede de las circunstancias de que, en apenas 50 días, se deberá encontrar un candidato aceptable para representar al oficialismo en las elecciones extraordinarias fijadas para el 28 de junio, en las cuales, seguramente, la oposición jugará sus cartas.
En medio de momentos convulsos al interior de la nación, una situación regional de máxima crispación y una difícil dinámica internacional, Irán que recién ha sido víctima de un devastador ataque terrorista el pasado mes de enero mientras se rendía homenaje al general Qassem Soleimani que ocasionó más de 80 muertos  y de protagonizar un intercambio militar en gran escala con Israel en respuesta al bombardeo de su consulado en Damasco el pasado 1 de abril, deberá concentrarse en la elección de un nuevo líder.
La sociedad iraní que, desde el triunfo de la llamada revolución islámica en 1979, por diversos motivos, de modo prácticamente ininterrumpido, ha vivido momentos de tensión extrema, deberá ahora enfrentar una prueba de enorme envergadura humana y políticas. Seguramente el pueblo persa, con sus convicciones y su fe, encontrará el modo de vencer la prueba a la que se enfrenta. Buena suerte. Allá nos vemos.