
La reanudación de las ventas de diésel de Rusia a Estados Unidos y la autorización para que reinicie las ventas a otros mercados, la tregua energética entre Rusia y Ucrania y la apertura de los estrechos de Ormuz y Bab al-Mandeb, mediante soluciones no militares, es decir, por acuerdo entre los líderes de los países involucrados, serían aportes trascendentales a la paz, a la normalización del comercio petrolero, y al saneamiento de la situación internacional.
La tregua energética propuesta por el presidente de Estados Unidos y, según se afirma endosada por el de Rusia, supone unos términos según los cuales Rusia dejaría de bombardear las plantas eléctricas de Ucrania y sus respectivas líneas de transmisión y subestaciones; así como otras facilidades lo cual, sobre todo de cara al invierno, pudiera aliviar las situaciones humanitarias, económicas y sociales con probables repercusiones positivas internas.
Tal vez, la propuesta del presidente Donald Trump acerca de una tregua energética entre Rusia y Ucrania, pasa por alto que entre ambos países se libra una guerra total y no solamente un contencioso energético. Con la guerra en su territorio, impactando sobre su población y su patrimonio nacional, con menos recursos militares y económicos que Rusia, Ucrania que ha perdido posiciones, territorios y la iniciativa en los frentes terrestres y carente del dominio del espacio aéreo propio y del mar, trata de contraatacar, con drones y misiles, objetivos críticos de Rusia, principalmente de su industria petrolera.
Por su parte, Ucrania se abstendría de bombardear con drones y misiles las refinerías rusas y los centros de embarque portuarios, comprometidas con el abastecimiento interno de gasolina y diésel y la exportación con la intención de causar daños importantes a la economía rusa.
Mientras tanto la apertura del estrecho de Ormuz supone acuerdos entre estados Unidos e Irán y, en algunas versiones con Omán, mientras Bab al-Mandeb es más complicada porque se trata de negociar con los Ansar Alá (hutíes) que no son un estado sino un movimiento islámico yemenita de perfil tribal, aliado de Irán y en guerra con Arabia Saudita.
El sol la más importante fuente natural de energía, luz y calor, aunque está demasiado lejos de la Tierra, con las tecnologías fotovoltaicas existentes que aprovechan sus radiaciones y otras que operan con su calor y su luz, el aporte solar aumenta su presencia en el balance energético mundial, sumándose a las generadas por el viento y las corrientes de agua que son asequibles desde hace mucho tiempo, ha elevado la presencia de las energías no convencionales.
No obstante, todavía las fuentes no renovables: petróleo, gas, carbón y uranio aportan unas dos terceras partes de toda la energía que requiere la humanidad, el grueso de las cuales es suministrada por apenas una docena de países.
La problemática de la energía a escala mundial se desenvuelve en dos ámbitos fundamentales: producción y distribución de electricidad para la industria y la agricultura, el alumbrado y la climatización, la producción de plásticos, las comunicaciones y los servicios de todo tipo, el abasto de agua, las construcciones, los espectáculos, la vida urbana y la actividad social en general.
Para cubrir tales necesidades diariamente en el mundo se generan unos 80.000 millones de kilovatios/hora (80 teravatios/hora TWh). El 37 % se hace a base de carbón, 21 % mediante gas natural. El 9% nuclear, petróleo 3%, renovables 30% y otras, entre ellas la biomasa, aportan el 5 %.
En cuanto a reservas existen 1.139.471.430.000 toneladas de carbón, con un consumo anual de unas 9.561.825.178 toneladas; suficientes para alrededor de unos 130 años a los ritmos de consumo actuales. En tanto existen unos 7.537.695.000.000.000 pies cúbicos de gas y unos seis millones de toneladas de uranio.
Entre tanto, para cubrir las necesidades mundiales del transporte se fabrican 4,610 millones de litros de diésel y 3.980 millones de litros de gasolina a los cuales, junto con el carbón se atribuyen los mayores impactos respecto a la contaminación ambiental y el cambio climático.
La gasolina, también conocida como gasóleo, nafta o bencina, es un derivado del petróleo que se obtiene mediante la refinación y se utiliza como combustible en los motores de combustión interna, especialmente en los más ligeros y veloces como automóviles, camiones y motocicletas. También para otros usos y aplicaciones industriales.
Según Trading Economics, en 2025 los tres principales productores de gasolina fueron: Estados Unidos, China y Rusia. Ellos fueron también los más consumidores. El mayor exportador son los Estados Unidos con alrededor de un millón de barriles diarios, equivalentes al 20 por ciento del comercio mundial de este combustible. No obstante, la expansión del mercado de los vehículos y trenes eléctricos que aumentan de un año a otro, conspiran contra los crecimientos en ese campo.
De prolongarse los combates de en Ucrania y Oriente Medio, sin extrañar que en algún momento puedan involucrarse otros países pudieran prolongarse las sanciones contra Rusia e Irán con la consiguiente elevación de los precios y la ruina para países y empresas, las pérdidas de empleo y otros importantes contratiempos para la economía mundial.
Aunque la energía no es el eje de ninguno de los conflictos actualmente en marcha, es en todos un componente fundamental y un elemento de conciliación y paz. Ojalá la sensatez y la razón, ausentes en todos los casos, terminen por regresar. Allá nos vemos.
La tregua energética propuesta por el presidente de Estados Unidos y, según se afirma endosada por el de Rusia, supone unos términos según los cuales Rusia dejaría de bombardear las plantas eléctricas de Ucrania y sus respectivas líneas de transmisión y subestaciones; así como otras facilidades lo cual, sobre todo de cara al invierno, pudiera aliviar las situaciones humanitarias, económicas y sociales con probables repercusiones positivas internas.
Tal vez, la propuesta del presidente Donald Trump acerca de una tregua energética entre Rusia y Ucrania, pasa por alto que entre ambos países se libra una guerra total y no solamente un contencioso energético. Con la guerra en su territorio, impactando sobre su población y su patrimonio nacional, con menos recursos militares y económicos que Rusia, Ucrania que ha perdido posiciones, territorios y la iniciativa en los frentes terrestres y carente del dominio del espacio aéreo propio y del mar, trata de contraatacar, con drones y misiles, objetivos críticos de Rusia, principalmente de su industria petrolera.
Por su parte, Ucrania se abstendría de bombardear con drones y misiles las refinerías rusas y los centros de embarque portuarios, comprometidas con el abastecimiento interno de gasolina y diésel y la exportación con la intención de causar daños importantes a la economía rusa.
Mientras tanto la apertura del estrecho de Ormuz supone acuerdos entre estados Unidos e Irán y, en algunas versiones con Omán, mientras Bab al-Mandeb es más complicada porque se trata de negociar con los Ansar Alá (hutíes) que no son un estado sino un movimiento islámico yemenita de perfil tribal, aliado de Irán y en guerra con Arabia Saudita.
El sol la más importante fuente natural de energía, luz y calor, aunque está demasiado lejos de la Tierra, con las tecnologías fotovoltaicas existentes que aprovechan sus radiaciones y otras que operan con su calor y su luz, el aporte solar aumenta su presencia en el balance energético mundial, sumándose a las generadas por el viento y las corrientes de agua que son asequibles desde hace mucho tiempo, ha elevado la presencia de las energías no convencionales.
No obstante, todavía las fuentes no renovables: petróleo, gas, carbón y uranio aportan unas dos terceras partes de toda la energía que requiere la humanidad, el grueso de las cuales es suministrada por apenas una docena de países.
La problemática de la energía a escala mundial se desenvuelve en dos ámbitos fundamentales: producción y distribución de electricidad para la industria y la agricultura, el alumbrado y la climatización, la producción de plásticos, las comunicaciones y los servicios de todo tipo, el abasto de agua, las construcciones, los espectáculos, la vida urbana y la actividad social en general.
Para cubrir tales necesidades diariamente en el mundo se generan unos 80.000 millones de kilovatios/hora (80 teravatios/hora TWh). El 37 % se hace a base de carbón, 21 % mediante gas natural. El 9% nuclear, petróleo 3%, renovables 30% y otras, entre ellas la biomasa, aportan el 5 %.
En cuanto a reservas existen 1.139.471.430.000 toneladas de carbón, con un consumo anual de unas 9.561.825.178 toneladas; suficientes para alrededor de unos 130 años a los ritmos de consumo actuales. En tanto existen unos 7.537.695.000.000.000 pies cúbicos de gas y unos seis millones de toneladas de uranio.
Entre tanto, para cubrir las necesidades mundiales del transporte se fabrican 4,610 millones de litros de diésel y 3.980 millones de litros de gasolina a los cuales, junto con el carbón se atribuyen los mayores impactos respecto a la contaminación ambiental y el cambio climático.
La gasolina, también conocida como gasóleo, nafta o bencina, es un derivado del petróleo que se obtiene mediante la refinación y se utiliza como combustible en los motores de combustión interna, especialmente en los más ligeros y veloces como automóviles, camiones y motocicletas. También para otros usos y aplicaciones industriales.
Según Trading Economics, en 2025 los tres principales productores de gasolina fueron: Estados Unidos, China y Rusia. Ellos fueron también los más consumidores. El mayor exportador son los Estados Unidos con alrededor de un millón de barriles diarios, equivalentes al 20 por ciento del comercio mundial de este combustible. No obstante, la expansión del mercado de los vehículos y trenes eléctricos que aumentan de un año a otro, conspiran contra los crecimientos en ese campo.
De prolongarse los combates de en Ucrania y Oriente Medio, sin extrañar que en algún momento puedan involucrarse otros países pudieran prolongarse las sanciones contra Rusia e Irán con la consiguiente elevación de los precios y la ruina para países y empresas, las pérdidas de empleo y otros importantes contratiempos para la economía mundial.
Aunque la energía no es el eje de ninguno de los conflictos actualmente en marcha, es en todos un componente fundamental y un elemento de conciliación y paz. Ojalá la sensatez y la razón, ausentes en todos los casos, terminen por regresar. Allá nos vemos.