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La ola azul y el llamado de Barack Obama


LA OLA AZUL Y EL ALMA DE LA NACIÓN: OBAMA PONE LOS PUNTOS SOBRE LAS ÍES
Los derechos humanos, la dignidad y los límites del poder frente a la política de mano dura
Análisis editorial | Radio Miami Today

Hay momentos en la historia de una nación en que las elecciones dejan de ser solamente una competencia entre partidos, candidatos y programas políticos. Se convierten también en un profundo debate sobre los principios que sostienen a una sociedad, la fortaleza de sus instituciones y el respeto a la dignidad humana.
Estados Unidos atraviesa uno de esos momentos.
A pocos días de las elecciones de medio término del próximo 3 de noviembre, el expresidente Barack Obama ha vuelto a situarse en el centro del debate político nacional. Desde Cleveland, Ohio, sus declaraciones sobre inmigración, seguridad y derechos ciudadanos plantean una interrogante que trasciende las diferencias entre demócratas y republicanos:
¿Qué significa realmente defender el alma de una nación?
OBAMA: SEGURIDAD SÍ, PERO CON RESPETO A LOS DERECHOS HUMANOS
Durante un acto de campaña en Cleveland, según el material periodístico recibido, Obama defendió la necesidad de mantener fronteras ordenadas y seguras, pero cuestionó las prácticas de aplicación de las leyes migratorias que pueden vulnerar derechos fundamentales.
Una de las declaraciones que se le atribuyen resume su crítica:
«No recuerdo que nadie hiciera campaña prometiendo enviar a agentes enmascarados».
La frase tiene una indudable dimensión política, pero también plantea un problema institucional que merece examinarse.
¿Hasta dónde puede llegar la autoridad del Estado cuando actúa en nombre de la seguridad nacional?
¿Puede el cumplimiento de las leyes convertirse en justificación para actuaciones arbitrarias?
¿Quién vigila a quienes tienen la responsabilidad de hacer cumplir la ley?
Estas preguntas deberían interesar tanto a demócratas como a republicanos, porque la Constitución de Estados Unidos no pertenece a ningún partido político.
Pertenece a la nación.


LA OLA AZUL Y LA DISPUTA POR EL ALMA DE ESTADOS UNIDOS
La expresión ola azul, utilizada para describir una movilización electoral favorable al Partido Demócrata, adquiere en esta campaña un significado que sus partidarios relacionan con la defensa de las instituciones y las libertades civiles.
Sin embargo, una elección no determina por sí sola qué partido representa el alma de una nación.
La verdadera prueba está en las políticas públicas, en la conducta de los gobernantes y en su disposición a respetar los derechos de quienes piensan diferente.
Para Obama, según reflejan sus declaraciones, la seguridad fronteriza y el respeto a la dignidad humana no deberían ser objetivos incompatibles.
La administración de Donald Trump sostiene una política de aplicación más estricta de las leyes migratorias, que sus defensores consideran necesaria para garantizar la seguridad y el cumplimiento de la legislación.
Sus críticos, por otra parte, cuestionan la proporcionalidad de determinados procedimientos, el trato a los inmigrantes y la rendición de cuentas de las agencias federales.
Aquí aparece una cuestión fundamental: el Estado puede ejercer su autoridad, pero esa autoridad debe permanecer sometida a la ley, al debido proceso y al control democrático.
La firmeza gubernamental no debería confundirse con la ausencia de límites.
LA SOBERBIA DEL PODER Y LA DIGNIDAD DEL SER HUMANO
La historia de la humanidad demuestra que el poder necesita contrapesos.
No importa quién ocupe la Casa Blanca ni qué partido controle el Congreso.
Cuando la fuerza sustituye al razonamiento, cuando la intimidación desplaza al diálogo y cuando la condición migratoria de una persona se convierte en motivo para desconocer sus garantías legales, aparecen riesgos que una democracia tiene la obligación de enfrentar.
El inmigrante también es un ser humano.
Detrás de cada expediente migratorio existe una historia familiar, una esperanza, un esfuerzo y, muchas veces, un sacrificio extraordinario.
Millones de personas llegaron a Estados Unidos buscando precisamente aquello que hizo de este país un símbolo internacional: la posibilidad de trabajar, progresar y vivir bajo el imperio de la ley.

EL ALMA DE LA NACIÓN NO CABE EN UNA URNA
Estados Unidos ha vivido profundas confrontaciones sobre sus valores fundamentales.
La abolición de la esclavitud, el movimiento por los derechos civiles, las luchas por la igualdad ante la ley y los debates sobre inmigración forman parte de una historia compleja, marcada tanto por avances extraordinarios como por dolorosas contradicciones.
Martin Luther King Jr. defendió una transformación moral de la sociedad basada en la justicia y la dignidad humana.
Aquella lucha no consistía solamente en modificar leyes, sino también en transformar conciencias.
Hoy, las preguntas esenciales siguen vigentes.
¿Puede una gran potencia ser verdaderamente fuerte si no protege los derechos fundamentales?
¿Puede hablarse de libertad cuando el temor condiciona la vida cotidiana de las comunidades?
¿Puede una democracia mantener su legitimidad si sus instituciones dejan de responder ante la ciudadanía?
Las respuestas no deberían depender de las simpatías partidistas.
MÁS PUENTES Y MENOS MUROS
Desde Radio Miami Today hemos defendido reiteradamente la importancia del diálogo, la paz, la convivencia y el respeto entre los seres humanos.
Esa convicción también debe aplicarse al debate interno de Estados Unidos.
Una frontera segura no exige una sociedad dividida.
El cumplimiento de la ley no requiere renunciar a la compasión.
La llamada ola azul representa una aspiración política de sus simpatizantes. Su alcance real será determinado por los ciudadanos en las urnas, no por las consignas ni por los pronósticos.
Pero la cuestión planteada por Obama continuará siendo relevante cualquiera que sea el resultado electoral.
Porque el alma de Estados Unidos no pertenece a los demócratas ni a los republicanos: pertenece a su pueblo, a sus instituciones y a los principios constitucionales que deben proteger a todos.
La grandeza de una nación no se mide solamente por su poder económico, militar o tecnológico.
También se mide por la manera en que trata a los más vulnerables, por la independencia de su justicia y por el respeto que demuestra hacia quienes carecen de poder.
Quizás esa sea la cuestión más importante de esta hora histórica.
No solamente quién ganará las elecciones.
Sino qué clase de nación desean construir los estadounidenses después de ellas.

EE.UU ha tenido desde su fundación una sociedad de emigrados trabajores, de hombres y mujeres honestos precursores también de familias educadas en el Amor al prójimo.

Porque una nación preserva su alma cuando la justicia está por encima de la soberbia, cuando el respeto supera al miedo y cuando la dignidad humana no depende de quién gobierne.
Radio Miami Today — Miami, Florida.
Edición asistida por inteligencia artificial.

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