¿POR QUÉ NO UN BARCO DE ALIMENTOS Y MEDICINAS EN LUGAR DE UN BUQUE DE GUERRA?
Cuba y Estados Unidos: las lecciones de Vietnam, China y Corea del Norte
Editorial de Radio Miami Today
24 de octubre de 2026
Una vez más, las relaciones entre Estados Unidos y Cuba ocupan titulares que despiertan preocupación, incertidumbre y numerosas interrogantes.
Según una información divulgada por Univision Miami, el presidente Donald Trump declaró el 23 de octubre, durante una intervención en Fort Myers, Florida, que buques estadounidenses podrían acercarse a las costas cubanas después de concluir operaciones militares en Irán. También habló de enviar al secretario de Estado, Marco Rubio, para «terminar el trato». ¿Que trato? Lo único que tiene que hacer Estados Unidos es tumbar el bloqueo a la isla.
Todavía necesitamos conocer más de esas palabras y determinar si representan un anuncio de guerra nuevamente, es una expresión política o una posibilidad que la Casa Blanca pudiera considerar de verdad, el diálogo y una franca negociación entre los dos países vecinos…¡ OJALÁ!
Pero esas declaraciones nos llevan a formular algunas preguntas que consideramos oportunas, especialmente cuando faltan pocos días para que la Asamblea General de las Naciones Unidas paraa examinar y aprobar la resolución presentada por Cuba contra el bloqueo económico, comercial y financiero estadounidense.
¿Por qué pensar en acercar buques militares a Cuba y no imaginar barcos cargados de alimentos, medicinas, equipos hospitalarios, materias primas y productos necesarios para la vida cotidiana?
¿Por qué no pensar en un barco estadounidense descargando mercancías en La Habana, Santiago de Cuba, Mariel, Cienfuegos, Nipe o cualquier otro puerto cubano con capacidad para recibirlas?
¿Por qué no convertir nuestros puertos, separados por apenas unas decenas de millas de distancia en el estrecho de Florida, en espacios de comercio, cooperación y entendimiento con Cuba?
¿Por qué no sustituir la imagen de la confrontación por la de trabajadores portuarios descargando medicamentos destinados a hospitales, alimentos para las familias y equipos necesarios para producir electricidad?
Y, sobre todo, ¿qué obstáculos concretos habría que resolver para que esas imágenes dejaran de ser preguntas y comenzaran a convertirse en una realidad cotidiana?
VIETNAM: DE LA GUERRA AL COMERCIO
La historia nos ofrece experiencias que merecen estudiarse.
Durante décadas, Estados Unidos y Vietnam estuvieron enfrentados en una de las guerras más dolorosas del siglo XX.
Miles de familias estadounidenses y millones de familias vietnamitas se llenaron de luto, sufrieron las consecuencias de aquel conflicto. Sin embargo, con el paso del tiempo, ambos países encontraron caminos para superar una parte importante de sus diferencias. Hoy EE.UU le cuida hasta las costas de ese pais asiático.
En 1995 restablecieron relaciones diplomáticas y posteriormente ampliaron sus vínculos económicos y comerciales.
Vietnam continúa gobernado por un partido comunista. Estados Unidos mantiene su sistema político. Ninguno de los dos países tuvo que adoptar el sistema del otro para comerciar.
Entonces cabe preguntarnos:
¿Por qué una experiencia de normalización que pudo desarrollarse entre Washington y Hanói no podría ofrecer enseñanzas para las relaciones entre Washington y La Habana?
¿Qué sectores de la economía cubana podrían beneficiarse de acuerdos comerciales similares?
¿Qué oportunidades existirían en la agricultura, la energía, la industria alimentaria, los servicios, la tecnología y la salud?
Naturalmente, Cuba y Vietnam poseen estructuras económicas, circunstancias históricas y condiciones diferentes. Ninguna experiencia puede copiarse mecánicamente.
Pero estudiar aquello que ha funcionado entre antiguos adversarios resulta más provechoso que asumir que las diferencias son eternamente irreconciliables.
CHINA Y ESTADOS UNIDOS: COMERCIO A PESAR DE LAS DIFERENCIAS
China representa otro ejemplo.
Washington y Beijing mantienen profundas diferencias políticas, estratégicas y comerciales. Han atravesado disputas arancelarias, restricciones tecnológicas y desacuerdos sobre asuntos internacionales.
Sin embargo, durante décadas han sostenido importantes intercambios comerciales y relaciones económicas que involucran empresas, consumidores, inversiones y cadenas de suministro.
Estados Unidos comercia con China sin exigir que desaparezca el sistema político chino.
China comercia con Estados Unidos sin reclamar que desaparezca el sistema político estadounidense.
¿Por qué no analizar qué enseñanzas pueden extraerse de esa coexistencia para determinados sectores económicos cubanos?
¿Por qué no examinar acuerdos de suministro de alimentos, medicamentos, equipos industriales y tecnologías para la generación eléctrica?
¿Por qué no estudiar mecanismos financieros y comerciales compatibles con la legislación vigente y, cuando sea necesario, debatir los cambios regulatorios y legislativos que permitan ampliarlos?
Las diferencias políticas no han impedido todo intercambio entre Washington y Beijing.
¿Por qué deberían impedir necesariamente una expansión del intercambio económico entre Cuba y Estados Unidos?
COREA DEL NORTE: INCLUSO SIN RELACIONES DIPLOMÁTICAS SE PUEDE CONVERSAR
Existe todavía otro antecedente que invita a la reflexión.
Estados Unidos y Corea del Norte no mantienen relaciones diplomáticas formales y han vivido momentos de extrema tensión por cuestiones militares y nucleares.
Sin embargo, el propio Donald Trump sostuvo encuentros con Kim Jong-un en 2018 y 2019.
Aquellas conversaciones no resolvieron las diferencias fundamentales ni produjeron una normalización económica.
Pero demostraron que es posible abrir canales de diálogo aun entre gobiernos profundamente enfrentados.
Entonces surge otra pregunta:
Si Washington pudo sentarse a conversar directamente con Pyongyang, ¿qué impediría explorar o ampliar mecanismos de conversación con La Habana?
La comparación no supone equiparar la situación cubana con la norcoreana. Son realidades muy distintas.
Se trata de reconocer que la diplomacia dispone de instrumentos para abordar desacuerdos sin recurrir necesariamente a una escalada de amenazas.
¿Y SI EN VEZ DE UN PORTAAVIONES LLEGARA UN BARCO HOSPITAL?
Imaginemos por un instante una escena diferente en el Caribe.
Un buque hospital estadounidense llega a un puerto cubano mediante un acuerdo de cooperación sanitaria.
Médicos cubanos y estadounidenses intercambian conocimientos, colaboran en tratamientos especializados y realizan actividades científicas conjuntas.
Otro barco llega con alimentos destinados al comercio regular.
Un tercero transporta equipos para recuperar instalaciones eléctricas, modernizar industrias.
Desde Cuba pudieran llegar también barcos de muchos productos importantes, no sólo Níquel, cobalto, Cromo también de talentos y de recursos humanos e intelectuales…

