Aunque ha perdido las dos guerras mundiales que ha desencadenado, las antológicas tradiciones castrenses alemanas han sido recientemente desmentidas por el desliz de cuatro altos oficiales de las fuerzas áreas que el pasado 19 de enero, por medios de comunicación inseguros, sostuvieron una comprometedora plática que ha llevado las relaciones con Rusia y un punto crítico y sembrado la desconfianza en la OTAN.
La crisis se desató el pasado viernes 3 de marzo, cuando fuentes rusas publicaron un audio revelador de una conversación de 38 minutos entre militares de las fuerzas aéreas alemanas de alto rango, incluido el general Ingo Gerhartz, inspector general, acerca de eventuales operaciones contra el puente que une a Crimea con Rusia y sobre la entrega a Ucrania de misiles Taurus, lo cual reveló fisuras en la seguridad germana y puede indicar el nivel de penetración rusa en las fuerzas armadas de Alemania.
Hasta el momento, para evitar implicarse aún más en la guerra contra Rusia, el gobierno alemán se ha abstenido de entregar a Ucrania misiles Taurus, capaces de alcanzar hasta 500 kilómetros, volar de forma independiente y a baja altura hasta alcanzar profundidades del territorio ruso y evadir las defensas antiaéreas.
Según el diario alemán Der Spiegel, para sorpresa de los órganos de contrainteligencia, el diálogo entre los oficiales, se realizó mediante una plataforma digital, “relativamente fácil de interceptar”, incluso, por lo menos uno de los contertulios, se conectó mediante un teléfono móvil desde un hotel en Singapur, lo cual revela un vergonzoso amateurismo.
Tanto el ministro de defensa Boris Pistorius como el canciller Olaf Scholz reconocieron la autenticidad de la filtración y están a la espera de los resultados de la investigación ordenada respecto, la cual pudiera esclarecer si se trata de una indiscreción, una medida activa, una acción de espionaje o una negligencia al utilizar medios de comunicación inadecuados.
La indagación debe asumir posibles implicaciones colaterales, incluido el modo como Rusia obtuvo la grabación y la posibilidad de que existan otras filtraciones del mismo carácter. De momento, entre otras consecuencias, Alemania encara un enorme ridículo.
El pasado 4 de marzo, el embajador de Alemania en Moscú, Alexander Graf Lambsdorff, visitó el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia en relación con el incidente donde, con toda probabilidad debe haber sido interpelado respecto al incidente respecto al cual Moscú exige explicaciones directas del gobierno alemán.
La conversación también aludió pormenores acerca de la guerra en Ucrania, incluida la entrega de misiles Taurus, así como de la presencia de militares británicos que asisten a los artilleros ucranianos en el empleo de misiles Storm Shadow, proporcionándoles coordenadas de blancos rusos.
Según trascendidos uno de los participantes en la extravagante tertulia, impropia de profesionales entrenados y de militares disciplinados, insistió: “…Hemos llegado a la conclusión de que el puente es como una pista de aterrizaje por su tamaño. Por lo tanto, puede que no sea suficiente con diez ni siquiera con veinte misiles” Según medios rusos se aludió al probable empleo de cazas franceses “Rafale” como portadores de los misiles.
Según se conoce las revelaciones de los militares alemanes son mucho menos importante que la evidencia de las capacidades rusas para explorar el éter y obtener información, así como para penetrar estructuras militares y políticas europeas lo cual es favorecido por el comportamiento infantil de militares a los cuales se presume calificados para evitar comportamientos en que, difícilmente incurran los Boy Scouts. Allá nos vemos.