La pregunta más grande de la historia y mejor formulada, con lógica, argumentos irrebatibles y una carga de humanidad incuestionable la hizo un gigante: Fidel Castro, seguidor de la accion y las ideas de Simon Bolivar, Jose Marti, Carlos Marx y Vladimir Ilích Lenin. La interrogante en la Cumbre Mundial sobre la alimentación efectuada en la sede de la FAO en Roma el 16 de noviembre de 1996 ha tenido oidos sordos de la ultraderecha mundial que ha hecho silencio al sentirse aludida.

Repitamos la interrogante del lider de la Revolucion cubana

«¿Por qué se invierten 700 000 millones de dólares cada año en gastos militares y no se invierte una parte de estos recursos en combatir el hambre, impedir el deterioro de los suelos, la desertificación y la deforestación de millones de hectáreas cada año, el calentamiento de la atmósfera, el efecto invernadero, que incrementa ciclones, escasez o excesos de lluvias, la destrucción de la capa de ozono y otros fenómenos naturales que afectan la producción de alimentos y la vida del hombre sobre la Tierra?»

Ochenta y cinco palabras tiene la contundente pregunta que desde entonces ha recibido mutis y amenaza ser tapada con más silencio. Los «señores del mundo» no oyen los discursos en defensa de los pobres. Tampoco oyen letras de canciones que denuncien lo iracional y salvaje que significa atentar contra el Medio Ambiente.

Era un adolescente cuando escuché por primera ves una canción del brasileño Roberto Carlos /Yo quisiera poder aplacar una fiera terrible/ Yo quisiera poder transformar tanta cosa imposible/ Yo quisiera decir tantas cosas que pudieran hacerme sentir bien conmigo/. Hermosa melodía para un himno de la humanidad que debería ser entonado por los grandes empresarios y «dueños» del mundo que hoy no se inmutan ante el vertedero oceánico.

Los océanos se han convertido en reservorios de desechos que envenenan a los seres vivos de la tierra y el agua. A los mares-junto con las aguas residuales- que van a parar a la basura y generan los grandes consorcios industriales de los países desarrollados: ¡el colmo hasta residuos radiactivos!

Los científicos consideran que el ochenta por ciento de los contaminantes que invaden la mar provienen de fuentes terrestres. Los seres humanos se pasan la vida fabricando la muerte, su propia extinción orientada por un puñado de negligentes, sedientos de papeles dólares.

La realidad de la contaminación esta en la mente de los hombres por el afán de riquezas destruyen la naturaleza. Cuanta razón tiene el cantor como ironía perfecta / Yo quisiera no ver tantas nubes oscuras arriba/ navegar sin hallar tantas manchas de aceite en los mares/ y ballenas desapareciendo por falta de escrúpulos comerciales/ Yo quisiera ser civilizado como los animales /.

Hoy el hombre, debiera mirar más a los animales y aprender de ellos la armonía del trabajo y la sostenibilidad alimentaria; aprender como las abejas capaces de hacer uno de los productos mas saludables de la naturaleza, como es la miel, gracias al esfuerzo colectivo exhiben racionalidad, disciplina, inteligencia. Los animales apenas contaminan y cuando lo hacen es como consecuencia de la acción irresponsable de los hombres. Es lógico que el cantor quiera ser como los animales porque nada justifica que tanto verde en la tierra ande muriendo y las buenas aguas de los ríos y los peces desaparezcan.

Fidel Castro como gran humanista que es, hizo la pregunta más grande de la historia en nombre de los millones y millones de hambrientos del planeta y al propio tiempo, en la interrogante, dio la sugerencia de cómo acabar con la miseria. No podemos olvidar que proteger la naturaleza y los recursos naturales a partir de un modelo de desarrollo sostenible era la principal premisa del líder histórico de la Revolución cubana quien propuso pagar la deuda ecológica y no la deuda externa, desaparecer el hambre y no el hombre. La respuesta a la idea que ofreció Fidel Castro tampoco ha llegado, pero que conste sus ideas marcaron un hito en el pensamiento medioambiental, al denunciar la necesidad de una mejor distribución de las riquezas y de la aplicación de la tecnología para el desarrollo, y no para el lujo y el despilfarro que promueven las sociedades consumistas.

Hoy continúan las inversiones de armas para las guerras en busca del petróleo con el pretexto de matar terroristas. Los politicos defensores de la barbarie no han respondido la pregunta, y si están a punto de acabar con la humanidad.