En la zaga de María Estela Martínez de Perón, primera mujer en ejercer la presidencia en Latinoamérica (1974-1976), América Latina llegó a contar con 10 presidentas, entre ellas: Violeta Barrios, en Nicaragua, la panameña Mireya Moscoso, Cristina Fernández en Argentina, Michelle Bachelet, en Chile, Laura Chinchilla de Costa Rica y Dilma Rousseff. Después de tener cuatro presidentas a la vez, con la partida de Michelle Bachelet, la región se ha quedado sin ninguna. El hecho parece formar de una tendencia mundial. En 2017 solo 16 de los casi doscientos estados existentes eran gobernados por mujeres.
Algunas presidentas latinoamericanas como María Estela Martínez, Violeta Barrios, Mireya Moscoso y Cristina Fernández de Kirchner, llegaron al estrellato de la mano de sus maridos. María Estela fue derrocada por un golpe de estado militar, en tanto la brasileña Dilma Rousseff fue privada de su cargo mediante un amañado “juicio de responsabilidad” y la Kirchner está a punto de ser condenada y probablemente encarcelada.
Violeta Chamorro, de una adinerada familia, incursionó en la política tras la muerte de su esposo y, al frente de una coalición opositora, sacó del poder a los sandinistas representados por el actual presidente nicaragüense Daniel Ortega. De extracción humilde, Moscoso fue catapultada a la política tras la muerte de su esposo el tres veces presidente de Panamá, Arnulfo Arias.
La médica socialista Michelle Bachelet dos veces mandataria de Chile, en parte debe su notoriedad y éxito político a su padre, un general constitucionalista al que el dictador Augusto Pinochet acusó de traición. Junto a su madre, de joven fue detenida y torturada. En 2010 y 1918, al concluir sus mandatos, contaba con una popularidad mayor que al asumir la presidencia.
Por una inexplicable omisión al enumerar a las mujeres presidentas y jefas de gobierno en la región, se ignora a las del Caribe, entre otras, a las estadounidenses Janet Jagan, viuda del líder guyanés, de tendencia socialista, Cheddi Jagan, así como a la jamaicana Portia Simpson Miller, ex primera ministra de Jamaica.
Tal como se presentan los hechos, no es probable que a corto plazo las mujeres latinoamericanas vuelvan a contar con una representación tan relevante y calificada como las que disfrutaron cuando gobernaron algunos de los más importantes piases del continente ni con el protagonismo que hasta hace poco tuvieron. Entre otras cosas porque, aunque ellas mismas a veces no lo sean, su ascenso al poder es un elemento que marca una tendencia progresista, incluso de izquierda.
No puedo afirmar que Dilma y Cristina estén siendo víctimas del machismo latinoamericano, pero tal vez su linchamiento político forme parte de la oleada de feminicidio que invade el continente. Cuando las mujeres regresen a los primeros planos, con ellas volverán las opciones progresistas. Allá nos vemos.










