Felicidades Irma Shelton Tasé, como madre, periodista y Gran Cubana

Lamento la mala intención de algunos colegas respecto a la publicación desde Cuba de Irma Shelton Tasé. Periodista y presentadora de la televisión cubana, por cierto, una excelente profesional de los medios, muy culta, lee mucho, investiga, vive para su familia y su trabajo, y  domina más de un idioma. Irma, no publica nada, sino lo investiga primero y no tiene temor, señalar algo negativo, que no marche bien, lo mismo en Cuba que el mundo, es valiente. Tal como Iroel Sánchez escribió Ella no mintió. Su trabajo se limitó a recoger lo que otros medios televisivos norteamericanos, una ONG como Feeding América y la BBC, han publicado

En cuestión La Shelton como le decimos cariñosamente, solo publicó un cinco por ciento de todas las publicaciones que se hacen desde el propio EEUU abordando el tema. Hay que felicitarla, por eso lo hago, también como madre, que es tan grande como comunicadora y cubana. Y colega, no olvides la sabia expresión de tu coterráneo santiaguero  Félix Benjamín Caignet Salomón, el autor del DERECHO DE NACER que dijo y escribió «LA ENVIDIA ES UN RAYO, QUE SÓLO LE CAE A LA PALMAS Y NO A LA VERDOLAGA»

Les dejo ahora con algunos materiales que reflejan mi tesis:  Estados Unidos, el país de más comida en el mundo, pero mal repartida y también España, Francia y la lista sería interminable…

Mal repartida desde hace tiempo….Mucho antes de la Pandemia. A continuación podrán ver y leer tres materiales, dos son de Estados Unidos y uno de España. Antes el testimonio  de Roman, un rumano, que vive en Francia, viudo, con dos hijos chicos, que vive en la villa miseria cerca del periférico en Montreuil,  pero mendiga en el Faubourg St Antoine. ”Llevamos dos días sin comer. Ya no tengo nada para mis chicos. Si no abren el colegio, vamos a morir de hambre. No se puede salir a la calle. No tengo más nada”, revela. 

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Impacto del coronavirus en EE.UU.: las largas y sorprendentes colas ante los bancos de alimentos en el país más rico del mundo

Fila de autos esperando a recibir alimentosDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionEn las ciudades más grandes de EE.UU., el reparto de alimentos se ha tenido que organizar en autos para evitar el contacto personal.

Presume de ser el país más próspero del planeta, pero millones de sus habitantes pasan hambre.

Una realidad que se ha visto agravada por la expansión del coronavirus y que estos días se refleja en las interminables filas de autos que se forman en puntos de entrega de comida.

La crisis sanitaria que vive Estados Unidos, actual epicentro de la pandemia de covid-19, arroja inquietantes cifras: más de un millón de contagios confirmados, más de 60.000 muertes y más de 30 millones de nuevos desempleados.

En este contexto, los bancos de alimentos del país redoblan esfuerzos para llegar al mayor número de personas, con el desafío adicional de hacerlo manteniendo la distancia.

Autos en fila esperan que empiece la distribución gratuita de alimentosDerechos de autor de la imagenBBC MUNDO
Image captionCientos de personas acudieron el miércoles 29 de abril a un reparto gratuito de alimentos en Miami Beach.

Ciudades como Chicago, Pittsburgh, San Antonio o Miami, entre otras, empiezan a acostumbrarse a ver larguísimas colas de autos cuyos conductores esperan su turno para recibir cajas de productos básicos.

BBC Mundo acudió a varios puntos de distribución en Miami.

«Qué le voy a hacer»

Pepe logró lo inesperado: ser el primero en la fila de autos de varios kilómetros de longitud que se formó en Miami Beach el miércoles 29 de abril.

Auto de policía y un auto blanco detrás en Miami BeachDerechos de autor de la imagenBBC MUNDO
Image captionPepe, conductor del vehículo blanco, no podía creer que tenía el primer lugar en la fila de espera.

Había oído que las autoridades locales junto con la organización Feeding South Florida, el banco de alimentos más grande del sur del estado, iban a repartir comida a unas 500 familias.

Como se ha hecho común desde la aparición del coronavirus, el método de entrega era por drive-thru, que consiste en que los autos circulan despacio con los maleteros abiertos mientras los organizadores del reparto y voluntarios colocan en su interior productos suficientes para una semana.

La cita era a la 1 de la tarde, pero él se presentó a las 5 de la mañana. Cuando se dio cuenta de que era el primero, fue como si le hubiera tocado la lotería.

"Gracias por la ayuda, que Dios los bendiga" se lee en un cartel en un maleteroDerechos de autor de la imagenBBC MUNDO
Image captionEl conductor de este auto emocionó a los voluntarios con un cartel de agradecimiento en el maletero.

«Intento ir a todos los sitios que puedo para que me den comida», nos cuenta. «Qué le voy a hacer, me hace falta», añade encogiendo los hombros.

Hasta ahora no había tenido esa suerte, en varias ocasiones se ha tenido que ir con las manos vacías porque al llegar su turno ya no había mercancía.

Pero la necesidad es fuerte y adelanta que seguirá acudiendo a todos los centros de distribución que pueda.

Variedad de productos

La distribución de alimentos funciona al estilo de una cadena de montaje, los voluntarios se colocan en puntos estratégicos para hacer que la entrega sea lo más rápida y fluida posible.

A los conductores se les recuerda que deben mantener las ventanillas subidas para evitar todo contacto y se les pide que no se detengan.

David Richardson, comisionado del Ayuntamiento de Miami BeachDerechos de autor de la imagenBBC MUNDO
Image captionEl gobierno de la ciudad de Miami Beach organiza cuatro entregas semanales.

«Los productos que entregamos dependen de la disponibilidad de cada día», le explica a BBC Mundo David Richardson, comisionado del Ayuntamiento de la Ciudad de Miami Beach.

«Hoy tenemos jugo de naranja, pavo congelado, pepinos, fruta enlatada, frijoles, huevos, uvas pasas, carne de hamburguesa, yogures ¡y flores!», detalla.

Richardson señala que este es el primer día que organiza la distribución de alimentos en esta parte de la ciudad, 50 cuadras al norte de South Beach, donde hace entregas semanales los sábados.

Autos parados en la avenida Collins en Miami BeachDerechos de autor de la imagenBBC MUNDO
Image captionEl atasco en Miami Beach llegó a una de sus vías principales, la avenida Collins.

«En total, estamos atendiendo a 2.200 individuos o familias a la semana en todo Miami Beach«, indica.

La otra cara del paraíso

A pocos metros de donde nos encontramos están la playa (ahora cerrada) y Collins, la avenida principal que recorre de norte a sur este destino turístico por excelencia.

Una voluntaria ayuda a una mujer a acercarse a la aceraDerechos de autor de la imagenBBC MUNDO
Image captionAunque el reparto de alimentos se realiza exclusivamente en autos, las personas que llegan a pie pueden inscribirse en una lista para recibir los productos en casa.

El contraste es abrumador.

«Hay mucha inseguridad alimentaria en la playa», apunta J. Elizabeth Alemán, predecesora de Richardson en la comisión municipal.

«La gente no se da cuenta, todos piensan que es un lugar rico, y lo es, pero muchos vecinos viven en viejos y pequeños apartamentos, construidos en los años 40, en los que residen familias completas».

Alemán suele ayudar en el centro de distribución de South Beach y ha observado que ahora, a raíz de la crisis del coronavirus, hay un nuevo perfil: el de quienes nunca pensaron que se verían en esta situación.

«El miedo a no poder poner comida en la mesa es transversal a todos los niveles socioeconómicos«, sostiene.

Una de las voluntarias es Romina Orozco, dueña de la floristería Abbot, que llega con un regalo especial, cientos de ramos de flores para que las personas se lleven un detalle extra.

A esta mujer de origen argentino no le extraña que en un lugar como Miami Beach tantas personas hayan acudido a pedir ayuda.

Romina Orozco ante el maletero de un auto en Miami BeachDerechos de autor de la imagenBBC MUNDO
Image captionRomina Orozco donó cientos de flores de su negocio para aportar un detalle especial.

«En el sur de Florida, en este sector, la mayoría de la gente trabaja en la hostelería, en restaurantes y en este momento están la mayoría cerrados», expone.

«El sábado pasado en la 21 y Collins había gente desde las 3 de la mañana. La gente está necesitada«.

Creciente demanda

Los datos corroboran lo que dicen los entrevistados.

Antes de la pandemia, 1 de cada 7 personas en EE.UU. buscaba asistencia en los bancos de alimentos, según cifras de Feeding America, red nacional que abarca cientos de organizaciones que combaten el hambre.

Vista aérea de un reparto de alimentosDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLos propios bancos de alimentos se encuentran en una situación complicada para abordar la crisis, ante el aumento de la demanda y la reducción de las donaciones de supermercados y restaurantes.

La demanda se ha duplicado o incluso triplicado en algunos lugares.

Feeding South Florida, por ejemplo, sirve actualmente a unas 265.000 personas a la semana en cuatro condados del sur de Florida.

Es más del doble de las personas que solía atender, unas 120.000 a la semana.

«Esto no tiene precedentes», le dice a BBC Mundo Paco Vélez, director ejecutivo de Feeding South Florida.

Vélez explica que la organización está acostumbrada a situaciones complicadas, por ejemplo por la ocurrencia de huracanes en la región, pero la crisis actual ha superado las emergencias anteriores.

Un grupo de voluntarios preparan cajas de alimentos para donarDerechos de autor de la imagenBBC MUNDO
Image captionLos voluntarios prepararon con entusiasmo los paquetes que entregaron a los beneficiarios.

«El temor más grande es el miedo a lo desconocido», subraya. «Las secuelas de esto van a ser muy significativas».

A Vélez le preocupa que, pasado lo peor de la pandemia, la gente se olvide de las necesidades de los más desfavorecidos.

En las últimas semanas, la organización ha distribuido cerca de 10 millones de kilos de comida, en comparación con los tres millones que repartió durante el mismo período en 2019.

La sombra del desempleo

En Coconut Grove, un arbolado y tranquilo barrio de Miami, hay otro punto de reparto de alimentos.

Pese a la cantidad de autos que hacen fila en este laberinto de calles residenciales, no se percibe tensión alguna. La gente espera con paciencia, sin enfados o bocinazos.

Elkin, de Farm ShareDerechos de autor de la imagenBBC MUNDO
Image captionLas organizaciones que ya antes de la pandemia repartían alimentos han visto cómo la demanda se ha duplicado o incluso triplicado.

«Yo soy el que trae la comida», dice Elkin, de Farm Share, la organización al frente de este reparto con el apoyo de autoridades locales.

«Ya hacíamos este trabajo antes, pero con el coronavirus se ha notado mucho cambio. Antes solo se hacía una distribución por día, ahora hacemos tres o cuatro y por todos los lados».

La comida de hoy la aporta el gobierno federal a través del Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA, por sus siglas en inglés).

Vehículo en el reparto de alimentos en Coconut Grove, MiamiDerechos de autor de la imagenBBC MUNDO
Image captionLos conductores no tienen que bajarse del auto ni cumplir ningún requisito especial.

Hay pollo, una bolsa con productos enlatados, pasta, arroz, frijol y garbanzos; después viene la leche, un galón por familia; a continuación hay fruta, hoy manzanas y naranjas; después de eso entregan verduras, y lo último que se reparte es el pan.

«Así es la secuencia que se hace. En una hora u hora y media pasan 500 carros. Se reparte hasta que haya, generalmente quedan muchos carros por fuera, no alcanza», lamenta Elkin.

Entre los voluntarios que entregan comida se encuentra Nick Duran, legislador en la Asamblea estatal de Florida.

«Hay muchas familias con verdaderos problemas para llegar a fin de mes», le dice Duran a BBC Mundo.

«Este tipo de repartos con organizaciones como Farm Share y autoridades estatales y locales son una forma de hacer llegar comida a la gente».

Nick DuranDerechos de autor de la imagenBBC MUNDO
Image captionFiguras de la política local participan también en la distribución de productos.

Además de comida, los voluntarios ofrecen formularios para solicitar el subsidio de desempleo.

Y es que muchas de las personas que por primera vez necesitan donaciones de comida perdieron su trabajo recientemente.

Es el caso de Dora y Marcela, que se llevan varias solicitudes, en inglés y español.

Estas dos mujeres nos dicen que han llegado al lugar a las 4 de la madrugada, y aun así no han sido de las primeras en avanzar hacia la cadena de reparto.

«Mi familia solo puede sobrevivir dos semanas sin un cheque«, indica Dora.

Vivir al día

Todo esto deja a la vista el precario estado en el que se encuentran millones de personas en EE.UU.

No es una sorpresa que la demanda de ayuda alimentaria haya subido de forma exponencial con la crisis del coronavirus y que la mayoría de los beneficiarios sean primerizos, según organizaciones de los diferentes estados.

Latas de comida y otros productos en cajas de cartónDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLa crisis generada por el coronavirus ha desencadenado una demanda de donaciones sin precedentes en Estados Unidos.

Mucha gente vive al día, sin suficientes ahorros y con el peso de deudas de tarjetas de crédito, hipotecas, préstamos de autos o créditos estudiantiles.

Según un estudio divulgado el año pasado por la Reserva Federal, el banco central estadounidense, en caso de que tuvieran que enfrentar un gasto inesperado de US$400, el 27% de los adultos en EE.UU. tendrían que pedir dinero prestado o vender algo y un 12% no tendrían manera de desembolsar ese dinero.

Y de acuerdo al índice de seguridad financiera de Bankrate 2019, ya antes de la actual crisis la mitad de los adultos no tenía los suficientes ahorros para cubrir tres meses de gastos.

Un hombre llena su maletero de agua y alimentosDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionEn algunos lugares se permite que las personas acudan a recoger los productos.

Con las cifras de desempleo que se registran semana tras semana, el panorama no es muy alentador.

Feeding America calcula que por lo menos 17,1 millones de personas pasarán a enfrentar inseguridad alimentaria en los próximos meses, un aumento del 46%.

Antes de la pandemia, cerca de 37 millones de personas en EE.UU. ya estaban en esa situación, según datos del USDA.

No es extraño, por tanto, que una de las frases más repetidas por todas las personas con las que hablamos, ya fueran beneficiarios de la ayuda, voluntarios o personas con responsabilidad de gobierno sea: «Esto no ha hecho más que empezar«.

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Yolanda Benavides y más de 6.000 familias fueron beneficiadas por el Banco de Alimentos en San Antonio, Texas, que repartió cerca de un millón de libras de alimentos durante la crisis que se vive por la pandemia del coronavirus.

La mujer de 63 años es una de los miles de personas en Estados Unidos que no tienen para comer gracias al letal avance del COVID-19, que no sólo infecta la salud de las personas a su paso, sino que también ha causado cientos de despidos y cierres de negocios, por lo que existe carencia para cubrir las necesidades alimentarias de las familias.

El Banco de Alimentos en San Antonio, Texas, que repartió cerca de un millón de libras de alimentos (AP Photo/Elaine Thompson)El Banco de Alimentos en San Antonio, Texas, que repartió cerca de un millón de libras de alimentos (AP Photo/Elaine Thompson)

Benavides catalogó la despensa que recibió como un regalo traído por los “ángeles del cielo”, sin el que su familia, conformada por sus cuatro nietos de entre 6 a 17 años y su esposo recién despedido, no podría comer más que arroz y frijoles.

Esto duele porque siempre he dado y ahora estamos del otro lado”, declaró la mujer discapacitada a San Antonio Express News.

Benavides catalogó la despensa que recibió como un regalo traído por los “ángeles del cielo” (William Luther/The San Antonio Express-News via AP)Benavides catalogó la despensa que recibió como un regalo traído por los “ángeles del cielo” (William Luther/The San Antonio Express-News via AP)

La situación de Yolanda Benavides y la de su familia no es muy diferente a la de otras tantas que ayer recobraron la esperanza al recibir después de varias horas fruta fresca, verduras y otros productos no perecederos por parte del Banco de Alimentos en San Antonio, cuyos voluntarios vivieron un día caótico de entrega que se hizo en medio de un estacionamiento abarrotado de automóviles.

En las imágenes quedaron registradas las largas filas que hicieron cerca de 10.000 familias que se congregaron en el estacionamiento en Traders Village para recibir apoyo del centro de beneficiencia texano y no morir de hambre ante el desbasto en supermercados o porque fueron despedidos de sus actividades laborales.

Los voluntarios del lugar comentaron que para recibir el apoyo se registraron previamente sólo 6.000 hogares (AP Photo/Tony Gutierrez)Los voluntarios del lugar comentaron que para recibir el apoyo se registraron previamente sólo 6.000 hogares (AP Photo/Tony Gutierrez)

Los voluntarios del lugar comentaron que para recibir el apoyo se registraron previamente sólo 6.000 hogares, pero al finalizar el día podrían haber dado hasta 10.000 ayudas.

“Hoy fue difícil”, dijo el presidente y CEO del Banco de Alimentos, Eric Cooper, quien añadió que ésta fue la mayor distribución que han realizado en un solo día dento de los 40 años de historia de la organización sin fines de lucro: “Nunca hemos ejecutado una demanda tan grande como ahora”.

En las imágenes quedaron registradas las largas filas que hicieron cerca de 10.000 familias que se congregaron en el estacionamiento en Traders Village (William Luther/The San Antonio Express-News via AP)En las imágenes quedaron registradas las largas filas que hicieron cerca de 10.000 familias que se congregaron en el estacionamiento en Traders Village (William Luther/The San Antonio Express-News via AP)

Cooper no se explica cómo pudieron surtir tanta demanda, pero reconoció que no podían dejar a tanta gente sin un alimento: “Los peces y panes pasaron de 5,000 a 10,000, y realmente no quedaba mucho… Fue un milagro que pudiéramos hacer lo que hicimos”.

Los responsables de la ONG determinaron quienes sí necesitaban la ayuda, pero aceptaron que conforme avanzaron las horas llegaron personas sin registro que no tenían ni para comer, por lo que acabaron el reparto pasadas las 18 horas del pasado jueves.

Cooper no se explica cómo pudieron surtir tanta demanda, pero reconoció que no podían dejar a tanta gente sin un alimento (AP Photo/Mark J. Terrill)Cooper no se explica cómo pudieron surtir tanta demanda, pero reconoció que no podían dejar a tanta gente sin un alimento (AP Photo/Mark J. Terrill)

“Tratamos de calificar a las personas en el sitio porque hubo algunas personas que se presentaron que no calificaron… pero luego hubo quienes se presentaron y dijeron: ‘Escuché que esto estaba sucediendo. No sabía que tenía que registrarme, pero necesito comida. Soy empleado de un hotel y me despidieron’. Esas son las historias que escuchamos de muchas personas que se presentaron”, reiteró el CEO.

Eric Cooper teme que no se den abasto ante tanta demanda de alimentos, aunque intentarán continuar con el reparto de dar a las familias “la canasta de comestibles más grande posible”.

Eric Cooper teme que no se den abasto ante tanta demanda de alimentos (AP Photo/Ross D. Franklin)Eric Cooper teme que no se den abasto ante tanta demanda de alimentos (AP Photo/Ross D. Franklin)

Muchos de los necesitados llegaron al estacionamiento desde las 18:00 horas del pasado miércoles, por lo que acamparon en el lugar hasta poder recibir los paquetes con bolsas de frijoles, enlatados, productos frescos, leche y otros suministros.

“Simplemente te rompe el corazón. No es lo que quieres ver», relató Brian Billeck, gerente de marketing de Traders Village, de la escenas que presenció ayer.

Muchos de los necesitados llegaron al estacionamiento desde las 18:00 horas del pasado miercoles (Jenny Harnish/The Register-Herald via AP)Muchos de los necesitados llegaron al estacionamiento desde las 18:00 horas del pasado miercoles (Jenny Harnish/The Register-Herald via AP)

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Colas interminables para pedir comida, la nueva curva que nadie sabe aplanar

Las entidades solidarias quintuplican en un mes la entrega de alimentos y productos básicos. Escasez de productos frescos, pañales y leche de fórmula. «Estamos bajo mínimos», admiten

Foto: Parte de la cola para pedir alimentos en la Fundación Madrina, este viernes. (David Brunat)
Parte de la cola para pedir alimentos en la Fundación Madrina, este viernes. (David Brunat)
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Las colas para conseguir alimentos y productos básicos en la parroquia de Santa María Micaela comienzan a las 6 de la mañana, cuatro horas antes de que la puerta lateral se abra para comenzar el reparto solidario. Las colas cada vez comienzan antes y son más largas. Este viernes, unas 300 personas se arremolinaban en una fila que daba la vuelta a la plaza de la iglesia.

«Hoy nos hemos visto un poco sobrepasados», reconoce Conrado Giménez, presidente de la Fundación Madrina, que gestiona este punto de entrega y es una de las principales entidades operando en la capital. «Cada día nos entran en la lista entre 100 y 200 personas nuevas. Estamos entregando unas 2.000 comidas calientes cada día y en unos días serán 3.000. Cada vez se nos terminan antes los alimentos y los productos básicos. Las 50 toneladas de alimentos solidarios que teníamos reservadas para tres meses nos han durado una semana».

Las 50 toneladas de alimentos solidarios reservadas para tres meses nos han durado una semana

En paralelo a la curva de contagiados por Covid-19 hay otra que nadie atiende pero que es igual de inquietante: la curva de las familias que dependen de la caridad para comer. Esa línea crece exponencialmente y nadie sabe cuándo se comenzará a aplanar. «Hemos quintuplicado las demandas diarias de productos básicos. En un mes hemos atendido a 25.000 personas, que era nuestra previsión para dos meses. Calculamos llegar a 150.000 personas para diciembre. En 2012, en el pico de asistencia por la crisis, atendimos a 300.000 personas en año y medio. Estamos en los mismos niveles y todavía no sabemos hasta dónde llegará», advierte Olga Díaz, subdirectora de Intervención Social de Cruz Roja.

Voluntarias de la Fundación Madrina preparan cajas de alimentos. (D.B.)
Voluntarias de la Fundación Madrina preparan cajas de alimentos. (D.B.)
Un hombre llena una maleta con alimentos solidarios. (D.B.)
Un hombre llena una maleta con alimentos solidarios. (D.B.)

«¡Estamos sin pañales!», avisa una de las voluntarias del punto de entrega de Fundación Madrina, que durante 20 años ha ejercido de banco de alimentos para embarazadas y madres vulnerables y ahora provee a toda la población. «El lunes nos tienen que llegar 16 palets», le tranquiliza Giménez. El ritmo de trabajo es alto. Se coge una caja vacía y se empieza a llenar de comida. Es mediodía y la cola no remite, sigue dando la vuelta a la plaza de la iglesia. Hombres y mujeres se suman en un goteo incesante y silencioso. Todos acarrean un carrito de la compra o una maleta de viaje vacía.

Desde hace rato no hay productos frescos que entregar. «Ponle alguna lata de atún, que se lleven proteínas», indica Giménez a otra de las voluntarias que termina de preparar una caja. «Estos días me toca ir persiguiendo y hasta mendigando a las empresas para que nos hagan donaciones. Necesitamos que nos sigan ayudando porque la situación empieza a ser muy preocupante», dice el presidente de la fundación antes de subirse a su furgoneta e ir a por una partida de alimentos entregada por el chef José Andrés.

Cola frente a la puerta lateral de la iglesia de Santa María Micaela en Madrid. (D.B.)
Cola frente a la puerta lateral de la iglesia de Santa María Micaela en Madrid. (D.B.)

Los voluntarios preguntan el nombre a las personas en la cola y comprueban si están en la lista de beneficiarios. Casi todos son inmigrantes, algunos en situación irregular. «Se nos han disparado los chinos y los filipinos», apuntan desde la fundación. Aparecen dos patrullas de policía local y en la cola todo son nervios y murmullos. Hay varios inmigrantes irregulares y temen que les pidan la documentación. Alguno se esfuma de la cola, pero los agentes solo exigen que la gente guarde las distancias. «Cada día es igual, cuando aparecen los coches de policía tenemos que decirle a la gente que no se vaya corriendo, que no pasa nada».

Los intermediarios habituales, principalmente las cadenas de supermercados, no están entregando casi nada a los bancos de alimentos y eso lo complicada todo. Bien porque están haciendo el agosto este mes o bien porque no les sobra nada, que viene a ser lo mismo. Los supermercados han dejado en la estacada a las entidades solidarias justo en el peor momento posible. «Estamos yendo directamente a los productores para obtener carne y pescado, si no sería imposible dar nada. La vía de los supermercados está cortada», se lamenta Giménez. «Ahora hemos acordado con una empresa de Portugal que nos envíen a partir de la semana que viene tela para hacer pañales. Los tejerán aquí unas voluntarias porque estamos entregando 4.000 pañales a la semana y los palets vuelan. Así que pañales de tela, como en la guerra».

Una voluntaria de Cruz Roja entrega un paquete solidario. (Cruz Roja)
Una voluntaria de Cruz Roja entrega un paquete solidario. (Cruz Roja)

Los voluntarios ya están avisando de las estrecheces a los beneficiarios de todo Madrid que acuden a este punto de recogida. Los productos escasean, así que tendrán que racionar esa caja un mes entero, en lugar de los 15 días de hasta ahora. «Sabemos que no les llegará ni de lejos, pero no podemos hacer más. Con la comida casi agotada nuestra prioridad es que el reparto sea justo», explican. En la cola las historias se repiten: peón de obra que ya no trabaja, empleada del hogar que no puede ir a las casas… todos con familia extensa a cargo.

Faltan voluntarios

La Federación de Bancos de Alimentos de España (Fesbal), que representa a los distintos bancos de alimentos autonómicos, también lanza un SOS. «Hasta marzo íbamos bien. Teníamos los 21 millones de kilos de alimentos de la recogida solidaria de Navidad y en febrero nos entraron otros 16 millones de kilos del Fondo Europeo de Ayuda a Desfavorecidos [FEAD]. Ahora estamos bajo mínimos», explica Ángel Franco, portavoz de Fesbal.

La federación provee a 7.216 entidades solidarias, un 30% de las cuales son comedores sociales, que también están desbordados. «Muchas ONG que nunca se habían dedicado al reparto de alimentos no están contactando para acreditarse y poder repartir en sus zonas. Nos llaman del orden de 450 personas cada día desesperadas porque necesitan comida y les tenemos que explicar que nosotros no entregamos y que deben acudir a su ONG más cercana. El problema de muchas de estas asociaciones y parroquias es que sus voluntarios son personas mayores que ahora no acuden por precaución. Por suerte, entre bomberos, policía, ejército y Cruz Roja nos echan una mano».

Una mujer firma el recibo de productos básicos. (Cruz Roja)
Una mujer firma el recibo de productos básicos. (Cruz Roja)

«El gran temor es volver a la época de la crisis de 2008, cuando atendíamos a 1,5 millones de personas», indica Franco. «Entre ERTE, luego ERE y demás, habrá muchísima gente en grandes dificultades para comer. Y el fenómeno de esta crisis es que en 2008 mucha gente se refugió en la economía sumergida, pero ahora es justamente la economía sumergida la más afectada. Es un golpe a toda la sociedad».

En 2008 mucha gente se refugió en la economía sumergida, pero ahora es justamente la más afectada

«Ya nos están llegando personas que nunca habían tratado con un trabajador social pero que se han visto obligados por la necesidad. Entran en las listas por primera vez en su vida, y esto acaba de empezar», le secunda el presidente de Fundación Madrina. «Junto a esto nos encontramos ya con casos de calle, de personas expulsadas de sus pisos o de sus habitaciones porque no pueden pagar el alquiler. Esto ya está pasando».

Voluntarios acuden a un punto de reparto para entregar comida caliente a domicilio. (D.B.)
Voluntarios acuden a un punto de reparto para entregar comida caliente a domicilio. (D.B.)
Comida caliente lista para repartir en la junta del distrito de Tetuán en Madrid. (D.B.)
Comida caliente lista para repartir en la junta del distrito de Tetuán en Madrid. (D.B.)

Los grandes grupos empresariales están respondiendo, por lo general, a la llamada. También pequeñas empresas y restaurantes, que preparan menús diarios para que miles de familias puedan comer caliente. Porque algunas familias ni siquiera pueden encender un fuego para cocinar unas lentejas, ya que no tienen suministro eléctrico. En Madrid, decenas de voluntarios acuden cada día a los distintos puntos de recogida para coger las bolsas con los menús y repartirlas en furgonetas y coches privados por toda la capital y algunos municipios colindantes.

«Esto acaba de empezar y ya estamos preparando los planes de recuperación y estabilización una vez superemos la primera fase de emergencia cuando acabe el estado de alarma», explica Díaz de Cruz Roja. Es la única entidad que hasta la fecha no padece escasez de productos, pero esto acaba de comenzar y la curva anda disparada. «Ayer mismo tuvimos 900 demandas de ayuda y el crecimiento es exponencial. Vamos a aplicar los mismos protocolos que pusimos en marcha para hacer frente a los años más duros de la crisis económica de 2008″.

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Un comentario

  1. Nuestra colega destaco las diferencias de países del primer mundo y sus calamidades y las nuestras que a pesar del bloqueo luchamos por que todo se reparta con la mayor equidad.
    Tenemos escasez todo el mundo la sabe y sabemos quien las provoca.

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