El cardenal Jaime Ortega Alamino, falleció como consecuencia de un cáncer el viernes 26 de Julio en La Habana a los 82 años de edad. Ortega, sacerdote desde 1964, arzobispo en 1979 y cardenal en 1994. Fue un hombre de la iglesia, afirma su amigo de Miami Marco Antonio Ramos, quien los recuerda como una persona sencilla, humilde, pero de altura, de mucha cultura.
El arzobispo emérito de la Archidiócesis de La Habana el artífice de las históricas visitas pastorales del papa Juan Pablo II a Cuba en enero de 1998, y las posteriores de Benedicto XVI en 2012, y Francisco, en 2015.

Como máxima autoridad eclesiástica en Cuba orientó su trabajo sobre todo hacia los jóvenes, presidió la comisión de catequesis diocesana y formó parte del seminario interdiocesano de San Carlos y San Ambrosio en La Habana. En diciembre de 1978 fue designado obispo de la diócesis occidental de Pinar del Río, de gran tradición católica, y en 1981 fue nombrado al frente de la Archidiócesis de San Cristóbal de La Habana. Jaime Ortega también presidió la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC) entre 1988 y 1999, y ejerció como su vicepresidente entre 2009 y 2013. Bajo el liderazgo de Ortega se celebró el primer Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC) en 1986, que sentó las bases para replantear un plan pastoral adaptado a una nueva realidad social.
Contribuyó de manera especial a consolidar una nueva era de relaciones positivas entre la Iglesia y el Estado cubanos. Ortega recibió en La Habana a tres papas: Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. También había negociado la excarcelación de decenas de presos políticos entre 2010 y 2011. El exarzobispo de La Habana se convirtió en una pieza clave en el acercamiento en la era de Obama, entre Cuba y Estados Unidos.











