Recientemente y antes hace muchos años atrás en nuestra isla se realizaban grandes esfuerzos para adentrase en la industria cinematográfica como parte de los nuevos rumbos con que se guiaba y guía el estado de cosas en cada momento de la historia cubana.
El cine es uno de los componentes del avance de cada sociedad y también es uno de los más importantes, pues plasma la vida misma y queda en técnicas que pueden usarse y reusarse muchas veces para rememorar hechos, acontecimientos, ficción y la historia misma, pero también mucho talento, como resultado de los esfuerzos de muchos que intervienen en lograr los tremendos resultados que esa industria entrega a su pueblo y al mundo entero. Teniendo también en cuanta que el cine jamás podrá ser sustituido por la televisión, El primero es arte y no comercio.
Pero una vez establecida esa gran diferencia de lo que un cubano puede lograr en este asunto, vemos como también se les ignora en cuanto a los nuevos intentos de usar nuestro suelo para las realizaciones cinematográficas de Estados Unidos. Salvo algunas honrosas pero escasas excepciones.
Últimamente se han trabajado en calles habaneras, una de las más taquilleras películas yanquis, Rápido y furioso 8, con toda la retahíla de efectos que son necesarios para que ese tipo de filme siga en su saga atrayendo grandes cantidades de cash en los teatros de mundo entero.
La capital se alborotó, con la llegada de unos grandes contenedores ubicados en un gran terreno, que hacía parecer una pequeña ciudad montada para la espectacular obra cinematográfica. Ellos, los productores de aquello, lucieron sus mejores galas profesionales, con helicóptero de filmación y todo.
Como ya se señaló en alguno que otro sagaz comentario de prensa, el pago por el uso de todo lo cubano, hasta el aire, fue muy gustosamente cobrado por la parte criolla. Las calles asfaltadas propiamente para que los autos rugieran, pagadas por $ 20 millones de los usuarios, gastando sus gomas en ese asfalto. En fin esa película, la cual se realiza en varios otros lugares del planeta, tendrá sus 20 minutos cubanos y para ello se trajo de todo un arsenal de realización, menos el ambiente y los paisajes, que no se pueden comprar ni almacenar – si se pudiera, lo hubieran hecho ya desde hace tiempo – y plantaron a trabajar, donde y cuando se usó alguna fuerza de trabajo criolla.
Los obreros para las cargas de bultos y otras etcéteras, los mozos para las limpiezas, los extras, algunos que otros choferes de camiones, en fin el humano cubano, solo figurará en los créditos como agradecimiento a tal o más cual empresa o institución que ayudó en el filme, como ocurre en otras ocasiones en muchos lugares.
Sabemos todos que los jerarcas de toda obra cinematográfica son muy escasos en el listado de todos los cientos que participan directa o indirectamente en cada una de ellas, sino remitámonos a los créditos finales de cualquier película, paras comprobarlo.
En Cuba, la de hoy precisamente, se anda vendiendo, como dije antes, hasta el aire en cuanto a explotar sus recursos naturales, históricos, de Art Deco, de la fachada de isla prohibida por el imperio, con el cine de allá que desea usar nuestros espacios para filmar. Pronto también se darán unos minutos de fama a La Habana nuevamente a un filme de ciencia ficción esta vez, con muchos efectos especiales de computación por toda la capital, de la saga de Transformers. Ahí también Cuba ganará sus dividendos por sus espacios.
Pero caramba nos hemos creado una duda y esta se trata de los seres humanos, profesionales criollos, que los tenemos buenos pero muy buenos y que nunca se tratan ni siquiera de proponer ante una propuesta, valga la redundancia, de una ejecución de un trabajo fílmico de fuera (Estados Unidos) en la isla, con el cual vendrán los costos de «contratar» cosas cubanas, pero no humanos con categoria de profesión.
Pero y a los que le saben un mundo a esto del cine, ¿ cuándo se van a tener en cuenta para ser incluidos en esos proyectos ?. ¿ No sería buena una propuesta seria sobre este aspectos cada vez que a Cuba llegue un pedido para filmar cualquier cosa en sus áreas, calles, barriadas, parques, espacios abiertos y cerrados, en campos, lagos, ríos y mares, en fin los paisajes no solo se pueden explotar como rentas. Los que se han quemado años de duros estudios y trabajos para desarrollar sus falibilidades y talentos, también nos gustaría verlos reflejados y participando en esos filmes extranjeros, hablados en otros idiomas a veces, como estos dos últimos de marras, también tienen derechos para ser tomados en cuenta. Al menos eso creo yo.
Todos sabemos que los directores y los productores, así como otros muy bien definidos, son gente muy suyos, metidos en sus obras muy profundamente, casi imposible de ese sustituidos en un film Pero dentro de los demás hay una retahíla de personas profesionales, actores y actrices de primera, asistentes, ayudantes, etcétera también, que pudieran ser parte de esas obras. En las fotografía (asistentes de dirección, camarógrafos, ayudantes, etc.), en los sets, la escenografía, la música, artes, ropas, peluquerías, maquillistas, luces, sonidos, ambientes, decoración, dobles, ediciones, postproducción, en fin todo un ejército que no hay realmente que traerlo de fuera y que en Cuba los hay en cantidades muy razonables libres para su contratación.
Hablaba hace poco con un profesional cubano, que me contaba que un alto personaje del cine norteamericano le preguntó – más o menos – así: ¿ Cuánto cobrarías tu por el mismo trabajo que haces en Cuba, en la industria estadounidense…? A lo que el susodicho le respondió sin titubear: Busca a uno que tenga en su haber mi trabajo, más de 30 largometrajes y más de 40 cortos y tenga el contrato más mal pagado de Estados Unidos…yo cobraría la mitad de ese …?
Así y ahí se las dejo amigos…y no tanto también.
Les habló, “Desde Miami”, Roberto Solís.










