La Historia sirve para aprender de ella y evitar cometer los mismos errores del pasado.
Una de esas lecciones es la de entender que el vicio no liga con la virtud Revolucionaria, porqué cuando una persona está atada al juego, a la droga o a cualquier otra adición, la hace prisionera de tal maldita dependencia.
Y de ahí a la traición solo hay un paso. Un hecho histórico ocurrido en la Revolución de 1933 que derrocó al dictador Machado, nos sirve de paradigmático ejemplo .
Fue el caso de un joven miembro del “Directorio Estudiantil de 1927” contra Machado que se llamaba José Soler Lezama, expulsado de la Universidad con otros compañeros suyos de gran presencia futura en la vida política cubana ,como Antonio Guiteras, Eduardo Chibás y Aureliano Sánchez Arango .
Soler tuvo que exilarse como tantos otros jóvenes revolucionarios, regresando en 1931 a Cuba en la “Expedición de Gibara”que intentara derrocar por las armas al tirano Machado.
Méritos revolucionarios no le faltaban, hasta  se hizo “Comunista” pero el vicio lo llevó a su perdición.
Se convirtiendo en adicto a la cocaina y por ahí fue que la policía Machadista lo reclutó a su servicio. Lo convirtieron en “Delator” de sus compañeros, suministrándole cocaina a cambio de su trabajo como “Chivato” del Coronel Calvo, uno de los jefes de la Porra”, como se conocía a los “Expertos” de la policía política de la dictadura.
Una de sus delaciones condujo al arresto y asesinato del joven revolucionario José Fuertes Blandino, tal como fue comprobado en los archivos policiacos a la caída de aquel régimen oprobioso.
El traidor Soler, al saberse de su miserable conducta ,se escondió en La Habana por un tiempo hasta que fue descubierto y hecho prisionero por sus antiguos compañeros del Directorio Estudiantil, que formaron un Tribunal Revolucionario para juzgarlo por su traición.
Fue encontrado culpable y condenado a muerte por fusilamiento, con la alternativa de que él mismo se diera muerte por suicidio.
Al traidor Soler le faltó valor para quitarse la vida y fue fusilado por sus antiguos compañeros en una finca en las afueras de la capital cubana.
La cocaina fue lo que le llevó a la traición. Razón que obliga a desconfiar de aquellos que dicen ser “Revolucionarios Radicales”, pero que los domina un vicio irrefrenable que los conduce a la delación y a la traición.
Cualquier semejanza con alguna persona viva en la actualidad, no es una mera coincidencia. Para aprender de ella sirve la Historia.