EL MUNDO DE HOY… Y DE MAÑANA

La tendencia a extraer conclusiones respecto a los procesos históricos globales a partir de períodos limitados, coyunturas o premisas ideológicas, conduce a inexactitudes.

  En sentido estricto, nunca hubo conflictos de civilizaciones, y es improbable que los haya. La línea general en los últimos siglos ha sido a los contactos, las convergencias, y las interacciones a escala planetaria. Esos procesos fueron favorecidos por fenómenos como el Renacimiento, el encuentro de las civilizaciones europeas e indoamericanas, la formación de los grandes sistemas coloniales, la Revolución Industrial, las migraciones y otros. La globalización es resultado de esa andadura.

Más que a la disolución, la humanidad tiende a la integración, y más a la paz que a la guerra. Por mucho que se exageren las premisas negativas, no existen gobiernos, corrientes políticas, líderes con arraigo nacional o internacional, ni capacidad de convocatoria como para movilizar a ninguna cultura, civilización o expresión de alguna fe contra otra, y no hay la más remota probabilidad de que surja alguno con posibilidades de hacerlo.

La percepción de que los musulmanes son una amenaza a occidente es producto de obvias manipulaciones. En el mundo hay entre 1000 y 1500 millones adeptos al islam, mientras los militantes de organizaciones yihadistas suman apenas unos miles. El Estado Islámico, por ejemplo, no ha logrado movilizar a más de 30 000 efectivos. Aunque pueden generar terror, no hay organización de matriz religiosa en condiciones de cambiar el destino, no ya del mundo, sino ni siquiera de algún país.

Si bien se expresan de modos y a velocidades diferentes, reciben críticas y enfrentan poderosos obstáculos, los procesos a escala local consolidan la democracia, y en el orden internacional favorecen la integración. Aunque abundan los objetores, la humanidad tiende a la estandarización, sin que ello implique renuncia a sus identidades nacionales.

La preferencia por lo moderno, lo avanzado, bello, confortable y funcional identifica y une a la humanidad más que enfrentarla. En este ámbito lo que no haga la política y los esfuerzos integracionistas lo hará la economía, la educación, la tecnología y las personas.

Quien abrigue dudas acerca de hacia dónde marchan las sociedades islámicas del Oriente Medio y Asia Central, la India, Pakistán, Indonesia, e incluso Irán, solo tiene que observar las tendencias a la apropiación de las conquistas del proceso civilizatorio mundial y el disfrute de sus ventajas. Capítulo aparte son las comunidades islámicas de Estados Unidos, Europa Occidental, y América Latina, entre las cuales es difícil encontrar algún partidario del extremismo yihadista.

 

Aunque mínimo, la elección de Sadiq Khan, musulmán, hijo de emigrantes pakistaníes radicados en Londres como alcalde de la capital británica, es un dato relevante. La condición de trabajadores de sus padres, chofer de ómnibus y costurera respectivamente, no impidieron que se hiciera abogado.


Más que en su fe y en el color de su piel, los electores repararon en su programa y en su vocación para el servicio público. No solo se trata del mundo de hoy, sino también del que habrá mañana. Allá nos vemos.  

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