ECONOMÍA Y POLÍTICA

                                                            Es de Perogrullo afirmar que en Cuba existen problemas asociados con las políticas económicas, menos frecuente es admitir que también los hay respecto a la economía política. Las políticas económicas son circunstanciales, mientras los preceptos de la economía política son definitivos. Una se refiere a la ciencia o la doctrina, en tanto la economía son aplicaciones. Una opera con números y la otra con ideas y preceptos.

Para mi generación la Economía Política llegó por vía de los manuales escritos en la Unión Soviética, que respecto al capitalismo resumían eficazmente los postulados de Marx, y respecto al socialismo exponían la experiencia de la Unión Soviética cuya generalización fue siempre discutible.

Algunos de los que por razones profesionales lo necesitaron, especialmente profesores, investigadores y dirigentes, se internaron en los textos de Marx, Engels, y Lenin, y los hubo que incorporaron lecturas de autores occidentales, incluidos norteamericanos, asequibles en Cuba en los años sesenta y setenta.

No obstante, por razones prácticas, los contenidos de los manuales soviéticos prevalecieron, y su impacto cultural fue tan profundo que, aun después de rotundas críticas y de la desaparición del socialismo real, aún están vigentes, no solo como referentes teóricos, sino como base de ciertas políticas económicas, verbigracia, el culto a la planificación centralizada.

La existencia de “la mano invisible del mercado”, uno de los pilares de la economía liberal es un mito, y la planificación centralizada, núcleo del punto de vista soviético otro. El mercado y sus opciones, así como la planificación fueron hallazgos de la economía política, que alcanzan su mayor eficacia cuando se les combina.

Una diferencia es que la “mano invisible”, expresión acuñada por Adam Smith es una metáfora que ilustra el papel del mercado que, entre otras cosas, proporciona flexibilidad a las decisiones económicas, mientras la planificación centralizada fue la base de rígidas políticas económicas aplicadas en la Unión Soviética y los países del socialismo real.

Del mismo modo que el liberalismo dio lugar al éxito económico del modo de producción capitalista, la planificación centralizada fue eje del crecimiento económico de la Unión Soviética, donde permitió al estado concentrar los recursos y dirigirlos a los sectores estratégicos, convirtiéndose en elemento rector de los primeros planes quinquenales, cuyos éxitos catapultaron a la URSS a la posición de una de las principales potencias industriales de Europa.

Tal vez la relevancia del éxito creó la ilusión de que se había encontrado una fórmula capaz de sobreponerse a cualesquiera otras categorías económicas, entre ellas al papel autoregulador del mercado. En idéntico error incurrieron los neoliberales, que creyeron posible prescindir del estado y desregular la economía. Convertidas en dogmas, los conceptos económicos y sociológicas reproducen frutos anómalos.

La verdad histórica es que las doctrinas económicas, el derecho y las estructuras políticas, las formas de gobierno, incluidas la democracia, el mercado, y la planificación son resultados de procesos civilizatorios espontáneos y contradictorios, por medio de los cuales se forjaron las culturas y civilizaciones, que en conjunto forman la humanidad, y en lo cual también se ha evidenciado la necesidad de regulaciones.

En las proporciones exactas, el precepto liberal es tan bueno como el socialista. El profesor Nicolás Ríos está en lo cierto: “La verdad es mezcla”. Allá nos vemos.

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*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente

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