
guerras y conflictos que ocasiona por cientos y los muertos por
millones. Cien países poseen reservas probadas de petróleo. Son pocos
aquellos a los que el mineral no les ocasiona conflictos internos.
El mundo cuenta con suficiente petróleo para cubrir necesidades y
dispendios, no obstante, las querellas, conflctos y guerras por el
combustible no cesan. El capítulo más reciente es el ataque con drones
y misiles a dos de las mayores refinerias del mundo ubicadas en Arabia
Saudita.
La idea de convertir objtivos económicos en blancos militares no es
nueva pero es reprochable, hágalo quien lo haga. Cuando, como en este
caso, el ataque no aporta a quien lo realiza ninguna ventaja, no
decide la victoria, no es una muestra disuasoria de poderio, apenas
perjudica al rival, causa daños a decenas de países y tiene potencial
para provocar conflictos militares de grandes proporciones y decenas
de miles de muertos, las naciones y las organizaciones multilaterales
tienen razones para condenar la acción.
Concluida la Primera Guerra Mundial, la primera librada con técnica
motorizada (camiones, blindados, aviones, buques y submarinos) y en la
cual el Imperio Otomano, que controlaba prácticamente todo el Oriente
Medio, resultó derrotado, dando paso a un reparto, principalmente
entre Gran Bretaña y Francia.
Desde entonces y hasta hoy el petróleo de los grandes productores del
Tercer Mundo, entre ellos, Irán, Irak, Arabia Saudita, Kuwait,
Venezuela, Sudan, Siria, Qatar, Emiratos Árabes, Oman, Yemen, Libia,
Argelia, Timor Oriental, Chechenia y otros paises, ha sido eje de
conflictos. Ello ocurre por la capacidad del mineral de poner en manos
de los gobiernos y las trasnacionales petroleras inmensas sumas de
dinero, mucho poder e ilimitada capacidad corruptora.
Ningún ejemplo es más trágico que el de Venezuela, cuya riqueza
petrolifera además de haber provocado enormes deformaciones
estructurales a su economía, es motivo de corrupición, eje de
manipulaciones y de una virtual guerra económica que ha colocado al
borde de la ruina a una de las más prósperas economías del continente.
El ataque a las refinerias sauditas, del cual se culpa a Irán, que
como es habitual, amenaza a Estados Unidos y a los países vecinos
rivales con represalias devastadoras, posee potencial para provocar
nuevas sanciones, contra el estado persa, incluso impuestas por la ONU
y generar un conflicto militar de grandes proporciones, en la cual
Arabia Saudita sería masivamente respaldada por Estados Unidos e
Israel.
Paradojicamente, quienes no pueden ganar son aquellos que dispararon
los misiles y volaron los drones, nadie sabe para qué. Allá nos vemos.











