El Presidente Donald Trump anda buscando de donde sacar del presupuesto de la nación el dinero que hace falta- se calcula que costara unos 20 mil millones de dólares-para levantar su famoso muro a lo largo de toda la frontera que divide a Méjico de Estados Unidos. No es fácil recolectar tan elevada suma de dólares a menos que con una tijera bien grande se corte por aquí y por allá el dinero asignado para otras funciones que puedan ser consideradas por la Casa Blanca como menos importantes como el maldito muro que tanto ofende a los mejicanos.
Por lo pronto ya se anunció la reducción en un 14 % del presupuesto de los guardacostas que cuidan la frontera marítima del estrecho de La Florida, que es precisamente por donde entraban a Estados Unidos los inmigrantes caribeños- en su mayoría cubanos- amparados en la derogada disposición de “Pies secos pies mojados” . Menos cubanos y más drogas entrando por esa frontera marítima, pero todo sea por el maldito muro de Mr. Trump.
Pero hay que seguir recortando de donde sea, porque para llegar a los 20 mil millones de dólares hay que llegar hasta donde el cepillo no toca. Y se me ocurre pensar que con los 20 millones y pico del presupuesto anual de Radio y Tv Martí, más los otros 20 millones que se emplean en pagar gastos y salarios de la llamada “Disidencia” cubana se pueden comprar unas cuantas toneladas de cemento y ladrillos para el muro de Mr. Trump. No es mala la idea, diría un cubano con vergüenza.
Claro que los que viven en Miami y en Cuba del cuento del anti-castrismo furibundo pondrán el grito en los cielos. “Con mi dinero no se juega. ¡Ese dinero es sagrado!” Dirán ellos. “ Que nos lo dieron los Demócratas de Obama y la Clinton para que ahora nos lo vayan a serruchar los Republicanos de Marquito Rubio y Ted Cruz para construir el maldito en la frontera mejicana.
Hay que sacrificarse. Hay que apretarse el cinto. Hay que buscar dinero de donde sea para construir el muro de Mr. Trump. ! Al carajo albañiles que se acabó la mezcla! Digo yo.
Y hasta la próxima entrega de El Duende que con mi gallo me voy cantando a mi tumba fría. Bambarambay.
