De traidores
Traducido del más allá por Max Lesnik
En la política como en los negocios cuentan más los intereses, que el sagrado respeto a la amistad. De eso debe estar meditando en medio de su laberinto el ex gobernador de la Florida Jeb Bush, cuando mirando hacia atrás recuerde los tiempos en que un cubanito pícaro llamado Marquito Rubio, le alaba la leva en función de cachanchán, con tal de conseguir su apoyo político para escalar posiciones dentro del partido republicano, en el cual el menor de los Busch, era ya por entonces, prominente promesa como futuro aspirante presidencial.
Como el título de una vieja película de Hollywood, «Hay ambiciones que matan» y con ellas se «rumia» la traición. Hay que decirlo claro, la piedra atravesada en el camino de Jeb Bush en las aspiraciones de ser presidente de Estados Unidos no ha sido Donald Trump sino el «traidorzuelo» de Marco Rubio, según el criterio de los más cercanos colaboradores del ex gobernador floridano.
Me dicen que Jeb Bush había sido advertido a tiempo : «Cuídese del cubanito Rubio, que de ambicioso tiene cara y no le faltan agallas para convertirse en traidor y morder la mano amiga a quien debiera estar más que agradecido por haberle ayudado salir del montón.
El cubano a ser leal hasta la muerte como él no hay dos. Pero de todo hay en la viña del señor, hasta un Marco Rubio con alma de Judas movido por la ambición. En Política no hay amigos leales pregúntele a Jeb Bush.
Hasta mañana martes, amigos de El Duende que con mi gallo me voy cantando a mi tumba fría.
Bambarambay.
