Traducido del más allá por Max Lesnik
Todavía tengo muy fijo en mi memoria de cuando apenas con quince años de edad ,viviendo yo en el entonces barrio capitalino de La Punta, después de terminar al atardecer mis clases de bachillerato en la Academia Valmaña situada en Prado número 114, me iba en tiempos de verano directo al Malecón para darme un refrescante chapuzón en las aguas azulosas del mar océano.
Era común entonces como lo sigue siendo hoy que la muchachada de las zonas aledañas al litoral habanero buscara esparcimiento placentero en aquellas aguas turbulentas que rompían con su olas encrespadas en unas moles de concreto –todavía están allí- precisamente a pocos metros del castillo de La Punta que como la fortaleza de El Morro sirven ambas de custodia a la Bahía de La Habana.
La alegre muchachada de “negritos”, “mulaticos” y “blanquitos” , yo entre ellos, todos mezclados, como diría el poeta nacional Nicolás Guillén, gozaba de sus mejores momentos de verano bañándonos en el malecón ante la vista de algunos turistas norteamericanos, que como “generosa” diversión arrojaban a las espumosas aguas unos cuantos centavos –Kilos Prieto les llamaban entonces- que los experimentados niños buceadores lograban alcanzar antes de que las míseras moneditas llegaran al fondo del mar.
Yo que no era pobre pero convivía con ellos por mis tempranas inquietudes de conciencia social, todavía tengo clavado en mi memoria aquel grito de miseria que más de un muchacho desheredado de la fortuna lanzaba desde el agua marinera al turista norteño de ocasión : “Míster give me one cent” , decían desde el agua en su inglés chapurreado. “! Señor un centavito por favor!”
¡Yo sí que tengo muy buena memoria! ¿Será esa a la Cuba de ayer que algunos cubanos de Miami quieren volver? El turista pudiera ser ahora un tal Mr. Trump. Ahí se las dejo y los pongo a pensar.
Y hasta el próximo lunes amigos de El Duende que con mi gallo me voy cantando a mi tumba fría. Bambarambay.











