Cuando la ficción es realidad

   vivir del cuento

La imaginación es humana por naturaleza y lógica, pero  esta sirve de paso para moldear y manipular verdades y a veces, cuando se requiere,  de manera muy sublimizada. Desde los filmes, las novelas en libros, los medios,  hasta hoy los más avanzados usos – y abusos – de la Internet, este tema siempre está actualizado.

En Cuba se goza del privilegio de tener al “cubano”, ese criollo genuino y muchas veces recalcitrante, que “la inventa en el aire” debido a un superdotado caminar con su inteligencia innata, y esto da un espacio preferencial a su presencia en todo lo que en el país se desarrolla.

Llegamos ahora al arte de las presentaciones teatrales y su olímpico lugar en el humorismo satírico, punzante llegando a lo onírico para complacer las más sofisticadas exigencias de la sociedad.

Sin más preámbulo que nos mueva al sarcasmo, caemos en el punto del popular programa de la televisión cubana, “Vivir del cuento”, protagonizado por excelentes actores encarnando personajes como Pánfilo Epifanio (Luis Silva), su figura central., quien tiene una saeta en la lengua y un extraño cuadro con la Libreta de Abastecimientos, en una pared.

Pocos como Fernando Ravsberg para comentar sobre este programa crítico del que goza el pueblo cubano. Es una crítica decente, jocosa, atractiva, hasta respetuosa,  pero lo más importante, no solo es tolerada sino “autorizada”. Aquí les traslado un comentario del periodista de marras sobre este actualizado espacio.

                            El Poder Popular en “Vivir del Cuento”

   El programa humorístico de la TV cubana “Vivir del cuento” se lanzó de lleno a burlarse de las taras burocráticas del Poder Popular, sistema de gobierno que va desde los delegados barriales hasta los 600 diputados del parlamento nacional.

El jubilado Pánfilo, personaje principal del programa, es nombrado delegado de su barrio pero le advierten sobre cómo actuar para evitar conflictos. Jamás debe decir que los vecinos tienen problemas solo “hacen planteamientos” y no debe prometer soluciones sino “hacer gestiones”.

Le explican que hay otras frases muy útiles para tranquilizar a sus electores sin comprometerse, como “estamos trabajando en ello” o “ese planteamiento ya ha sido elevado”. El programa fue un calco de una reunión de rendición de cuentas de esas que se hacen en todos los barrios.

Sin embargo, tras su designación Pánfilo Epifanio se lanza a solucionar los problemas cotidianos de sus vecinos: la calidad del pan, la venta de materiales de construcción, crear una zona de recreación, baja los precios de los alimentos del mercado agropecuario, etc.

En su paseo por el barrio, el programa humorístico muestra la corrupción que existe en todo el aparato comercial que rodea al cubano de a pie, así como las explicaciones tontas que los gerentes y directores dan para poder seguir robando a la gente y al Estado.

Los éxitos de la gestión de Pánfilo mejoran la calidad de vida de la gente que lo aplaude. Sin embargo, crea mucho malestar en la cadena de mando del Poder Popular porque actúa directamente, sin utilizar los canales correspondientes” ni esperar “el momento adecuado”. (frases acuñadas en los buros  de cualquier oficina, digo yo)

A pesar del apoyo de sus vecinos que lo aclaman por haber solucionado los viejos problemas que afectaban al barrio, resulta destituido por los dirigentes del Poder Popular, quienes restituyen en el cargo al anterior delegado, el que “eleva los planteamientos” aunque eso nunca resuelva nada.

Verdaderamente fue una radiografía del funcionamiento del Poder Popular en la base, de sus taras, de la burocratización, de las frases hechas para no hacer nada y de la marginación de los líderes naturales de la gente en favor de los más obedientes.

Les habló, “Desde Miami”, para radio-miami.org, Roberto Solís Ávila.

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