La mayoría de las estatuas instaladas, algunas hace siglos, en
espacios públicos urbanos de todo el mundo son obras de arte con
significados casi exclusivamente decorativos e influencia política
prácticamente nula. Atribuir a las piedras, poder para generar
convicciones y motivar los comportamientos, es fetichismo y castigar
la representación en mármol o bronce de una persona es tan enajenado
como pretender atrapar una sombra.
Descontando a quienes lo son por razones religiosas, el humano más
reverenciado en el mundo es George Washington y en América Latina,
Simón Bolívar.
Alejandro Magno, en Asia con Confucio y Mahatma Gandhi y en Africa con Nelson Mandela. Según diversos, el punto de vista predominante entre quienes pregunté, entre los más antipáticos figuran Judas y Adolf
Hitler.
En 2019 existían en el mundo 142 estatuas que superaban los 30 metros(altura probable del Coloso de Rodas). La más alta está dedicada a
Sardar Vallabhbhai Patel, uno de los fundadores de la India moderna,
su altura es de 182 metros, sumando la base alcanza 240. Entre las más
pequeñas figuran las nano esculturas creadas por Jonty Hurtwitz. Una
de ellas, “Trust” (2014) representa a una mujer de 80x100x20 micrones,
cabe por el ojo de una aguja en miniatura, se sostiene sobre el
cabello de un bebe y es más pequeña que un espermatozoide, cuyas
minúsculas dimensiones no le impiden ser vector del milagro de la
vida.
En cualquier rankin entre las más famosas figurarían: David, La Piedad
y el Moisés de Miguel Ángel, La Estatua de la libertad, Venus de Milo,
Cristo Redentor o del Corcovado. La Gran Esfinge de Guiza en Egipto,
El Pensador de Auguste Rodin, El Discóbolo y MOÁI, conjunto de unas
600 estatuas de piedra monolítica en la Isla de Pascua.
Entre las realizadas con técnicas de art decó la más alta y famosa es
el “Cristo de Corcovado” y como arte moderno, “Hombre que camina”
(1961) imagen de una figura anoréxica, esculpida por Alberto
Giacometti mide 1.80x27x97cm que, según Jean Paul-Sartre: “Transitan
entre el ser y la nada”. La obra más famosa donde aparece un animal es
la Loba capitolina que amamantó a Rómulo y Remo.
En Europa, la más alta es la Estatua de Pedro el Grande ubicada en
Moscú con 98 metros de altura y unas 1000 toneladas de peso que, según
la revista Foreign Policy, figura entre las más feas del mundo.
Como en otras esferas de la vida social, en materia de estatuas y
monumentos, la mujer resulta desfavorecida. En 2018 el periódico “La
Vanguardia” al indagar en varias urbes, descubrió que Barcelona tenía
168 estatuas de hombres y sólo 14 de mujeres. En el Reino Unido,
existían 925 piezas de las cuales solo 158 se dedicaban a mujeres, la
mayoría miembros de la familia real. A la reina Victoria correspondían
19 y a la virgen María 14.
De las aproximadamente 5.193 estatuas públicas que en Estados Unidos
representan figuras históricas, solo 394 son de mujeres. La más famosa
de todas es la Estatua de la Libertad, ubicada en Nueva York, donde
hay solo cinco dedicadas a personajes reales, ellas son: Juana de
Arco, Golda Meir, Gertrude Stein, Eleanor Roosevelt y Harriet Tubman.
La agresión contra estatuas y la profanación de tumbas es de las
prácticas vandálicas más antiguas del mundo, las victimas preferidas
han sido los símbolos religiosos y los de naturaleza política, en
ambos casos las motivaciones se relacionan con la intolerancia, los
métodos son violentos y usualmente vandálicos.
Obviamente, las estatuas, esculturas y conjuntos escultóricos han sido
concebidos para rendir homenaje a personas o recordar efemérides. No
discuto si hubo quienes no lo merecían, incluso si alguna debe ser
removida o reubicada, cosa que en todos los casos corresponde a las
autoridades que deberán escuchar el parecer de las poblaciones
concernidas. La destrucción de monumentos por turbas indignadas es una
práctica repudiable.
En este orden de cosas, los límites entre la justicia extemporánea y
el canibalismo cultural no son sutiles. Luego les contaré más sobre el
tema. Allá nos vemos.












