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Conociendo a EEUU: José Martí neoyorquino

Conociendo los Estados Unidos: José Martí neoyorkino (1880 – 1894)

Por: Yuri Fernández Viciedo. Joven profesor cubano, Doctor en Ciencias Jurídicas

El 3 de enero de 1880 José Martí arribó a los Estados Unidos a bordo del vapor France, procedente del puerto de Havre. En la lista de pasajeros tenía el número 30 y la ficha de viaje lo describía como un hombre de 26 años y abogado de profesión con ciudadanía española. Este viaje no fue un hecho imprevisto en la vida del joven Martí. Manuel Márquez Sterling afirmó que tras su deportación a España en 1879 como consecuencia de sus actividades en La Habana en favor de la independencia de Cuba, Martí se entregó tenazmente al estudio del idioma inglés. Como si supiera de antemano adónde quería llegar tras violar su deportación al pasar secretamente a Francia[1]. Los Estados Unidos fueron, durante casi 15 años, el hogar de José Martí. Sin esa experiencia resulta imposible comprender la agudeza crítica con la cual escribió y reportó a los lectores argentinos del diario La Nación, acerca de la Primera Conferencia Americana en Washington durante los años de 1889 y 1890.

Al llegar a Nueva York en 1880, Martí comenzó a buscar empleo en lo que mejor sabía hacer: escribir. Indagó en una larga lista de periódicos, revistas y editoriales, ofreciendo su pluma polifónica a cambio de un medio para ganarse la vida mientras esperaba para reunirse con su esposa e hijo. La ciudad a la que había arribado entonces, era la primera de los Estados Unidos en contar con un millón de habitantes, de los cuales casi la mitad eran inmigrantes. Puede imaginarse la complejidad que poseía la urbe a través de una descripción de 1881, hecha por un oficial del cuerpo sanitario, donde se expone la naturaleza tumultuosa de Nueva York en los siguientes términos:

“(…) the city’s 40,000 horses produce 400 tons of manure per day [and] 20,000 gallons of urine and nearly 200 carcasses. The odor of horse droppings is everywhere, carried into houses in the form of dried manure that blows into the cuffs of trousers and the folds of skirts.”[2]

Los quince años de vida martiana en los Estados Unidos hicieron de él un observador agudo e incansable y la escritura de sus observaciones constituyó –además- su medio de vida personal. En Nueva York hizo su casa: recorrió sus calles; leyó sus periódicos; asistió a exposiciones; conferencias variadas; mítines políticos de cariz diverso y escribió de todo lo visto sin descanso, describiendo una sociedad que lo fascinaba y lo alarmaba al mismo tiempo. De esa experiencia prolongada nacieron las llamadas Escenas Norteamericanas: más de 280 crónicas publicadas en periódicos de Estados Unidos y de América Latina entre los años de 1880 y 1892. Estos textos abarcan cinco tomos de las Obras Completas de José Martí, junto a otros que pueden encontrarse dispersos en otros volúmenes de sus mismas obras[3]. Todos juntos conforman el retrato más completo y lúcido que un hispanoamericano haya trazado jamás acerca de los Estados Unidos.

¿Cómo pudo Martí escribir tanto y en tonos tan diversos y profundos acerca de la vida cotidiana de un país en el cual era extranjero? Para el investigador norteamericano Lisandro Pérez la respuesta es simple: a partir de 1880 y durante los años posteriores, José Martí vivió siendo un neoyorkino más y esa condición modeló la dimensión de su conocimiento y perspectiva:

In those seven years of relative tranquility, Martí was mostly just a New Yorker, engaged in making a living and enjoying the incomparable cultural, social, and recreational experiences offered by a city plunging headlong into the modern world.”[4]

La naturaleza de la producción periodística de Martí en los Estados Unidos ha sido debatida en diversas ocasiones por distintos investigadores. Iván Schulman afirmó en 2001 que los textos martianos recogidos en las Escenas debían verse como pertenecientes a la cultura de los Estados Unidos por cuanto tuvieron a Nueva York como escenario y tema fundamental[5]. En tiempos más recientes la investigadora norteamericana Cecilia Noce ha sostenido que la idea de pertenencia propuesta por Schulman debería corregirse por el concepto de “localización”, entendido como la contextualización in situ de los escritos martianos como localizables en el contexto norteamericano de fines del siglo XIX y no pertenecientes, dado la condición martiana de viajero – escritor[6]. Este punto de vista nos interesa si queremos proponer una relectura de las Escenas desde la óptica del siglo XXI.

Por tanto, releer a Martí “localizadamente”, equivale a contextualizarlo como un escritor que se desplazó, pensó y produjo sus escritos entre dos culturas distintas situadas en orillas opuestas.

En las Escenas, Martí escribe como testigo y a la vez como observador participante de una sociedad que constituye “otro mundo” respecto a la cultura hispánica. Este “otro mundo” se revelaba repleto de formas, códigos, usos y costumbres incomunicables culturalmente: de ahí que los textos martianos de las Escenas Norteamericanas deban leerse –en primer lugar- como actos de traducción cultural. La práctica cotidiana de dibujar en crónica a los Estados Unidos como forma para ganarse la vida, dotó a José Martí de un conocimiento singular sobre la sociedad norteamericana vista en el escenario neoyorkino.

La inmersión cultural constante en aquella sociedad le permitió a Martí ver a través de las apariencias y “decodificar” los signos de lo social. Arribar a Nueva York: vivir y trabajar en ella; recorrerla mezclado entre la multitud como un nativo más, constituyeron actos de vida que influyeron en el joven Martí para dotarlo de la capacidad para distinguir –en el cosmopolitismo neoyorkino- las formas y las esencias; las realidades y las apariencias. Sin esta experiencia de vida no se pueden explicar sus valoraciones críticas acerca de la Primera Conferencia Americana de Washington, escritas nueve años después de su llegada a los Estados Unidos, entre 1889 y 1890. Tales apreciaciones solo podían hallarse en quien, sin dejar de considerarse a sí mismo como hijo de un pueblo hispano, hubiera sido capaz de vivir y trabajar como un neoyorkino más.

 

  1. Nueva York: escena tras escena

Las Escenas Norteamericanas ofrecen un cuadro en prosa dinámica sobre la vida cotidiana de la sociedad neoyorkina en un amplio abanico de aristas posibles. Su antecedente más inmediato –y sus primeras crónicas sobre el país y la ciudad- se publicaron en 1880. Estas primeras crónicas aparecieron publicadas en tres partes en el diario The Hour, entre julio y octubre de 1880. Escritas originalmente en inglés llevaron por título: “Impressions of America (By a very fresh spaniard)”[7].

Las Impressions poseen una nota singular en los escritos martianos acerca de los Estados Unidos pues constituyen su acto de iniciación como cronista de la vida cotidiana del país. Su lectura refleja el viaje personal del propio Martí en la urbe más moderna de su tiempo, desplazándose desde el deslumbramiento, hasta las sombras y oscuridades paralelas a las luces de la ciudad.

I am, at last, in a country where everyone looks like his own master. One can breathe freely, freedom being here the foundation, (…), the essence of life. One can be proud of his species here[8].

El elogio no era poco, como no fue pequeña la impresión que la metrópoli neoyorkina causó en el joven habanero recién llegado de España, vía Francia:

I was never surprised in any country of the world I have visited. Here, I was surprised[9].

Con 26 años cumplidos y a la altura de 1880, José Martí había vivido y transitado por España, México, Centroamérica y Francia. París no lo deslumbró: Nueva York logró sorprenderlo. La primera interrogante que salta a la vista es la más simple: ¿Por qué? El propio Martí, en un acto de introspección, la responde en el propio texto:

Everyone works; everyone reads. (…). I saw the diligent New Yorkers running up and down, buying here, selling there, transpiring, working, going ahead; when I remarked that no one stood quietly in the corners, no door was shut an instant, no man was quiet, I stopped myself, I looked respectfully on this people, and I said goodbye for ever to that Iazy life and poetical inutility of our European countries[10].

La fiebre de trabajo y el emprendimiento individual impactaron al joven Martí por las potencialidades ocultas en ellas. Sin embargo, el deslumbramiento de estas primeras crónicas no bastó para convertirlas en mera apología de la modernidad norteamericana. Las Impressions de 1880 muestran una visión contrastada del capitalismo monopolista estadounidense de fines del siglo XIX. En un primer momento, la urbe neoyorkina es presentada como  el contexto donde prosperan la libertad individual y la liberación de las facultades y talentos personales. Mientras que en un segundo momento, la ciudad se revela como un escenario de terror que acosa al individuo como consecuencia de la violencia económica generada por el emprendimiento. La “disciplina del hambre” impuesta por el capitalismo a la parte más empobrecida de la población, generaba un tipo de terror social que hacía parecer la ciudad –a los ojos del joven habanero- como algo deslumbrante y monstruoso al mismo tiempo.

El impacto de la vida neoyorkina, con sus contrastes y matices, debió resultar imponente para el habanero de 26 años. Como si se tratase de un antropólogo y no de un abogado con dotes de escritor, Martí declara en la primera parte de sus Impressions lo que sería –durante diez años- el centro de sus escritos: “I will study a most original country at its birth –in the school; at its development- in the family; (…)[11]

Las Escenas Norteamericanas publicadas a partir de 1881 fueron un estudio en crónicas de los Estados Unidos y su modernidad en las postrimerías del siglo XIX. En ellas, la retórica de la abundancia y la libertad individual se yuxtaponen con la violencia ejercida sobre las clases más pobres por la naturaleza de las relaciones de producción. El párrafo final de la última parte de las Impressions expone la convivencia espacio – temporal de estos contrastes sociales desde el escenario del anochecer neoyorkino contado en primera persona:

As I took yesterday evening my usual nocturne walk, many pitiful sights made a painful impression upon me. One old man, dressed in thats style which reveals at the same time that good fortune we have had and the bad times that begin for us, steps silently under a Street lamp. His eyes, fixed upon the passers by, were full of tears, his hand held a poor handkerchief. He could not articulate a single Word. His sighs, not his words, begged for assistance. A little farther on, in Fourteenth Street, a periodic sound. A poor woman knelt on the sidewalk, as if looking for her grave, or for strength to lift on her shoulders the hoarse organ whose crank her dying hand was turning. I passed through Madison Square, and I saw a hundred robust men, evidently suffering from the pangs of misery. They moved painfully, as if they wished to blot out of their minds their sorrowful thoughts – and were all lying down on the grass or seated on the benches, shoeless, foodless, concealing their anguish under their dilapidated hats.” [12]

La publicación en 1880 de la serie de crónicas bajo el título de Impressions le hizo ver a José Martí su capacidad para escrutar y exponer (en inglés) sus observaciones sobre el país al que acababa de arribar. A la vez que le posibilitaron comunicarse con el público norteamericano desde una posición de “otredad”, al designar sus escritos como los de un “español muy fresco” (a very fresh spaniard).

A partir de 1881, escribir acerca de la vida cotidiana de los Estados Unidos para lectores argentinos y en idioma español se convirtió en un empleo fijo para Martí y en una entrada estable de dinero. Sus colaboraciones en estilo epistolar estaban dirigidas a Bartolomé Mitre, director del diario argentino La Nación. En misiva de trabajo escrita en 1882 le expuso que escribiría “de cuanto importante por su carácter general, o especialmente interesante para su país, suceda en este”[13].  Durante diez años Martí escribió sobre todo y de todo lo neoyorkino. Hombres, mujeres, máquinas, finanzas, religión, política, arte y cultura, electricidad, criminalidad y represión, festividades y desastres. A la altura de 1889, cuando el Secretario de Estado James Blaine auspició la Primera Conferencia Americana en Washington, pocos intelectuales hispanoamericanos habían hecho una inmersión tan profunda en la complejidad cultural y social de los Estados Unidos, como José Martí.

Las crónicas enviadas a La Nación describen a una nación pujante y emprendedora que, contradictoriamente, no puede gestionar las consecuencias sociales de su expansión económica interna. El costo social del desarrollo y el progreso de los Estados Unidos, así como las consecuencias cotidianas de su no gestión, son expuestas con cadencia constante en las Escenas Norteamericanas. En materia de criminalidad, José Martí intuyó una asociación que lo anticipa (con mucho) a los conceptos de la criminología del siglo XX: el crimen es consecuencia de las condiciones económicas de vida y de la falta de oportunidades en la sociedad. En junio de 1884 escribió para La Nación:

“En los barrios míseros que echan sus gentes sofocadas a las grandes avenidas, trepan por las rodillas de sus madres, como insectos por troncos de árboles, los hijuelos enfermos, esos pobres hijuelos descamados y exangües que en estas grandes ciudades sin fe y sin sosiego, tienen, como flores de lodo, de mujeres brutales los trabajadores descontentos e iracundos: niños, apenas se acerca el sol a la tierra, se empiezan a secar, encoger y desvanecer, como los pantanos en los meses ardientes. Se busca a las fieras en los bosques: buscarlas, y convertirlas, se debe, en las entrañas turbias de estas ciudades opulentas”[14].

En ese mismo mes escribió para La América, de Nueva York, una fotografía en prosa muy similar en contenido y descripción:

“En los barrios pobres, es de echarse a llorar. De día en las casas de vecindad, repletas de gente miserable, los maridos ebrios querellan con sus mujeres desesperadas, que intentan en vano hacer callar a sus hijuelos, comidos por el cholera infantum. Parecen los míseros niños como si un insecto enorme les chupara las carnes (…) Los malvados se convertirían a la virtud viendo espectáculo semejante”[15].

Los logros de la modernidad norteamericana y sus instituciones, por un lado, y por otro los marginados del sistema cuya situación no encontraba solución en la misma nación que transpiraba progreso. La yuxtaposición de esta contradicción siempre resulta descrita por Martí en clave de binomio y posee carácter reiterativo en los textos martianos de las Escenas.

El traspaso de esta visión a los textos reporteriles sobre la Primera Conferencia Americana de Washington en 1889 y 1890 resultó inevitable. Martí observó que la propuesta económica y comercial de los Estados Unidos hacia los países hispanos del Sur, no era sino la extensión del mismo binomio de progreso y marginalidad que las instituciones norteamericanas no eran capaces de gestionar al interior del país. La dimensión hemisférica de las propuestas de los representantes norteamericanos a la Conferencia, fue percibida por Martí como un proyecto de expoliación de naturaleza hegemónica a escala continental. Su artículo “La verdad sobre los Estados Unidos”, publicado en 1894 en el periódico Patria, constituyó una síntesis de toda su experiencia norteamericana puesta en función de interpretar la relación entre los Estados Unidos y los países de las América del Sur:

“Es preciso que se sepa en Nuestra América la verdad de los Estados Unidos. (…) Lo malo se ha de aborrecer, aunque sea nuestro; (…) Lo bueno no se ha de desamar, solo porque no sea nuestro”[16].

 

[1] Manuel Márquez Sterling, Martí: maestro y apóstol, Seoane y Fernández, La Habana, 1942, p. 333.

[2] Col. George E. Waring Jr., citado por Lisandro Pérez, Sugar, Cigars and Revolution: The Making of Cuban New York, New York University Press, New York, 2018, p. 277.

[3] Véase los volúmenes 9, 10, 11, 12 y 13 de la edición de Obras Completas de José Martí publicadas en veintiséis volúmenes en 1991 por la editorial Ciencias Sociales y el volumen 19 de la misma edición.

[4] Lisandro Pérez, Op. Cit., p. 285

[5] Iván Schulman, “La mirada desde el Norte: martí y los Estados Unidos”, Anuario del Centro de Estudios Martianos, No. 24, 2001, p. 58.

[6] Cecilia Noce, “Las Escenas Norteamericanas en diálogo con las narrativas urbanas en el fin de siglo neoyorkino”, Decimonónica, vol. 12, No. 1, 2015, pp. 33 – 52

[7] José Martí, Obras Completas, vol. 19, Edición citada, pp. 101 – 127

[8] Ídem. p. 104

[9] Ibídem.

[10] Ibídem.

[11] Ídem., p. 105.

[12] Ídem., p. 123.

[13] José Martí, Obras Completas, vol. 9. Edición Citada, p. 17

[14] José Martí, Op. Cit., vol. 10, p. 59

[15] José Martí, Op. Cit., vol. 13, pp. 488 – 489

[16] José Martí, Op. Cit., vol. 28, p. 293

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