No consumo habitualmente bebidas alcohólicas, pero cuando algún buen amigo me trae o me hace llegar una botella de Havana Club, la disfruto a plenitud, y ese sol de Cuba embotellado me hace recordar cosas muy lejanas en el tiempo. Me recuerda, por ejemplo (solo he tomado una copita) cuando mi padre para quitarme las perretas infantiles me sentaba en sus piernas y me cantaba una canción cubana viejísima que siempre me hacía reir. Decía la letra: «El viejo Jesús Clemente, completamente se enamoró, en el cafetal La Plata de la mulata María la O. El viejo se puso flaco, se puso flaco, como el bejuco del tibisí, no pudo fumar tabaco ni el mameluco pudo lucí.» Solo recuerdo esta parte de la letra. Según mi padre, a él cuando era niño, se la cantaba mi abuelo, y ya en aquel entonces la canción era viejísima. No me atrevo a fijar fechas, eso lo dejo para los maestros de la música, que en Cuba hay muchos y muy buenos.
Por cierto que el tibisí es la única planta que existe en Cuba que puede ser venenosa para el ganado, aunque el ganado no la come salvo cuando, en sequías muy prolongadas, se esté muriendo de hambre. Y esto, por asociación de ideas (culpa del Havana Club, voy por la segunda copitda) me lleva a una segunda consideración:
En Cuba puede decirse que practicamente no existen plantas venenosas; tampoco existen fieras ni serpientes venenosas. El único animal peligroso es el cocodrilo y solo lo es cuando la hembra defiende sus crías. Alguien, a quien le hice esta observación, me respondió que no hacían falta fieras en Cuba pues bastaba con algunos cubanos hijos de la ch. Mi amigo me dejó pensando pero, de todos modos, estos, antaño muy numerosos, hijos de la ch., estas garrapatas de potrero, son una especie en vías de extinción en Cuba. Casi todos se mudaron para Miami hace ya mucho tiempo.