La cuestión de recepción de cubanos con especiales atributos por las autoridades migratorias estadounidenses, se ha puesto color de hormiga, (dice un refrán cuando la situación se hace difícil o imposible). Así las cosas ya se devuelven los cubanos que intenten entrar al país ya sea legal como ilegalmente, con propósitos de quedarse definitivamente sin tener visados al respecto. Hasta ahora y después de la suspensión de la regulación favoritista de “pies secos / pies mojados” el 12 de enero pasado, que databa desde hace más de dos décadas, ya se cuentan cerca de mil los cubanos devueltos a la isla.
Desde la derogación, los cubanos que ingresan de forma ilegal en EEUU ya no reciben un permiso temporal de residencia y tienen que cumplir las mismas condiciones que otros inmigrantes en caso de pedir asilo político, o sea probar persecución y peligro para su seguridad personal. Algo casi imposible de hacer creíble.
En 45 días ya se han devuelto unos 264 que intentaban hacerlo por vías marítimas, unos 150 en la frontera con México y entre los devueltos en países de Centro América ya suman casi 2,000.
Los balseros se han reducido notablemente toda vez que saben que aún tocando tierra americana, serán devueltos si son detectados, debiendo hacer vida clandestina si logran pasar, como cualquier otro emigrante ilegal de otros lugares.
Hasta hubo un reciente caso de dos mujeres que llegaban con visados de turistas con pasaportes de la Comunidad Europea (cubanas naturalizadas españolas), que cuando el oficial de Emigración y Aduanas les preguntó, de manera inquisidora, “¿Tiene ustedes temor en quedarse en Estados Unidos? “ y ellas respondieron que no, inmediatamente fueron retenidas y regresadas en un vuelo junto a otros 38 repatriados cubanos a la isla.
Otra cosa es que “la bola pica y se extiende…” Como bola al fin, crea temores, infundados o no. Se trata de que se ha soltado una versión de que los cubanos cuando regresen de viajar a la isla podrían ser increpados por un oficial de emigración, sobre cómo es que regresan al país del cual huyeron… Esto pone nerviosa a la gente y ha reducido considerablemente los viajes a Cuba.
En fin la cosa no pinta bien para los cubanos al menos por el momento. Muchos esperan que el nuevo inquilino de la Casa Blanca les pueda favorecer, cosa que estaría por verse, pues su intenciones sobre emigración distan mucho de que se fije en un grupo étnico de cubanos como seres con algunos privilegios sobre los demás, ya eliminado
Algunas ventajas de unos pocos nos cuestan demasiado a todos.
Aunque no se desee hay que seguir hablando de Trump. Se trata ahora de algo que no es nuevo pero que sí es más abusivo. Las vacaciones que los mandatarios y sus familiares hacen de vez en vez, las paga el contribuyente. Siempre ha sido así. Lo mismo cuando se va a reposar en un rancho de descanso en Texas, que viajes a Hawái. Los presidentes y su prole viajan por placer y nosotros todos pagamos esos viajecitos.
Hoy en la cuenta se trata de los frecuentes periplos del presidente y su larga familia, cuando frecuentan por un fin de semana su mansión en West Palm Beach. A veces el familión viaja solo sin el mandatario, cosa que no altera el costo final.
Ya entre los cinco fines de semana transcurridos en la nueva presidencia, estos se han vuelto casi habituales ya que son tres los “weekends” que se han invertido en esa casa de descanso. Cada vez que “la familia” viaja a ese disfrute en Mar-a-Lago, debe llevarse en helicóptero a la base Andrews de la Fuerza Áerea y allí tomar el avión presidencial Air Force One, hasta Palm Beach y en el recorrido del aeropuerto a la casa, el Servicio Secreto debe tomar los alrededores, incluyendo helicópteros vigilantes. La operación cuesta a los contribuyentes unos tres millones en cada ocasión por viaje a la conocida como La Casa Blanca Sureña.
Además de todo esto la Primera Dama, Melania Trump, vive en Nueva York, en lugar de Washington, ya que está ocupando la residencia de la familia, mientras su hijo termina sus estudios en esa ciudad. Esto lleva un despliegue extra de seguridad para ella y su prole en centro de Manhattan. La factura podría superar los $ 70 millones entre esos gastos extras
Todas las vacaciones de Obama costaron unos $ 96 millones en ocho años. Pero el caso de la familia Trump ya parece dispararse sobre el cielo infinito y no hay quejas por el momento.
Todo se suma al fatal comienzo que este impuesto presidente tiene en la Casa Blanca, donde y cuando ya se oyen en los paisillos los comentarios del desastre actual. La prensa que tanto odia el presidente, se encarga de infórmalo todo.
Les habló, “Desde Miami”, Roberto Solís.