Doy gracias a un amigo,  también a Cubahora que nos hicieran llegar a nuestro correo, [email protected] el material que aquí publicamos. Pero quiero dejar constancia que los llamados «Conejitos» de la Autopista Nacional de nuestra querida isla del Caribe, no tienen hoy los baños de hace tres años atrás (el problema de los «conejitos» no sólo son los baños)  tampoco cuentan con un  servicio profesional las 24 horas que pudiera convertirse en la cara de Cuba.

    Esos centros pudieran ser una «tacita de oro», orgullo de todos. Pero hoy NO los son,  comprobado por este reportero el día 26 de junio de 2015. Así todo quiero suscribir y aplaudo el siguiente artículo del periodista (Alfredo Martirena Hernández. No voy a perder la esperanza de  buenos baños, limpios y funcionales a lo largo de toda la isla, en cada escuela, centro de trabajo o de recreación de Cuba y que los «conejitos» sean un orgullo nacional y ejemplo para el mundo.

Lo no estatal (I)

Los baños públicos se arriendan a personas

que hoy cobran un peso por usuario

aunque no haya higiene por falta de agua…

fot-chang-un-pesoLos baños públicos se arriendan a personas que hoy cobran un peso por usuario aunque no haya higiene por falta de agua. (Alfredo Martirena Hernández /Cubahora)

El puerto de Casilda, en la provincia de Sancti Spíritus, podía y puede recorrerse de norte a sur en unos 10 minutos, y de Este a Oeste en apenas 5, pero tenía hasta 1968, unos 7 establecimientos dedicados a vender comidas, bebidas alcohólicas, café y refrescos, cuyos clientes por lo general demandan una instalación sanitaria, sobre todo para orinar.

Solamente uno de ellos, el bar Santa Elena carecía de baño público por falta de espacio, pero pronto lo construyó a unos 25 metros, fuera del local porque de lo contrario, los bebedores emigrarían hacia otros lugares donde pudieran desahogar sus vejigas para continuar ingiriendo rones y cervezas.

Todos estaban aceptablemente limpios, no se podrían comparar con los de un hotel cinco estrellas, pero disponían constantemente de agua para asear el sitio, y ninguno de ellos tenía un puesto laboral ocupado por un asalariado para vigilar o cuidar, aunque tan pronto se rompía algo, al otro día ya estaba arreglado.

A partir de 1968, concretamente desde de la mañana del 14 de marzo en adelante, además de suceder en Casilda, en toda Cuba se cerraron bares, cantinas, cabarets, cabaretuchos y negocitos de este tipo se estatalizaron, y entonces los llamados urinarios, baños o servicios sanitarios comenzaron a ser generalizadamente apestosos y empezaron a disminuir hasta prácticamente desaparecer.

Y no fue solo en pequeñas comunidades como esta del centro sur espirituano, pues los que tenían uso de razón en las décadas de los años 60 y 70 recordarán cómo empezaron los avatares para no tener que orinar en cualquier lugar oscuro o con cierta privacidad aunque fuera una acera o un parque.

Para intentar revertir la situación, quizás se mal aplico algún principio de la dirección, y crearon plazas para que fueran ocupadas por una persona que la mayor parte del tiempo se la pasaba sentado a la entrada, mientras que la instalación era cada vez más asquerosa, todo lo contrario a cuando tal puesto de trabajo no existía.

Ni en este caso, ni en ningún otro, las medidas que se apliquen en el presente para resolver un problema que viene desde el pasado, puede superponerse sobre el día que se vive, pues hay que cambiar todo lo que debe ser cambiado, pero con sentido del momento histórico.

Tampoco pueden satisfacerse las necesidades siempre crecientes y nacientes de la sociedad de otra manera que no sea mediante el incremento de la producción y la productividad, es decir, con eficiencia y calidad.

Por tanto, para actualizar, hay que tener sentido del momento histórico, cumplir la Ley fundamental del socialismo y evitar arrastrar males del pasado en la aplicación de medidas que sustituyan a las obsoletas.

Los baños públicos se arriendan a personas que hoy cobran un peso por usuario aunque no haya higiene por falta de agua (y a veces porque hace un charco en todo el local), y como que recibirán una ganancia acorde con las nuevas formas de gestión que son no estatales, y no en correspondencia con la calidad, difícilmente gestionen con efectividad el suministro del vital líquido para limpiar un local de propiedad estatal, pero trabajado y administrado privadamente, particularmente, de modo no estatal.

A bordo de una Yutong, con el servicio sanitario clausurado, mi compañero de viaje se negó a entrar a los baños públicos del Conejito y en contacto directo con la naturaleza, al aire libre, orinó tranquilamente mientras se justificaba: “No voy a pagar un peso para entrar ahí, porque la otra vez estaba muy sucio, y cuando está así debe ser gratis.”

-Oye, yo acabo de salir de ahí y está limpio.

-Sí, pero ya a mí me estafaron una vez y no me da la gana de que la cooperativa “estaticular” me robe el dinero, si fuera el Estado sí se lo daba porque lo va a invertir en cosas para todos.

(Continuará en alguno de los próximos viernes, y se admiten opiniones de lectoras y lectores que serán tomadas en cuenta para la II Parte)