Síguenos

Cholito: una vida dedicada al arte y la cultura cubana


Cholito: una vida al servicio del arte y la cultura cubana
En el día en que se cumple un nuevo aniversario de la fundación de la Radio Cubana y de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), rendimos homenaje a uno de los grandes del arte y la cultura cubana: Armando Fernández Soler, “Cholito”.
Hace ya algunos años tuve la oportunidad de entrevistar personalmente a Cholito. Aquella conversación terminó convirtiéndose en un pequeño libro, Habla Cholito, publicado por la editorial Luminaria, de la provincia de Sancti Spíritus. Fue una conversación franca, extensa y llena de recuerdos sobre su vida, su trayectoria artística y las personas que marcaron su camino.
Hoy, al recordarlo, quiero compartir algunos de aquellos testimonios que conservan algo que ninguna biografía puede sustituir: la voz del propio Cholito.
Un hombre que comenzó muy joven
Armando Fernández Soler nació en La Habana el 14 de agosto de 1925. Desde los 11 años comenzó su carrera artística, gracias a Sinesio Fraga, director de una banda musical.
A los 15 años combinaba el trabajo en el taller familiar de prótesis dentales con sus primeras experiencias teatrales en la compañía de Nicolás Rodríguez, quien lo introdujo en los secretos de la escena y contribuyó a su formación como actor.
Más tarde completaría sus estudios en el Teatro Universitario y en la Academia de Artes Dramáticas, donde incluso ejerció como profesor.
Su vida artística sería extraordinariamente diversa: teatro, radio, televisión, cine, canto lírico, dirección y docencia.


“He tenido mucha suerte en mi vida”
En nuestra conversación hubo una frase de Cholito que siempre me llamó particularmente la atención:
“He tenido mucha suerte en mi vida porque tuve muchos obstáculos, pero los vencí todos y siempre he tenido suerte con la gente”.
Y efectivamente, fueron muchas las personas que estuvieron vinculadas a su formación y a su carrera.
Recordaba a Leandro Blanco, Marcos Behmaras, quien escribió obras de teatro para Cholito en la televisión y la radio.
Pero también recordó los momentos difíciles. En una prueba realizada por Paco Alfonso en la emisora 1010, recibió una opinión que pudo haberlo desanimado:
“Cholito no era un actor de radio”.
La reacción del artista resulta reveladora:
“No me desilusioné, simplemente acaté aquella opinión y me pregunté: ¿por qué dijo eso? ¿Será que me falta algo? Vamos a ver qué pasa”.
Y fue a aprender.
Se incorporó a una escuela de Yoé Pérez, en Monte y Prado, CMQ, donde profundizó sus conocimientos sobre la radio. Allí conoció, entre otros, a Sánchez Arcilha y trabajó con escritores como Félix Bécquer.
Aquello que pudo haber sido una derrota se convirtió en una lección.
Y cuando le pregunté por Joaquín Cuarta, respondió sin vacilar:
“Joaquín Cuarta es el padre de la radio”.
Cholito y la televisión cubana
Cholito estuvo presente prácticamente desde los primeros momentos de la televisión cubana.
Él mismo lo recordaba:
“Entré en la televisión en el año 50 cuando se inauguró y se hacían programas experimentales”.
Trabajó con figuras como Cuqui Ponce de León y Clara Ronay, en espacios de variedades.
Pero sería en 1951, con el personaje humorístico Cholito, concebido por Francisco Vergara para Hogar Moderno, cuando Armando Fernández Soler alcanzaría una enorme popularidad.
El personaje terminaría identificándolo para siempre.
Desde entonces, para varias generaciones de cubanos, Armando Fernández Soler sería simplemente Cholito.
El cine también tuvo su Cholito
En Habla Cholito quise conocer también su relación con el cine.
—¿Y cuándo llega Cholito al cine?
Su respuesta fue clara:
“En el cine mi primer contrato fue para hacer la película Mella, con Enrique Pineda Barnet. En esa caractericé al rector de la universidad, Carlos de la Torre”.
Pero su experiencia cinematográfica había comenzado antes de 1959, cuando trabajó junto a figuras como Paquita de Ronda, Juan José Martínez Casado, Rosita Fornés y Manuela Bustamante, entre otros artistas.
Después de 1959 participó en películas como Mella, Paty Candela, Los sobrevivientes, El recurso del método y El siglo de las luces.
Fueron fundamentalmente personajes secundarios y de reparto. Pero Cholito tenía una extraordinaria capacidad para hacer que incluso un personaje pequeño adquiriera personalidad propia.
El teatro fue otra de sus grandes pasiones.
Fue actor y director de diversas compañías y tuvo una destacada participación en el teatro lírico y la zarzuela.
Fundó la primera compañía de teatro lírico en Matanzas y creó posteriormente un espacio similar en Holguín.
Entre las obras que dirigió estuvieron Cuento de Navidad, Los Gavilanes, La verbena de la paloma y Cecilia Valdés.
Su última aparición escénica fue en 2003, en Romance de Federico.
Pero su relación con el teatro no terminó en el escenario. También fue maestro. Enseñó a generaciones de actores y directores en distintas provincias cubanas y contribuyó a promover el teatro lírico y escénico por todo el país.
“El que quiere ser útil no tiene edad”
Quizás uno de los momentos más hermosos de nuestra conversación fue cuando le pregunté qué pensaba de la tercera edad.
Cholito respondió:
“Yo creo que no hay tercera edad, ni cuarta, ni segunda, ni primera, sino simplemente ganas de trabajar, de hacer. Y el viejo que se arrincona, se lo lleva la pelona”.
Y continuó:
“Yo te digo a ti que el que quiere ser útil no tiene edad. Simplemente hay que cuidar la salud y trabajar hasta que no puedas más. Trabajar no solamente para uno, sino trabajar para los demás”.
Hoy, al releer esas palabras, adquieren una fuerza especial.
Cholito no concebía la edad como una razón para apartarse de la vida. Para él, mientras existieran salud, voluntad y deseos de ser útil, siempre habría una razón para continuar.
Trabajar para uno, pero también trabajar para los demás.
Esa era su filosofía.
Un legado que permanece
Armando Fernández Soler, Cholito, recibió numerosos reconocimientos a lo largo de su vida, entre ellos la Distinción por la Cultura Nacional, el Premio Nacional de Humorismo, el Premio Alejo Carpentier, el Premio Nacional de Radio, la Medalla Raúl Gómez García y el reconocimiento como Hijo Ilustre de La Habana, además de otras distinciones por su contribución a la radio y la televisión cubanas.
Falleció en La Habana el 5 de julio de 2006, a los 80 años, víctima de un infarto cardíaco.
Pero los artistas verdaderamente grandes no desaparecen cuando mueren.
Permanecen en sus personajes, en sus obras, en las voces que dejaron grabadas, en quienes aprendieron de ellos y, sobre todo, en la memoria de un pueblo.
Hoy, al recordar a Cholito en esta fecha vinculada a la radio cubana y a la UNEAC, quiero hacerlo de una manera muy personal: dejando hablar al propio Cholito.
Porque eso fue precisamente lo que intentamos hacer en aquel libro publicado hace algunos años: sentarnos frente a un hombre extraordinario y preguntarle por su vida.
Y él habló.
Habló de la radio, de la televisión, del teatro, del cine, de sus maestros, de sus compañeros, de sus dificultades y de sus sueños.
Y nos dejó una frase que resume buena parte de su existencia:
“El que quiere ser útil no tiene edad”.
Armando Fernández Soler, Cholito, fue mucho más que un personaje popular.
Fue actor, director, cantante lírico, profesor, hombre de radio, televisión, teatro y cine.
Pero, por encima de todos esos títulos, fue un hombre que dedicó su vida a crear, enseñar, ser útil a los demás y sobre todo por darle alegría al pueblo cubano.

GRACIAS por el apoyo y colaboración a ChatGPT

Otras Publicaciones