
El desfile militar que se llevó a cabo en la Plaza de Tiananmen- lo vimos por televisión- en el que se mostraron por primera vez las más modernas armas de guerra del gigante asiático, capaz hoy de enfrentar con éxito el poderío atómico de Estados Unidos, a lo que siguió una impresionante manifestación popular que sirvió para demostrar al mundo la disciplina entusiasta de un pueblo unido que quiere la paz, pero que no se doblega ante las amenazas que vengan de cualquier potencia extranjera.
El mensaje es muy claro y debe ser interpretado como una señal de advertencia que nos dice que la China Comunista está muy lejos de ser hoy, después de su Revolución lo que fuera antes esa nación asiática, plagada entonces de mil vicios ,errores y corrupción que la hacían víctima vulnerable de la codicia de los distintos imperios voraces de aquella época, antes y después de la Segunda Guerra Mundial.
Lo que China enseñó al mundo en los festejos por el aniversario de su Revolución es, sobre todo, que el gigante asiático no es un “Tigre carnavalesco de papel maché. Los chinos con su cultura milenaria tienen muchas virtudes, entre ellas la paciencia. Esperaron setenta años para decirle a occidente que con China hay que contar y que nunca más será esa nación segunda de nadie.
Los chinos de ahora ya no son aquellos humildes cocineros de arroz frito y sopa de aletas de tiburón, o lavanderos de ropa sucia o expendedores de frituritas de bacalao y de cucuruchos de maní tostado o pregoneros de billetes de lotería como se les retrata en las viejas postales descoloridas de la “Cuba de ayer”.
China Comunista es hoy por hoy toda una potencia mundial de primer orden. El león dormido que Napoleón tanto temía está bien alerta y despierto. El mensaje se vio bien nítido en la Plaza de Tiananmen.
Les hablo para Réplica de Radio-Miami su director Max Lesnik.










