Aunque las publicaciones y organizaciones que designan las personalidades y acontecimientos del año aún no se han pronunciado, probablemente San Altman y Mira Murati, desarrolladores de la Inteligencia artificial y ChatGPT, quizás la más trascendental innovación tecnológica en lo que va del siglo XXI sean candidatos.
La inteligencia natural fue posible porque la especie humana fue dotada del equipamiento biológico que, como el cerebro, la laringe, la mano con pulgar oponible que, ligados a las condiciones de existencia y la interacción social derivada de una innata tendencia a lo gregario, hicieron posible el pensamiento, el habla y la escritura, premisas para que se desplegaran inmensas potencialidades mentales.
Con la inteligencia apareció la capacidad de abstracción que permitió desplegar la imaginación, incluida la imaginación científica, las matemáticas y la geometría, la fantasía y la creatividad, la capacidad para dudar, innovar, experimentar, rectificar y dotar a la realidad de propiedades y agregar valor a las cosas, así como la creatividad que permitió recrear la realidad y asumirla como no es, sino como se desea (o se teme) que sea, lo cual abrió espacios al arte.
Si bien la primera fase del desarrollo humano, una combinación de evolución orgánica y progreso cultural, sin descartar la intervención divina, por transcurrir antes de que existiera la escritura, es anónima, en las etapas posteriores, aparecieron los nombres de una pléyade de grandes benefactores de la humanidad entre los cuales se incluyen los desarrolladores de las facilidades digitales y más recientemente de la IA.
Aunque son ampliamente conocidos y reconocidos en su medio, Sam Altman y Mira Murati, principales desarrolladores prácticos de ChatGPT fueron conocidos por cientos de millones de personas, no por sus relevantes méritos en materia tecnológica, sino por una extraña “cámara húngara” al interior de la empresa OpenAI, operadora de ChatGPT en el cual Altman fue despedido y sustituido por Mira, aunque poco después ambos fueron restituidos en sus cargos.
Calificar de genios a estos jóvenes exponentes del pensamiento tecnológico y la gestión empresarial más avanzados, pudiera ser estereotipado, pero lo cierto es que sus, aunque no han logrado en solitario, son de trascendencia para la humanidad. Ahora, se los presento.
Sam Altman (Chicago 1985), uno de los más destacados emprendedores que en esta generación pueblan los espacio de Silicon Valley, de aquellos que como Bill Gate, abandona la universidad sin concluir las carreras para lanzar sus propias creaciones y alcanzan éxitos tan rotundos que los convierten en paradigmas. A los 38 años es el rostro de la Inteligencia artificial
A los 19 años fue cofundador y director ejecutivo de Loopt, una aplicación de redes sociales que se disolvió al ser adquirida por otra empresa mayor por 43 millones de dólares, lo cual le permitió asociarse a importantes entidades. en 2008 Business Week lo colocó entre los “Mejores jóvenes emprendedores en tecnología”. En 2015 la revista Forbes lo nombró principal inversor menor de 30 años y en 2016 se convirtió en presidente de YC Group, un gigante de la informática. En 2022 abandonó todos los otros cargos para consagrarse a OpenAI
OpenAI, de la cual es CEO es una firma dedicada a la investigación y desarrollo de la Inteligencia Artificial. En su crecimiento han tenido roles importantes Altman, Brockman, Elon Musk, Jessica Livingston, Mira Murati y otros innovadores, así como empresas en la escala de Microsoft y Amazon que aportaron más de mil millones de dólares para financiar investigación y desarrollo (I+D).
A sus 34 años, Mira Murati, ingeniera y doctora que a los 16 obtuvo una beca para estudiar en Canadá y luego en Estados Unidos, más tarde se radicó en San Francisco para trabajar en Tesla con Elon Musk, donde se familiarizó con la IA. Para la revista Fortune, es una de las 100 mujeres más influyentes del mundo.

Así, a base de talento y consagración recorrió el largo y difícil camino desde Vlore en su Albania natal hasta Silicon Valley, emporio tecnológico donde se convirtió en una de las figuras más relevantes de la Inteligencia Artificial. En noviembre de este año, asumió como directora ejecutiva de OpenAI, lo cual le dio una merecida visibilidad internacional.
Según The New York Times, Murati ha manejado la relación de la compañía con Microsoft, socio que ha invertido miles de millones en OpenAI, y ha colaborado en el desarrollo de políticas en relación al desarrollo de la inteligencia en Washington y Europa.
En y en la revista Time, Satya Nadella, director ejecutivo de Microsoft escribió: “Ha demostrado capacidad para formar equipos con experiencia técnica, perspicacia comercial y un profundo aprecio por la importancia de la misión”. “…Mira ha ayudado a crear algunas de las aplicaciones de inteligencia artificial más interesantes, tecnologías que jamás habíamos visto…”
Según sus propias palabras, a Mira le preocupa lo que ella llama “Capacidades peligrosas de la IA” “Esta tecnología, dijo, puede afectar la política internacional más que cualquier cosa que hayamos construido. “Por lo tanto, es preciso crear una regulación que lo mitigue”.
“Soy muy optimista de que podemos asegurarnos de que todo vaya bien. Pero la tecnología en sí conlleva ambas posibilidades. No es diferente a otras herramientas que hemos construido en el sentido de que puede haber un mal uso y existe la posibilidad de que ocurran cosas realmente horribles, incluso eventos catastróficos…Vale la pena pensar en ello”.
Las carreras de San Altman, Mira Murati y otros de su linaje que, como innovadores, investigadores y desarrolladores de vanguardia pululan por el ancho mundo, están en su apogeo y la Inteligencia Artificial en el umbral de lo que puede aportar. La tecnología no es buena ni mala. Depende de su utilización. Allá nos vemos.