
No puede haber para una situación compleja- y la del mundo de hoy lo es- una simple respuesta única, aunque siempre hay alguna razón que pesa sobre todas las demás.
En mi opinión el caso brasileño se trata de la frustración de las grandes mayorías populares sobre un sistema político cuyos defensores dicen que a través de él se pueden resolver los problemas de las naciones y los pueblos por medio de elecciones periódicas cada cuatro años, cuando en realidad se vota, se vota y s vuelve a votar y siguen en pie la miseria, la desigualdad económica con ricos más ricos y pobres cada vez más pobres, con la discriminación injusta a las minorías y una injusticia social rampante.
Es esta una situación desesperada que lleva a los pueblos por el camino equivocado de un extremismo de derecha “facistoide”, que en la mayoría de los casos encabeza un demagogo oportunista al estilo de un nuevo Adolfo Hitler, como el que surgió en la Alemania de los años treinta del siglo pasado, en una república en crisis que buscaba soluciones a través de la “Democracia Representativa” pero que en la que el engaño a las grandes mayorías populares era la única repuesta de aquel corrupto sistema político agotado ya de todas sus posibilidades.
Los pueblos y las naciones son obra de los hombres y como los seres humanos, muchos de ellos apelan desesperadamente al suicidio cuando no encuentran soluciones a sus desgracias. Eso en Brasil es Bolsonaro. Pero como dice un popular refrán, “nadie escarmienta en cabeza ajena.
Les habló para Réplica de Radio-Miami su director Max Lesnik.










