¿Arruinar a Cuba para salvarla? Los peligros de la guerra económica
Por Tracey Eaton | 5 de octubre de 2026
Traducción al español para Radio Miami Today
La Asociación para el Estudio de la Economía Cubana celebró el mes pasado en Miami su conferencia anual. El tema fue: “¿Cuba al borde del cambio?”
Yo no estuve allí, pero escuché una grabación de una presentación realizada el 25 de septiembre por el exprofesor de Harvard Jorge Domínguez. Mientras analizaba las fuerzas que impulsaron las reformas de política económica de Cuba de junio de 2026, cuestionó si los funcionarios del Gobierno cubano habrían actuado sin la coerción del Gobierno de Estados Unidos.
Jorge Domínguez
“¿Dependen las reformas de que continúe la coerción externa?”, preguntó. “¿Y sin coerción externa son creíbles las reformas? Aquí está mi preocupación, y comprendo que probablemente haya desacuerdo dentro de este grupo. Voy a tirar al bebé junto con el agua del baño. La estrategia de Estados Unidos consiste en el empobrecimiento deliberado de Cuba, y hasta ahora ha tenido éxito en provocar reformas económicas.
“El empobrecimiento ha causado, efectivamente, el sufrimiento de millones de personas inocentes. Convertirlas en blanco de esa estrategia, desde mi firme punto de vista, está mal.
“Una vez más, esto no quiere decir que la estrategia no haya funcionado. Ha estado haciendo aquello para lo cual fue diseñada. Y la pregunta es: desde el punto de vista de nuestros valores personales, ¿cómo la evaluamos? Dejemos a un lado mis opiniones. Eso realmente no importa para una discusión sustantiva en este momento.
“Pero las preocupaciones que, a mi juicio, sí deberían importarle a una Asociación para el Estudio de la Economía Cubana son que el riesgo práctico de mantener la estrategia estadounidense de empobrecimiento impedirá el éxito de cualquier reforma que este o cualquier futuro Gobierno cubano pueda adoptar.
“Puede que sea demasiado tarde, o tan tarde que alcanzar el éxito represente un verdadero problema, y que ya exista una destrucción excesiva. Seguir arruinando a Cuba puede ser contrario a los intereses de Estados Unidos de contar en el futuro con una Cuba estable.
“En ese caso, sería inherentemente contraproducente. Incluso un Gobierno cubano que todos y cada uno de nosotros pudiéramos apreciar encontraría, en cualquier momento del futuro, una tarea abrumadora para recuperarse de la destrucción acumulada y continua. La implementación de muchas de las reformas que muchos de ustedes debatirán hoy y mañana podría llegar a ser casi imposible y, de ese modo, se habría perdido una oportunidad histórica.”
Rafael Romeu
Rafael Romeu, presidente saliente de la asociación, hizo algunos comentarios antes de presentar a Domínguez.
“Un artículo reciente de The Wall Street Journal describió reuniones a puerta cerrada en Miami donde supuestamente se conspiraba sobre el futuro de Cuba. En realidad, nosotros hemos estado haciendo esto abiertamente durante 37 años”, bromeó Romeu.
Romeu presentó entonces a Domínguez.
El exprofesor afirmó que existen tres explicaciones habituales para los cambios de política en los regímenes comunistas:
1. Cambios de personal.
Domínguez descartó esta explicación. A diferencia de las transiciones ocurridas en la Unión Soviética, China o Vietnam, la máxima dirección de Cuba se ha mantenido sin cambios desde 2011.
2. Aprendizaje de políticas.
Domínguez afirmó que esta explicación es parcialmente responsable de las reformas. El presidente Miguel Díaz-Canel ha consultado a economistas no oficiales que estudian las experiencias de China y Vietnam. También ha reconocido que los topes de precios alimentan la inflación, señaló Domínguez. Sin embargo, añadió que la reacción ideológica ha limitado la implementación plena de las reformas.
3. Coerción externa.
Domínguez considera que este es el principal factor desencadenante de las reformas de junio.
Domínguez considera “altamente cuestionable” que las reformas continúen y se profundicen sin una coerción constante por parte de Estados Unidos.
Pero la continuación de las sanciones, señaló, podría dañar permanentemente la infraestructura de Cuba, provocar un sufrimiento masivo entre la población y hacer “casi imposible” que cualquier futuro Gobierno pueda recuperarse.
Tracey Eaton termina su artículo planteando tres preguntas:
¿Está la coerción de Estados Unidos empujando a Cuba más allá de un punto de no retorno?
¿Debería existir un límite para la destrucción?
¿O deberían continuar las sanciones sin importar cuáles sean sus consecuencias?
Texto integro en Pdf
Opinión de Radio Miami Today
El planteamiento expuesto por Jorge Domínguez merece ser examinado precisamente porque introduce una contradicción que durante demasiado tiempo ha quedado relegada en el debate sobre Cuba.
Si la presión económica estadounidense ha contribuido a acelerar determinadas reformas económicas cubanas, como sostiene Domínguez, aparece inmediatamente una segunda pregunta: ¿hasta dónde puede llevarse esa presión sin destruir las condiciones que permitirían que las propias reformas funcionen?
Ese es el punto esencial.
Una política puede ejercer presión sobre un Gobierno. Otra cosa muy diferente es que sus consecuencias terminen deteriorando las condiciones de vida de millones de personas.
Cuando faltan combustibles, cuando se deteriora la generación eléctrica, cuando disminuyen las posibilidades de producir y transportar alimentos, cuando se dificulta el acceso a medicamentos o cuando una economía pierde capacidad para financiar su recuperación, las consecuencias no quedan encerradas en las oficinas gubernamentales.
Llegan a los hogares.
Y ahí comienza el problema ético, político y estratégico.
Resulta especialmente importante la advertencia de Domínguez: podría llegar un momento en que el deterioro sea tan profundo que incluso un futuro Gobierno cubano completamente diferente al actual tendría enormes dificultades para reconstruir el país.
Entonces habría que formular una pregunta incómoda:
¿De qué serviría conseguir determinados cambios políticos o económicos si, para alcanzarlos, se deja detrás un país materialmente devastado?
Cuba también tiene responsabilidades
Reconocer las consecuencias de las sanciones estadounidenses no significa atribuir todos los problemas económicos cubanos a Washington. Aunque la postura de EE.UU hoy mas que ayudar es de asfixia.
Si Cuba está abriendo espacios al sector privado, modificando mecanismos económicos, buscando inversión, descentralizando determinadas decisiones o estudiando experiencias internacionales, esas transformaciones deben poder demostrar sus resultados.
Pero resulta contradictorio exigir reformas mientras simultáneamente se restringen los recursos, las operaciones financieras y las posibilidades económicas necesarias para que puedan prosperar.
La contradicción de la presión
Aquí aparece una paradoja.
Si las sanciones buscan producir cambios, pero al mismo tiempo dificultan que esos cambios puedan tener éxito, la herramienta comienza a contradecir el objetivo declarado.
Y todavía existe una dimensión mayor: Estados Unidos y Cuba son vecinos.
Ninguna crisis profunda en Cuba permanecerá exclusivamente dentro de las fronteras cubanas. Una economía colapsada puede producir mayor emigración, inestabilidad social y consecuencias regionales que también alcanzan a Estados Unidos.
Por eso la estabilidad y prosperidad de Cuba no deberían entenderse necesariamente como una derrota estadounidense.
También pueden formar parte del interés nacional de Estados Unidos.
¿Arruinar a Cuba para salvarla?
El título escogido por Tracey Eaton contiene una pregunta profundamente incómoda.
¿Es posible arruinar un país para salvarlo?
Desde nuestra perspectiva, no. Es una grave y dolorosa contradicción.
Una política dirigida a promover transformaciones no debería convertir el sufrimiento de la población en instrumento de presión.
Después de más de seis décadas de confrontación entre Washington y La Habana, existe suficiente experiencia histórica para preguntarnos si continuar aumentando las sanciones producirá finalmente una solución diferente o simplemente prolongará el mismo conflicto.
Cuba necesita continuar cambiando. Necesita producir más, liberar capacidades internas, estimular la iniciativa económica, proteger a los sectores vulnerables, combatir sus propias ineficiencias y profundizar aquellas reformas que permitan mejorar concretamente la vida de sus ciudadanos.
Estados Unidos también tiene una decisión que tomar diferente porque
utilizando la coerción económica NO obtendrá resultados.
EE.UU puede explorar otra herramienta que también existe en las relaciones internacionales:
la negociación.
Presionar puede obligar a un adversario a moverse.
Dialogar puede permitir que ese movimiento conduzca a algún lugar.
Quizás haya llegado el momento de sustituir la pregunta de cuánto más puede resistir Cuba por otra mucho más útil:
¿Qué pueden hacer Cuba y Estados Unidos para que sus pueblos vivan mejor sin que ninguno tenga que renunciar a su soberanía?
Porque una Cuba próspera, estable y en paz no tendría por qué ser una amenaza para Estados Unidos.
Y unos Estados Unidos dispuestos a comerciar, negociar y convivir con una Cuba soberana tampoco tendrían por qué ser una amenaza para Cuba.
Después de más de seis décadas, tal vez el verdadero cambio no consista en encontrar nuevas formas de presión, sino nuevas formas de entendimiento.
Fuente original: Tracey Eaton, Ruining Cuba to save it? The perils of economic warfare, 5 de octubre de 2026.
Opinión final: Radio Miami Today.
Edición asistida por IA.

