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Ante Trump, Cuba continuará luchando por la Paz y la soberanía

Trump aumenta la presión sobre Cuba y Díaz-Canel responde desde La Habana
Radio Miami Today
Edición asistida por IA
Las palabras pronunciadas este martes en torno a Cuba vuelven a mostrar dos discursos profundamente enfrentados entre Washington y La Habana: mientras el presidente Donald Trump sostiene que Cuba está fracasando y defiende la fuerte presión ejercida por Estados Unidos, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel responde que Washington castiga al pueblo cubano y utiliza la acusación de que la Isla constituye una amenaza para justificar su política.
La confrontación verbal adquiere especial relevancia porque ocurre en la Asamblea General de las Naciones Unidas, escenario donde durante décadas el diferendo entre Cuba y Estados Unidos ha tenido una dimensión internacional.
Trump: Cuba está bajo una enorme presión
En su intervención, Trump volvió a presentar a Cuba como un país sometido a una presión extraordinaria y afirmó que la Isla está fracasando.
Al mismo tiempo, sus declaraciones sobre América Latina incluyeron referencias al empleo del poder militar estadounidense, un elemento que incrementa la tensión política regional y que debe analizarse atendiendo al contexto exacto en que fueron pronunciadas. ¿ Vuelve la época de las cañoneras? O es la recreación del viejo oeste con la Ley del Revolver.
Una cosa resulta evidente en el discurso político de Washington: la presión económica sobre Cuba no se presenta como accidental, sino como un instrumento deliberado de política exterior por décadas convertida ahora en extorsión.
Precisamente ahí aparece una de las principales contradicciones del debate.
Si se afirma que Cuba está fracasando mientras simultáneamente se reconoce la existencia de una fuerte presión estadounidense sobre su economía, resulta necesario separar cuánto de la crisis responde a problemas estructurales y decisiones internas cubanas y cuánto corresponde al impacto de las sanciones, restricciones externas, bloqueos y un embargo petrolero contra Cuba que incluye aranceles a quien lo viole.
Las dos dimensiones pueden coexistir y merecen ser examinadas.
Díaz-Canel responde: «Cuba no es una amenaza»
La respuesta del presidente cubano Miguel Díaz-Canel fue inmediata y particularmente dura, firme.
El mandatario cubano escribió:
«Incapaz de justificar el castigo contra el pueblo de Cuba y su guerra económica genocida, el presidente de EE. UU. repite en la ONU que Cuba representa una amenaza. La mentira es el recurso de quienes se niegan a aceptar el derecho a la libre determinación del pueblo cubano».
Y agregó:
«Seguiremos luchando por la paz, defendiendo nuestra soberanía y trabajando de conjunto para superar la agresión despiadada que nos impone el gobierno estadounidense».
Díaz-Canel cerró su declaración con una formulación que resume la posición oficial cubana:
«Cuba no es una amenaza, el bloqueo sí».
Una disputa que vuelve una y otra vez a Naciones Unidas.
La confrontación entre ambos gobiernos no comenzó hoy.
Durante décadas, Cuba ha llevado ante la Asamblea General de Naciones Unidas una resolución que reclama el fin del embargo económico, comercial y financiero estadounidense. Las votaciones han mostrado reiteradamente un amplio respaldo internacional a esa petición cubana, aunque las resoluciones de la Asamblea General  no obligan jurídicamente a Estados Unidos a modificar su legislación.
Ese elemento resulta indispensable para comprender el debate.
Washington mantiene una absurda política hacia Cuba pese a esa oposición internacional, haciendo caso omiso, mientras el gobierno cubano utiliza esas votaciones como una de las principales evidencias de que su posición frente al bloqueo cuenta con respaldo de la mayoría de los Estados miembros de Naciones Unidas.
Trump habla de presión, fracaso y seguridad.
Díaz-Canel habla de soberanía, bloqueo, paz y derecho a la libre determinación.
Entre ambos discursos existe, sin embargo, una realidad humana que frecuentemente queda relegada: las consecuencias que las decisiones de ambos gobiernos tienen sobre la vida cotidiana de los cubanos.
El verdadero debate debería trascender quién pronuncia la frase políticamente más contundente.
Debe preguntarse qué políticas permiten mejorar las condiciones de vida, ampliar los intercambios, resolver diferencias mediante la diplomacia y disminuir el costo que una confrontación de más de seis décadas ha impuesto a las relaciones entre dos países separados por apenas 90 millas.
¿Hasta cuando Washington y La Habana pueden continuar intercambiando acusaciones?
Pero existe otra posibilidad: sentarse a conversar incluso cuando las diferencias sean profundas.
Porque dialogar no significa renunciar a principios ni aceptar las posiciones del adversario.
Significa reconocer que, cuando dos gobiernos mantienen un conflicto durante generaciones, la diplomacia sigue siendo uno de los instrumentos disponibles para intentar resolverlo.
Y en un momento internacional marcado por guerras, sanciones y amenazas, ese camino merece permanecer abierto.
Es lamentable que en la casa del Mundo, la ONU, un presidente de EE.UU en pleno siglo 21 apele a usar las armas y fuerzas militares contra América Latina. Que diferente hubiera sido un discurso de Paz y cooperación y no de intimidación. Un discurso de puentes. Permitirá la ONU y los pueblos del Mundo que se imponga el odio ante el amor y la fraternidad.

Concluyendo es mejor darle la palabra al Maestro José Martí.

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