Exordio: Un día que ya queda lejos, acompañé a unos emigrados a un encuentro con Fidel. Al concluir la reunión, cuando ya ellos se habían retirado, el Comandante, nos dijo, más bien le dijo a Eusebio Leal: “A esta gente hay que apoyarlos…”  

Con inmensa gratitud respondo a la invitación de escribir unas palabras con motivo de un nuevo aniversario de la Alianza Martiana, una organización que vi nacer y con la cual colaboro casi todos los días, cosa que hice con otras, lo cual ha sido una fuente de enriquecimiento humano. Hace mucho más de 100 años, José Martí descubrió algo que todavía algunos no quieren ver: La emigración patriótica existe. Es un activo de la Patria.

Siempre que estuve en Miami visité su sede y saludé a sus integrantes, todos «cubanazos», “Gente buena y del comercio”.

La Alianza Martiana lleva un nombre que refleja con exactitud su vocación y su perfil. Hecha para, como quería Martí, para unir y convocar por Cuba, agrupa a un magnífico mosaico de entidades y personalidades que, en su antológica diversidad, suman voluntades y pensamientos a la lucha por los derechos del pueblo cubano y contra el bloqueo que implacablemente mantienen los Estados Unidos.

La Alianza se parece a su nombre y a sus forjadores y líderes, en primer lugar, a Max Lesnik, el más experimentado de los políticos progresistas cubanos vivo, hacedor de consensos, compañero de Fidel, consejero de los necesitados de consejos y amigo de sus amigos, incluso de algunos que no lo son, y que se rodea de un eficaz círculo de promotores de la justicia respecto a Cuba, de los cuales mencionó solo a algunos porque los otros son muchos y me perdonan. 

Andrés Gómez presente desde la Brigada Antonio Maceo, los “maceítos” y Areito, participante en todos los proyectos con los cuales ha valido la pena colaborar, hasta el sol de hoy, está presente con su talento y su voluntad. Rindo homenaje a su constancia y su consagración.

Lorenzo Gonzalo conoció todos los momentos políticos desde su lejana infancia. En todos estuvo a la altura y sigue en la batalla.

Lázaro Fariñas. Consecuente y combativo. Talentoso y sincero. No olvido a Martha, su compañera en la vida y en la obra y amiga entrañable.

Roberto Solís, inclaudicable y preciso y amigo hasta integrar la familia.

Eddy Levi a quien la adversidad privó de la vista, pero lo dotó de lucidez y generosidad para repartir.

En magnifico Coll a quien ojalá se pudiera clonar para llenar el mundo de criaturas como él.

Tony Llansó, incansable y batallador.

Enrique González , cariñosamente apodado El Vaquerito, todo afecto

Sergito Montané constante hasta lo heroico, Damian Diaz  batallador incansable y compañero siempre leal. Ruben Bello un joven valiente, devenido empresario cubano americano. Nelson Avila mensajero de la solidaridad, Harold Morales otro de los constantes defensores de la Alianza como el periodista Nicolas Pérez Delgado tan inquieto como revolucionario a carta cabal.

No puedo pasar por alto a los “charteadores” y otros empresarios cubanoamericanos que generosamente, desde el anonimato, apoyaron económicamente a la Alianza y otros proyectos.

Los reconocimientos para todos, sin desdorar a algún Carlos Rafael, Quijotes y grandes amigos y camaradas que, entre oficinas cerradas y mentes abiertas, cumplen más de lo que prometen.

Faltan más de los que están porque la Alianza Martiana es heredera de una formidable tradición patriótica y de una base política gestada desde los años sesenta y que no exenta de contradicciones y desencuentros, creció cuando en Miami criticar el bloqueo era arriesgar el crédito y la vida y se fortaleció en los noventa cuando se pedían “tres días de licencia para matar”.

En medio de aquellas adversidades, Max, Nicolás Ríos, Lázaro Fariñas,  Xiomara Almaguer, Álvaro Sánchez Cifuentes, Andres Gómez, Francisco Aruca, Luis Ortega, Ángel Fernandez Varela, daban la cara en la radio de Miami y en Herald (cuando se lo permitían), publicaban las revistas “Replica”, “Arito” y “Contrapunto” y radiaban la “Radio Progreso Alternativa”. Nunca reclamaron reconocimientos y algunos han muerto sin que se hayan pronunciado las palabras que merecen.

Por presiones del imperio, por errores políticos y por no pocas adversidades, aquella base política se debilitó hasta casi disolverse cosa que no sucedió porque, como Ave Fénix, aparecieron Max y el núcleo fundador de la Alianza y la “Nueva Replica” para salvarla.

Todos los esfuerzos de todos, sin sectarismos ni personalismos, retoñaron y viven en la Alianza. La herencia está a salvo y sobrevive en esa magnífica organización que debería ser relanzada y fortalecida para enfrentar nuevas etapas y nuevas luchas. Ojalá las voces de este aniversario sean escuchadas.

A la Alianza y a su causa, en tributo a la unidad de la emigración cubana que fue la obra de Martí y ahora continúan otros patriotas, sumo el recuerdo de quienes, a veces de modo directo y otras de manera virtual, como parte de una espiritualidad patriótica, aportaron ideas y esfuerzos y ya no están, entre otros  compañeros me refiero a: Francisco Aruca, Nicolás Ríos, Eloy Gutiérrez Menoyo, Amalio Fiallo, Orlando Lastre, Bertha Porro, Jorge Martel, Amalio Fiallo, Martha Moré, Luis Ortega, Ángel Fernandez Varela, Xiomara Almaguer, Rosa Reyes, Caridad Moré y la inolvidable Mirian, “la de Max”. Ellos acompañaron la causa hasta el último aliento y viven en ella.

Con los que estuvieron y con los que están, con los virtuosos y con los pecadores, con lo que creen que “La verdad es mezcla» y con los que se despiden cantando como gallos y utilizan con tribuna una tumba fría. “Con todos y para el bien de todos” me despido agradecido. Felicidades compañeros.